A fines de la década del 1920, se enseñaba avicultura en las facultades de agronomía de Buenos Aires y La Plata y en las escuelas de agricultura de algunas provincias, como las de Córdoba y Rosario. Incluso, a falta de los cursos a distancia que conocemos en el siglo XXI, durante la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen (1928-1930) existió una cátedra ambulante a cargo de profesores nacionales y extranjeros que viajaban en “tren cátedra”, llevando en el mismo a una exposición de material Avícola y manifestaciones de la industria y el comercio agrícola en el país.

Los trenes procedentes de Buenos Aires ingresaban a Entre Ríos por el sur, mediante el uso del ferri boat, un barco sobre el cual podía subir un coche motor con diez vagones, para atravesar el río y ensamblar con la vía del otro lado de la costa, para que el coche siguiera su camino. Es probable que aquel “tren cátedra” también haya incursionado por nuestros pueblos.

Por aquella época, en la Argentina se celebran anualmente exposiciones de avicultura y concursos de puesta, existiendo además varias sociedades de avicultura en la capital y en provincias, pero a las más grandes exposiciones las organizaba la Sociedad Rural Argentina en su parque de exposiciones y concursos de Palermo, subvencionándolas siempre el gobierno argentino, así como las expos clásicas que organiza la Sociedad Argentina de Criadores de Aves, Conejos y abejas.

Entre Ríos era una provincia muy aislada por sus ríos, pero en este terrón provinciano se conocieron decididas acciones de hombres y mujeres con iniciativa, que, si hablamos en términos de avicultura, convirtieron a la incipiente Villa Crespo en un centro productivo que despertó el interés en el país.

Don Luis Teodoro Kaehler, a quien reconocemos como pionero de la incubación artificial, no tuvo una imaginación brillante sino la iniciativa necesaria para promover una actividad económica a partir de esas gallinas, que hasta entonces –por iniciativa de J.J. de Urquiza que trajo los primeros ejemplares de aves a C. del Uruguay–, solo tenían un fin utilitario en el campo, o en los gallineritos de las casas urbanas.

A partir de entonces y siempre gracias a hombres y mujeres que asumieron riesgos, la avicultura pasó a ser la segunda actividad económica más importante de Entre Ríos, levemente por encima de la ganadería. Su evolución en los últimos 40 años ha sido asombrosa y la ha puesto en los primeros niveles mundiales, con industrialización y exportación. A esto se lo debemos a otros emprendedores. La avicultura se hizo grande aquí porque tuvo un liderazgo admirable, pero de esto, del presente, hablaremos en un próximo Día de la Avicultura.

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