¿Es mejor ponerse alguna de las vacunas que pronto llegarán a nuestro país, o no conviene? La respuesta a esta pregunta suele estar atravesada por la grieta ‘antivacunas-provacunas’, que es tan vieja como la primera vacuna experimentada contra la viruela en 1796 por Edward Jenner en Inglaterra. Pero la discusión se actualizó en las dramáticas circunstancias de la actual pandemia mundial.

Ni optimistas ni pesimistas: realistas

La búsqueda de una opinión científicamente fundamentada que se aleje de ambos extremos del debate, fue presentada en el medio estadounidense The Conversation, dedicado al periodismo científico y académico. Se señalaron diversas razones para ser realistas, ni optimistas ni pesimistas, sobre la vacuna de Covid-19, a partir de una entrevista con los especialistas José Jimenez Guardeño y Ana María Ortega-Prieto, integrantes del Departamento de Enfermedades Infecciosas del King’s College de Londres, importante autoridad mundial en la materia.

• Las prisas no son buenas

El proceso normal para hacer una vacuna es de 10 a 15 años. No se puede esperar una vacuna perfecta en menos un año y que nos permita volver automáticamente a nuestra vida anterior. Además, una vacuna puede estar muy bien diseñada, ser segura, proteger al 100 % en modelos animales, inducir una respuesta inmune fuerte y anticuerpos neutralizantes, pero ofrecer un nivel de protección mucho más bajo cuando se prueba en humanos.

• Querer no siempre es poder

En 1984, cuando se identificó el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) como el responsable de sida, la secretaria de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos declaró que la vacuna estaría disponible en un plazo de 2 años. Hoy, 36 años después, todavía no hay vacuna. El desarrollo de vacunas no siempre da frutos.

• Efectos adversos

Las vacunas, como cualquier medicamento, pueden provocar efectos secundarios. Uno de los principales problemas es la potenciación de la infección dependiente de anticuerpos, más conocida como ADE (antibody dependent enhancement, en inglés). Se trata de una reacción no deseada en la que la generación de anticuerpos frente a un agente infeccioso, por ejemplo usando una vacuna, da lugar a síntomas mucho peores. Los mecanismos ADE son aún muy poco conocidos, pero son poco frecuentes.

• Producción y distribución a gran escala

Uno de los principales retos es la producción masiva de miles de millones de dosis para que llegue a la mayor parte posible de la población mundial. Además, se plantean importantes problemas logísticos para fabricantes de vacunas, gobiernos y empresas de transporte. Uno de los principales retos es la cadena de frío. La mayoría de vacunas deben mantenerse refrigeradas a una temperatura de entre -2°C y -8°C. Es el caso de Astra-Zeneca y Sputnik V. El problema podría agravarse, con vacunas que requieren temperaturas cercanas a 70°C bajo cero, como la de Pfizer-BioNTech.

• Corta inmunidad natural

No existe ninguna enfermedad viral respiratoria en la que no se produzcan reinfecciones. Al igual que para otros coronavirus, la presencia de anticuerpos de SARS Cov-2 va desapareciendo paulatinamente pocos meses después de la infección. Es muy probable que se necesite volver a vacunarse cada cierto tiempo contra covid-19.

• La edad es importante

Con la protección a los adultos mayores de 60 años el principal problema es que, a medida que vamos envejeciendo, nuestro sistema inmune se vuelve menos eficiente y las vacunas son menos eficaces.

• Tecnología demasiado reciente

Muchos de los candidatos a vacuna están basados en tecnologías genéticas relativamente recientes. Son las “vacunas genéticas”, que tienen muchas ventajas, por ejemplo, menor costo y necesidad de infraestructura de producción más reducida. El principal problema es que hasta el momento no se ha comercializado ninguna para humanos, por lo que su eficacia está aún por comprobar.

• Protección parcial

Las primeras vacunas exitosas protegerían parcialmente, la inmunidad sería de corta duración y no funcionarían para todo el mundo. Pero es mejor tener una vacuna que funcione parcialmente antes que no tener ninguna. Por otro lado, quizás en el futuro se desarrollen vacunas más complejas con mejores resultados. Al finalizar, The Conversation subraya que hasta que la pandemia no desaparezca, con o sin vacuna eficaz, es de vital importancia respetar las medidas básicas de protección sanitaria para evitar contagios: uso correcto de mascarilla, lavado frecuente de manos con agua y jabón, mantener distanciamiento social.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here