Batalla de Caseros: A 170 años del triunfo de Urquiza sobre Rosas

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Pocos acontecimientos tuvieron consecuencias tan determinantes para la historia argentina o, mejor, rioplatense, como la Batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852. La caída del poderoso sistema federal encabezado por el gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas, el inicio de un rápido proceso de organización constitucional en la Confederación Argentina, la separación de Buenos Aires de ella y su existencia como Estado independiente durante algunos años, el fin del predominio federal en esta provincia y el regreso del Imperio brasileño a una posición preponderante en el Río de la Plata fueron las principales, todas ya evidentes en los meses posteriores al combate.

Otras derivaciones de Caseros fueron menos importantes para la “alta política”, pero no por ello menos dramáticas. Fue el caso del saqueo general de decenas de tiendas en todos los barrios porteños, que comenzó en la madrugada del 4 de febrero de 1852 y concluyó esa misma noche con una masacre. Se trató de una de las jornadas más trágicas de la historia de Buenos Aires y el inicio sangriento de una nueva década de conflictos.

La batalla

(…) La mañana del 3 de febrero de 1852 dos grandes ejércitos se enfrentaron delante del palomar de Caseros, a pocos kilómetros de Buenos Aires y cerca del campamento de las fuerzas de Rosas, en Santos Lugares. El choque fue relativamente breve y poco cruento, pero produjo miles de dispersos, muchos de los cuales se dirigieron hacia la Capital. La caballería de Buenos Aires, en particular, se desbandó por completo al inicio del combate, tras ser derrotada y perseguida a fondo por la de Justo José de Urquiza.

Rosas, herido en una mano, logró escapar. Al llegar a Buenos Aires, redactó su renuncia al gobierno de la provincia y se refugió en la casa del cónsul británico Robert Gore, quien con presteza organizó su huida a bordo de una fragata.

La población porteña estaba consternada. Al mediodía, los primeros desbandados de las tropas rosistas empezaron a entrar a la ciudad con noticias aún confusas, pero dos horas más tarde los que llegaban portaban una certeza, la de la derrota. Se calcula en 500 personas las que murieron en las calles y fusiladas por la Comisión Militar. Lo admirable de este saqueo es que en cinco horas que duró se necesitaron después, para recoger los efectos de bulto robados, más de 300 carros.


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