La voz como instrumento de la docencia y otros trabajos

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En octubre de 2018, CTERA publicó los resultados de una Encuesta Nacional de Salud y Condiciones Laborales para la que fueron consultados 2.283 docentes de 14 provincias: en ella, el 87% de las y los profesores y maestros señalaba que, en los últimos doce meses, había padecido patologías como el estrés y la disfonía.

Pero bien podríamos retrotraernos al Boletín Oficial de 1996 donde se publicó el Listado de Enfermedades Profesionales previsto por la Ley de Riesgos del Trabajo, sancionada el año anterior junto, por ejemplo, a la de Flexibilización Laboral. En el caso de docentes (y no de auxiliares), la nómina reconoce como enfermedades asociadas a su actividad profesional la disfonía y la hepatitis A (para maestros de escuelas primarias).

La sobrecarga laboral, hablar permanentemente durante horas, al aire libre, expuestos a un creciente estrés semanal, entre otros condicionantes económicos como el de ser el único sostén de la familia, representan un desafío que no cubre especialistas para las obras sociales, y que no se ‘cura’ con un antiinflamatorio.

Como profesora universitaria de formación coral, y actual coordinadora municipal de la Escuela de Música J.J. de Urquiza, Marianela Suárez conoce los riesgos de trabajar profesionalmente con la voz, y en este abordaje con Paralelo 32 habló sobre cómo cuidarla, además de algunos signos de alerta para actuar preventivamente, aristas de un tema que necesita ser escuchado.

“Esta consigna representa un claro planteo de todos los profesionales de la voz, ya que ningún profesorado (ni siquiera el de música) tiene hoy en su currícula la materia Técnica Vocal”, comenzó expresando Suárez.

En el período crítico de Pandemia las consultas se acrecentaron notablemente —remarcó la entrevistada— y a medida que se retornó a la ‘normalidad’, persistieron los problemas. “Sobre todo en el nivel inicial (profesorado de Maestra Jardinera), donde además de la clase expositiva, las/los docentes intervienen a través del canto”.

En su caso particular, Suárez tuvo muchas consultas “no solamente del ámbito de la docencia, sino también de un gran número de profesionales, como el caso de psicólogos, por ejemplo, que hablan durante varias horas de sesión con sus pacientes, y el uso del barbijo les obligó a levantar más el tono de voz; sumado a la humedad que generaban algunos tipos de tapabocas, impedía la normal exhalación del aire”.

Si hablamos de uso de la voz en la docencia, además del aula tradicional y el canto (en jardín de infantes), los profesores de Educación Física son otros de los damnificados en esto de verse sometidos a levantar la voz reiteradamente al aire libre, y bajo extremas temperaturas o por el contrario, cuando el clima es más cálido, también acarrea inconvenientes en la fonación. “En el comienzo de la pandemia, y aunque estuvieran al aire libre, se los obligaba a usar barbijo”.

No es un dato menor que cada vez haya más licencias por disfonías. “que rara vez se tratan, e insisto en que no se capacita al personal docente, ni se les ofrece cursos para trabajar con la voz a fin de sacar el mayor provecho a este recurso que no es inagotable”.

En las aulas y fuera de ellas

Con aulas que no bajan de 25 a 30 alumnos en su mayoría, nuestra interlocutora insistió en que levantar la voz y el barbijo colocado fue terrible, “porque exigió un esfuerzo adicional para el que la mayoría de los educadores no se habían preparado. Sumado a esto, las clases virtuales (a través de plataformas como Zoom o Meet, entre otras), visibilizó la necesidad de empezar a articular mejor, condicionados por un sonido que en las computadoras no era bueno, y por el que debían levantar sostenidamente la voz”

— ¿Cuál es la implicancia de levantar la voz?

— “Las implicancias van desde una disfonía transitoria a nódulos (formaciones dentro de las cuerdas vocales) o pólipos bucales (pequeñas ampollas), si se persiste en el tiempo, en todos los casos son producidos por el mal uso o el abuso de la voz. Nunca pensamos en cuántas horas estamos hablando, y por tratarse de un músculo, las cuerdas vocales necesitan una preparación, ‘calentarlas’ o también relajarlas, del mismo modo que un maratonista hace una entrada en calor y estiramientos previos a una competencia. ¿Por qué no lo hacemos? si la vamos a utilizar en promedio 12 horas al día. Hay ejercicios y técnicas de movilización que llevan no más de diez minutos, aparte de lo que es tener una buena respiración.

La base de nuestra respiración son los pulmones y el aire que almacenan; en lo particular tengo alumnos que les pido caminar, no mirando vidrieras… ¡les digo siempre! (risas) sino a un ritmo sostenido. Al menos media hora, todos los días, porque hay gente que trabaja en oficina, o en atención al público que debe hablar toda una mañana, parte de la tarde y no hace ningún tipo de actividad física para ampliar esa capacidad pulmonar”.

La consulta

“Generalmente la mayoría de las consultas llega cuando el problema está instalado, con una disfonía recurrente”, mencionó, porque también hay casos de personas que trascienden este umbral, ya que usan como paliativos antinflamatorios u otra (auto) medicación que solapa ese cuadro agravándolo. “Les pica la garganta, o les duele, no pocos se hidratan mal—no toman agua— abusando de infusiones como el mate, té o el café, y todo eso repercute negativamente. Ingerir agua muy fría también es contraproducente, todas estas cosas no siempre se saben o se les hace caso a las señales de aviso”.

— ¿Qué pasa a nivel de las cuerdas vocales con el humo de las quemas en la zona de islas?

—“Es muy nocivo. Pensemos por un momento lo que ocurrió hace menos de dos semanas cuando se exacerbaron las quemas, cómo en los patios de muchas casas se pudo ver esa ceniza invadiéndolos, o tocar la ropa colgada para secarse en los tendederos y estaba impregnada de esas partículas; imaginémonos ahora esas impurezas, que están en el aire, ingresando en nuestro sistema respiratorio. Así como la nicotina que aspiramos involuntariamente en un ambiente viciado por fumadores, toda esa materia orgánica combustionada va a parar a nuestros pulmones”.

Si a todo lo expuesto, se añade que no hay contemplación de cobertura para una especialidad como la otorrinolaringología, que precisamente es el que observa el estado de las cuerdas vocales, y que puede derivar a una fonoaudióloga, “el tratamiento puede llevar varios meses donde la obra social no los cubre, mientras que esa persona continúa forzando sus aparato fonador y afrontando el gasto de recuperarse”.

Sobre el final, Marianela reafirma este concepto que pone a la voz como un elemento central en nuestra salud, “hacernos conscientes que no tenemos un recambio de cuerdas, por eso hay que actuar preventivamente ante los síntomas más leves, evitando esas disfonías transitorias a las que les restamos importancia”. La voz con los años se comporta igual que lo fisiológico, por ello, salvo casos extraordinarios de cantantes como Estela Raval, que gracias a su conducta regular y sostenida pudo conservar esa frescura y caudal— entre otras tantas virtudes de la recordada cantante de Los Cinco Latinos— el resto de los mortales tenemos que prestar aguda atención a estas recomendaciones y actuar en consecuencia, sobre todo aquellos que se ven obligados, por su profesión, a usar la voz durante largas jornadas.

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