Victoriense reconocido por su labor en sonido de la obra América Show

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Victoria.- Luciano Andino (38) es un victoriense que recientemente fue premiado por su labor en sonido para la obra musical América Show, de Ángel Caravajal. De 13 nominaciones que tenían los Premios Carlos 2021, esta apuesta que hace un recorrido por todas las melodías de América, logró nada menos que 10 de ellos, entre ellos el oro, máximo galardón que entrega Carlos Paz a sus artistas y realizadores teatrales.

Paralelo 32 tuvo la posibilidad de dialogar con Luciano y conocer muchas facetas de ese recorrido que comenzó en la niñez, con su avidez y curiosidad, donde surgieron inquietudes por la música junto a Miguel Aquino (que también hoy vive en Córdoba), o de construir una máquina de humo ya a los 12 años en la casa de su abuela; luego sería disc jockey de la mano de Richard Albornoz, y con el paso de los años llegaría a ganar el premio al sonido en la última edición de los carnavales en la plaza San Martín —el año siguiente se trasladarían a la zona de la ribera.

Esa misma veta por aprender y desarrollar proyectos lo puso en la senda de la ingeniería electrónica, fue entonces que tras un fructífero período en las siete colinas, se fue a estudiar primero a Parará, donde vivió dos años, para luego emigrar a Córdoba, provincia donde reside hace 18 años.

La pasión por el audio le ganaría la pulseada a la ingeniería, y una Tecnicatura en Sonido lo pondría en el escenario de grandes artistas y espectáculos. Pero mejor que lo cuente él mismo.

“Se empezaron a abrir puertas en Córdoba con algunos profesores, siempre he sido muy apasionado, entonces en los ratos libres que tenía me iba a la facultad a tomar mate y a charlar con algunos de los docentes. A la par que me sacaba dudas, inventaba cosas”, uno de esos docentes es un ingeniero estadounidense, Tevy Cavoti, que eligió Córdoba para vivir y ejercer su profesión, y que lo llevó a trabajar a su estudio. “Allí conocí a Facundo Toro con el cual trabajé durante mucho tiempo, y me llevó a involucrarme en el mundo del folklore. Antes obviamente el paso obligado es el cuarteto, que es como el tango en Buenos Aires, o la Chamarrita en Victoria”.

Esa salida laboral rápida, por la sobreoferta que tiene de esta música esta provincia, no es algo de lo que se arrepienta nuestro interlocutor, ni mucho menos: “Es más, con ese ingreso fue que me compré mi primer cero kilómetro, fui operador de muchas bandas reconocidas como La Barra, Sabroso, y la legendaria Chébere comparada con Los Palmeras en Santa Fe”.

Esas puertas que se abrieron, habilitaron la posibilidad no solamente al sonido en vivo sino también en grabaciones de estudio. “Y diría que hoy estoy abocado casi en un ciento por ciento al folklore, soy operador de Natalia Pastorutti (hermana de Soledad), que se lanzó como solista”.  Gracias a esa relación se ha favorecido un excelente vínculo con la familia Pastorutti en general.

El ‘loco’ del mate

Antes que empezáramos a grabar la nota, Luciano nos pidió un instante para preparar su mate, y luego nos devolvió la llamada que se extendió por un tiempo prudencial en el que se terminaría convirtiendo en una amena charla, y en cierto momento lo confesó: En Córdoba me dicen ‘el loco del mate’, antes ya había advertido que el 90 por ciento de los contactos los hizo infusión de por medio. “Tengo un mate en casa, otro en el estudio, llevo también en el auto, y así también me dejé uno en Carlos Paz para la obra. Además, los artistas ya saben que no me tienen que tocar la cebadura…”, dice en broma pero los entrerrianos panza verde sabemos de lo que habla. Mucho de verdad hay en esta cultura de saborear agua caliente con ese toque de yerba, y vaya si ha sido determinante en sus relaciones laborales.

De un tiempo a esta parte, con la pandemia como contexto, ese compartir ha devenido en que cada uno se lleva el propio mate, casi como nuestros hermanos uruguayos.

— ¿Se da esta cuestión de que el premio llega pero no es lo que se está buscando, diríamos que es consecuencia de una pasión más que de un objetivo en sí mismo?

— “En este rubro o pasión, si estás buscando un logro, premio, o reconocimiento… lamento decir que es el lugar equivocado. Porque es un trabajo muy injusto, si se lo ve desde ese punto de vista, ya que somos los primeros en llegar a un evento y los últimos en irnos. Armamos bajo el sol, o nos mojamos cuando llueve, y no dudamos para sacarnos la ropa para tapar el equipo en esos días de tormenta o de cruda intemperie; y nos perdemos cumpleaños, momentos familiares, lo que se te ocurra. Es más, me ha pasado venir manejando en ruta a las doce de la noche de un 24 de diciembre, pero bueno, así son las pasiones y mis seres queridos lo aceptan y entienden. Sobre todo mi novia”.

¿Avalás esa suerte de premisa que reza: un buen sonidista tiene que tener conocimiento de música?

— “Totalmente. Un sonidista tiene igual importancia que un músico. Yo estudié piano desde los 6 años con Miguel Aquino; a los 12/13 años formamos un grupo con amigos donde estaba Joaquín Pedemonte, Adolfo Cartas, Federico Luna, y allí tocaba la batería y tenía la consola al lado”.

— Hemos hablado de distintas aristas de esta profesión, pero ¿Qué me decís de las formas que se presentan hoy para comercializar un producto musical, teatral o el que sea, y cómo ha cambiado dependiendo el formato y/o plataforma para difundirlo? Máxime, teniendo en cuenta que puede ‘sonar’ en un estudio o en un celular.

— “Es muy buena la pregunta, porque hoy es enorme la cantidad de dispositivos y plataformas para el consumo de música. La industria como tal ha cambiado rotundamente, evoluciona continuamente e incluso en maneras que el público no toma real dimensión”.

Sobre este punto, Luciano amplía: “Hoy es común finalizar un disco, que básicamente tiene 4 etapas: grabación (captura de todas las tomas); edición (Si hay que arreglar, limpiar o afinar algo es el momento); la tercera etapa es la mezcla, que es donde se trabajan volúmenes y ecualizaciones, compresiones y demás procesos; y la cuarta es la masterización, que por así decirlo es el empaquetado final, donde se maquilla la mezcla de la canción para que suene bonito, y este último proceso es el que más cambios ha sufrido últimamente porque tenemos tantas plataformas y tanta variedad de consumo que es prácticamente imposible hacer un master que suene bien en todos lados”.

Así las cosas, hoy Luciano prepara un master para MP3 o disco físico, “que prácticamente ya no se hace pero hay quienes lo piden; otro para plataformas como Apple music, Spotify, etcétera, y un tercer master para Youtube. Todos son diferentes y obligan a que continuamente estemos leyendo, estudiando y viendo la manera de sonar cada vez mejor en cada una de ellas”.

El mismo cambio que se dio en el disco se ha visto en los recitales en vivo, que mudaron su escenario a la virtualidad, con todo lo que ello implica. “La diferencia es que fue de un día para otro y no todos pudieron adaptarse a ese cambio tan abrupto, por suerte en mi caso venía trabajando en mezclas para streaming y televisivas, así que en cierto punto fue una oportunidad de materializar esas ideas”.

Con solamente mencionar que ninguno de los festivales a los que él mismo estaba acostumbrado a participar desde hace años, tal es el caso emblemático de Cosquín, o Jesús María, pudo llevarse adelante; para el mundo del sonido, la virtualidad alcanzó a todo transformando la música en un enlatado. “La diferencia es que hay que enlatarla en el momento”.

— ¿Qué pasa con las obras musicales/teatrales que es por lo que también se dio esta charla inicialmente?

— “La verdad es que en Córdoba tenemos la suerte de tener la temporada teatral más importante del país hace varios años ya, y no quiero mentir, pero solamente en Carlos Paz, oscila las 50 propuestas entre obras y espectáculos en cartel”.

Por ser la primera temporada en este mundo del teatro musical, Luciano confiesa que se siente muy conforme, “Esta nueva incursión vino con regalito”.

Como detalle de color, y para tener una dimensión de lo que es el espectáculo que propone Caravajal se despliega en 300 metros de pantallas LED de 44’’, además, en pleno show despega un avión, del que termina por bajar el propio Caravajal para dar la bienvenida.

Vamos bajando el telón

En este recorrido que permitió el diálogo con Luciano pudimos saber también de su paso por el turismo, en la Agencia Córdoba, donde destacó esa capacidad de hacer que tienen los dueños de un acento tan característico que divierte pero donde la seriedad está tan presente como el humor. No es menor el dato que el 60 por ciento de los festivales que tiene la Argentina, tienen sede en algún lugar de Córdoba. Allí donde pudieron convivir exitosamente la industria y la llamada ‘chimenea sin humo’, nuestro entrevistado hace de su pasión una realidad, valora sus orígenes, explora nuevos conceptos mientras despliega recuerdos y momentos de un victoriense que tiene la suerte de tantos que apuestan a sus sueños, todo un mensaje para los que muestran inquietudes y aún no se animaron a dar ese primer y difícil paso.

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