¿¡Viste quién se contagió de Covid 19!?

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De la redacción de Paralelo 32.- El nuevo ‘puterío’ que marca tendencia en nuestro pequeño infierno local es ¡¿Quién se contagió de Covid 19?! En la lista aparecen desde personalidades conocidas por amistad, vecindad, profesión, etc., etc. nadie escapa a esa vorágine de chusmerío que gana en preferencias conforme se advierte que ‘Estuvo en tal colación’; ‘Fue en la fiesta clandestina, y organizada por tal…’; ‘Y si pasa de nuevo lo de la Costanera’…

Ya estamos curados de espanto, ¿o no?, lo curioso es que ‘nos’ interesa más el quién que el dónde, porque en ese paneo algunos empiezan a ver que ellos estaban allí. Fueron, pasaron, saludaron, compartieron, y así. Estigmatizamos después con frases del estilo: ‘Nunca se cuida’; ‘Vive sin barbijo’; ‘Estaba contagiado y se paseaba por la vereda’; ‘Dicen que está grave y lo van a trasladar’…

En ese mentidero lo que está pasando es que se alimenta una fake news (noticia falsa) al calor de la especulación, el temor, y esa irrefrenable necesidad de hablar sobre lo que podría ocurrir si esto se nos escapa de las manos. Bueno, es hora de decir que el virus del Covid-19 no nos elige, no nos busca, y no cesará así por arte de magia cuando dispongamos de vacunas. Uno entiende que el Director del Hospital tiene que sacarse una fotito con las heladeras porque todavía no tiene las vacunas para mostrar. Pero no ayuda, más bien, preocupa que se piense en esta opción como manera de llevar tranquilidad a la población.

Sin embargo, ya se están solicitando espacios abiertos, próximos a los dispensarios para que se practique una vacunación a gran escala. Eso sí, también existe un revuelo por si conviene o no recibir la dosis de la Sputnik o esperar que lleguen la de otros laboratorios por fuera de Rusia.

Ni la votación y aprobación del aborto legal deja de alimentar el miedo, hay un número creciente de personas que no hablan más que de pandemia, se enferman y se angustian porque reciben una catarata de información cruzada. Imposible de desandar, se escucha que los médicos y profesionales de la salud van a ser capacitados en la vacuna, que no hay resultados de la fase 2 y menos de la 3, como si supiéramos a qué corresponde esa evolución del estudio científico.

Tenemos miedo de morir, básicamente, pero también de cómo ocurrirá. Si será por ese maldito virus que nos cambió la vida, o si hay una conspiración global que nos dejará como borregos. La cura es tan temida como la enfermedad, y mientras hablamos de esto, una segunda ola de contagios se cierne sobre los países que ya pagaron con creces esta incursión.

El virus ahora también muta, y no hay pocos que se pregunten, ¿sirve lo que me van a aplicar? Es como esa duda que nos entra cuando nos vacunan para la gripe y la advertencia es que igual te podés enfermar de otra cepa. Sepa que todo eso puede pasar, y ya hay casos de personas que se contagiaron más de una vez, es decir, nadie habla de inmunización porque es tan vidrioso como esos tres meses que se comentan que brinda el haberse enfermado.

Tenemos compañeros, amigos, familiares que enfermó, otros que murieron, y aunque no sabemos sobre los alcances de este flagelo que nos consumió gran parte del año, intuimos que es un comienzo, que obliga a pensar en dónde leer, a quién escuchar, qué cosas prestar atención y relativizar todo. Acá también hay grieta, de esas que son al cuete, porque la suerte de la humanidad está en juego y no podemos darnos el lujo de no preguntarnos, de exigir a quienes tienen el rol de cuidar a esta sociedad, nuestros políticos, que busquen la mejor solución. Y que la encuentren, que vivan para ello, porque varios meses les hemos regalado de no pedirles rendir cuentas de su labor.

Aquí en lo local, en un lugar pequeño del sur de Entre Ríos, tal vez sigamos preguntándonos ¿viste quién se contagió ahora?, porque nos encanta saber más del otro. Y si cabe una mínima defensa a esta intromisión en la privacidad de los demás, quepa decir que los pueblos han crecido interesándose por ese otro, preguntando cómo anda tu papá, mamá, hermano. No por cortesía, sino porque nos conocemos, no nos negamos a la posibilidad de saber que están bien. Tal vez el morbo aparezca en muchos, seguramente, porque hay quienes se alimentan de él, pero una gran mayoría no. Esa gran mayoría sigue preocupada. Y tiene razones válidas para hacerlo.

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