Un adulto mayor duerme en los baños de la terminal

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Victoria.- Con su carrito lleno de productos de limpieza, un gorro de lana que le cubre la cabeza y un barbijo que le tapa la boca, camina, sin prisa pero sin pausa Julio Oscar Camuglia. Va casa por casa deslizándose por las angostas calles de nuestra ciudad. Pregunta a la gente si necesita algo de lo que él vende. Así todos los días. Si no lo hiciera, no comería.

El sexagenario duerme en los baños de la terminal. Otra persona más sin hogar, sin ninguna asistencia del Estado. Lo único que cobró en su momento fue el IFE, gracias a esto podía pagar su alquiler. Desde diciembre que vive en la calle.

“Tengo muchos clientes que no me han abandonado”, agradece Camuglia. Solamente agradece a sus clientes, ya que con los políticos ha tenido solamente desencuentros. Asegura que, desde un partido, le dieron dos posibilidades: o internarlo en el Cuneo o hacerlo pasar por discapacitado para que cobre una pensión; Camuglia rechazó internarse en el hospital geriátrico porque dice que está perfecto de salud y que, internado, no podría salir cuando él quisiera; también se negó al engaño de hacerse pasar por discapacitado, simplemente porque no es verdad. Cuando cuenta esto, remarca que los políticos se enojaron con él y le dijeron que había despreciado su ayuda. Es difícil que éstos, habitantes de un mundillo de anomia donde las leyes son corrompibles o manipulables, comprendan que un hombre se niegue a recibir una “ayuda” si el precio que hay que pagar es la integridad.

Por otro lado, desde la municipalidad tampoco recibió ayuda. El Ejecutivo cuenta con áreas como la del Adulto Mayor, a cargo de Mabel Albornoz, y secretarías como la de Desarrollo Social, a cargo de Ibel Ibarra, para trabajar en estas problemáticas. Camuglia dice que fue varias veces a Desarrollo para hablar con Ibel Ibarra, la secretaria, pero que nunca pudo dialogar directamente con ella. En cambio, la recibió otra empleada, que, según señala, nunca le brindó ninguna solución.

Para Camuglia almorzar bien es comer un sándwich de milanesa. A la noche, cuando puede, realiza una cena frugal. No puede gastar demasiado en comida, ya que necesita dinero para, al día siguiente, volver a comprar los productos de limpieza que revende. Vive al día.

Cuando llueve trabaja igual. Tampoco hay fines de semana para él. A las ocho de la mañana sale a caminar y vuelve a la una. Después, sale de nuevo a las cuatro y regresa a las siete. Al día siguiente, lo mismo.

“Gracias a Dios tengo salud. Puedo caminar, puedo trabajar”, explica. También, dice que lo único que necesita es una “piecita”, un cuadradito donde dormir y un baño para higienizarse. Le gustaría que le den la oportunidad de poder ganarse eso.

“Tengo 62 años. Lo que vendo es para consumir el almuerzo y no sé si llego a la cena. Más allá de lo que vendo, no tengo ningún ingreso de nada”, describe.

Sumado a lo anterior, comenta que una vez que no pudo pagar más el alquiler, se fue de la casa donde estaba. Hubo quienes le dijeron que podía hablar con abogados para que no lo sacaran, pero él decidió marcharse voluntariamente ya que no consideraba correcto tal modo de obrar.

En otra edición de Paralelo 32 mostramos el caso de Matías Lisandro Cairo, de 25 años, quien también vive en la terminal. Julio Oscar Camuglia, de 62 años, tampoco escapa a esta realidad. Una realidad provincial que muestra a políticos cobrando obscenos sueldos; donde hay más empleo público que privado; donde los sueños de emprender fueron arrebatados. En el plano local, gran parte del presupuesto se va pagando salarios y cada intendente que llega acomoda a los suyos, total, con la plata ajena… Y lo peor es que, en estos términos, ya ni cabe la discusión política. Es decir, el debate aquí ya no es socialismo, liberalismo o una tercera vía. La cuestión acá, primero, es ordenar los números y hacer el trabajo para el cual les absorben el dinero a los ciudadanos.

La realidad de Camuglia duele porque los pagadores de impuestos pagamos para que esto no pase. Es terrible que el adulto mayor cuente que no lo quieren atender y no le den soluciones, siendo que la mayor “inversión” de la municipalidad es en recursos humanos. En victoria hay personas en situación de calle, jóvenes y adultos, y el Estado todavía no intenta soluciones.

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