Salud mental: qué factores la afectan y por qué la prevención también depende de la comunidad
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Más de 1.000 millones de personas en el mundo viven con alguna afección de salud mental. La OMS plantea que el bienestar mental está influido por factores individuales, familiares, sociales y ambientales y propone fortalecer la prevención y los servicios comunitarios de atención.
La salud mental forma parte del bienestar general y no se limita a la ausencia de un trastorno. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como un estado que permite a las personas afrontar los momentos de estrés de la vida, desarrollar sus capacidades, aprender, trabajar y participar en sus comunidades.
Según la organización, más de 1.000 millones de personas en el mundo tienen alguna afección de salud mental. Al mismo tiempo, existen estrategias de promoción, prevención y tratamiento que pueden ser eficaces y relativamente accesibles.
La salud mental tampoco es un estado permanente. Se desarrolla a lo largo de la vida y puede verse favorecida o afectada por una combinación de circunstancias personales, familiares, comunitarias y sociales.
Qué puede afectar la salud mental
Los factores que influyen son múltiples y actúan en diferentes niveles.
Entre los factores individuales se encuentran las habilidades emocionales, determinados patrones de consumo de sustancias y aspectos genéticos. A nivel social y ambiental, la pobreza, la violencia, la desigualdad y el deterioro del ambiente pueden aumentar la exposición a situaciones adversas.
La etapa de la vida también importa. La OMS señala que las experiencias negativas durante períodos sensibles del desarrollo, especialmente durante la primera infancia, pueden tener consecuencias importantes.
La crianza con violencia o castigos físicos y el acoso escolar son algunos de los factores señalados por el organismo.
Sin embargo, estar expuesto a un factor de riesgo no significa necesariamente que una persona vaya a desarrollar una afección de salud mental. Del mismo modo, algunas personas pueden presentar problemas de salud mental sin que exista un factor de riesgo evidente.
La interacción entre diferentes circunstancias es la que configura, a lo largo del tiempo, las condiciones de salud mental de cada persona.
También existen factores de protección
Así como hay situaciones que pueden aumentar la vulnerabilidad, existen condiciones que pueden fortalecer el bienestar y la capacidad para afrontar situaciones difíciles.
Entre ellas aparecen las habilidades socioemocionales, las relaciones sociales positivas, el acceso a una educación de calidad, el trabajo decente, los entornos seguros y los vínculos comunitarios.
Estos factores no funcionan de manera aislada. La salud mental está relacionada con las condiciones en las que las personas viven, estudian, trabajan y desarrollan sus vínculos.
Por eso, la prevención no depende únicamente de los servicios sanitarios.
La prevención necesita a varios sectores
La OMS plantea que las políticas de promoción y prevención requieren la participación de distintas áreas del Estado y de la sociedad.
Educación, trabajo, vivienda, justicia, transporte, ambiente y desarrollo social pueden contribuir a generar condiciones que favorezcan el bienestar mental.
En niños y adolescentes, por ejemplo, se destacan los programas escolares orientados al aprendizaje socioemocional, el acompañamiento a las familias y la creación de entornos seguros tanto presenciales como digitales.
En el ámbito laboral, las políticas de prevención pueden incluir legislación, medidas de protección, capacitación de responsables de equipos y acciones dirigidas a los trabajadores.
La prevención del suicidio también constituye una prioridad. Entre las estrategias señaladas por la OMS se encuentran limitar el acceso a medios letales, promover una cobertura responsable de los suicidios, fortalecer las habilidades socioemocionales de adolescentes y facilitar la intervención temprana.
Una atención más cerca de la comunidad
Cuando una persona necesita atención por un problema de salud mental, la OMS plantea que los sistemas sanitarios deberían avanzar hacia modelos comunitarios.
Esto supone contar con una red de servicios que incluya atención de salud mental integrada al sistema general de salud, equipos especializados en la comunidad, rehabilitación psicosocial, apoyo entre pares y asistencia para las actividades de la vida cotidiana.
También pueden intervenir espacios que no pertenecen estrictamente al sistema sanitario, como escuelas, servicios de protección de niños y adolescentes y establecimientos penitenciarios.
El objetivo es que la atención sea accesible y cercana a la vida cotidiana de las personas, evitando que la respuesta quede limitada a instituciones especializadas.
Ampliar el acceso a la atención
La brecha entre las necesidades de la población y la disponibilidad de servicios continúa siendo uno de los principales desafíos.
Por eso, la OMS plantea explorar alternativas que permitan ampliar la atención, especialmente frente a problemas frecuentes como la ansiedad y la depresión.
Entre esas estrategias se encuentran las intervenciones psicológicas realizadas por trabajadores capacitados que no necesariamente son especialistas en salud mental y distintas herramientas digitales de autoayuda.
Estas alternativas pueden complementar las redes de atención y facilitar el acceso, pero deben formar parte de sistemas de salud que garanticen calidad y continuidad.
Un desafío que requiere políticas sostenidas
Los Estados miembros de la OMS adoptaron el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030, que propone avanzar en cuatro áreas: liderazgo, atención comunitaria, promoción y prevención, y generación de información.
Sin embargo, la propia organización advierte que los avances hacia los objetivos acordados siguen siendo insuficientes.
Su propuesta de transformación se concentra en tres líneas: reconocer el valor de la salud mental y aumentar la inversión; mejorar los entornos donde las personas viven, estudian y trabajan; y fortalecer redes comunitarias de servicios accesibles, asequibles y de calidad.
El enfoque también incorpora una dimensión de derechos humanos y la participación de las personas con experiencia propia en el diseño de las políticas y servicios.
La salud mental, plantea la OMS, no puede abordarse únicamente cuando aparece un problema. Prevenir también significa construir comunidades, escuelas, lugares de trabajo y sistemas de atención que reduzcan los riesgos y faciliten el acceso a ayuda cuando sea necesario.

