Una escuela mixta de fútbol que llegó para quedarse

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Victoria.- Marcelo Enríquez es el responsable de la escuela de fútbol que en Victoria tuvo el aval del club Almirante Brown, a cuyos colores supo defender cuando soltaba pases y gambetas dentro de un campo de fútbol de la B Nacional, en su escalada al profesionalismo. Y si bien con el tiempo los victorienses pudimos verlo jugar algunos años más en 25 de Mayo; es detrás de la línea lateral pintada donde hoy plantea su visión de juego, basada fundamentalmente en el aprendizaje y el juego antes que la competencia estrictamente entendida.

“Haber jugado en Almirante Brown me permitió hablar con las autoridades para usar el escudo y los colores —amarillo y negro— en mi escuelita. Por otra parte, como el nombre de filial requiere más papeleo y otra responsabilidad para la entidad madre que no podía asumir, me sugirieron que lo acotara a ‘Peña’ Almirante Brown”. La escuela de Marcelo es mixta, y suma a su cuerpo técnico a un grupo de ex futbolistas y profesionales de la salud, y también a sus dos hijos (India y Francisco) que se ocupan de distintas aristas en esta conformación psicofísica.

Enríquez no solamente jugó y dirigió al mayense, ya que cumplió importantes etapas como técnico en los primeros equipos de Huracán, Sarmiento, Banfield y El Porvenir. Ya en el funebrero, el presidente Pedro Rapuzzi le propuso crear una escuelita, “estuve un año, la cosa iba bien hasta que cambió la dirigencia, y en ese tránsito surgió la posibilidad de armar mi propia escuela, incentivado por el grupo de padres y madres que llevaban sus chicos allí, quienes me hacían saber de lo conformes que estaban con la manera de trabajo y enseñanza”.

A esta altura de la charla Marcelo tira un concepto que muestra a dónde apunta su trabajo: “que los chicos sean felices es mi objetivo; no es tan importante ganar o perder en esta instancia”. El respaldo a esta idea surgida en febrero de 2019 ya tiene 7 (siete) categorías, donde los más pequeños son nacidos en 2016, y los mayores alcanzan los once años (nacidos en 2010). El entrevistado menciona además que todos están cubiertos por un seguro. “La premisa es pasarla bien, y el boca a boca hace el resto”.

A falta de una sede institucional, Enríquez ocupa el predio de la Vieja Estación, tanto la parte del playón de cemento como la canchita que está diagramada en césped, donde también dispone de arcos. “Trabajamos todos los días de 16:00 a 18:00, pienso que parte del secreto de la conducta futbolística pasa por dedicar tiempo regular a la actividad, porque genera un hábito y nutrición saludable, con los beneficios de aprovechar el aire libre, a la vez que alejan al niño de otras conductas nocivas”.

Un sueño

Si bien puede parecer una idea romántica perfecta, Marcelo tiene un sueño, su propia cancha donde poder ver correr a esos chicos y chicas, pero mientras tanto hace, intenta, apuesta con ese aval que le dan sus dirigidos como las familias que reconocen su labor, y la de su grupo de colaboradores. “Hoy todos tienen su equipo con los colores de Almirante Brown. Es más, tenemos tres juegos de camisetas y short, y verlos ir a entrenar con su ropa, es muy reconfortante, siente identificación y pertenencia”.

Esa idea de vestir colores también puede llegar a defenderlos en algún momento ante un torneo de la Liga local, pero no hay mandatos que apresuren algo que para Enríquez se dará con el tiempo. 

Una idea tan liberada de la carga competitiva viene de alguien que conoce, y bien de cerca, lo que es el desafío por ser profesional de fútbol. Pero como todos los que aprendieron una lección a fuerza de experiencia, Marcelo intenta otros recorridos, más allá de lo convencional.

— Siempre se pone en tela de juicio al fútbol local, y de primera, ya sea porque no termina de tender al profesionalismo; o esta afirmación que son muchos para una ciudad como la nuestra; ¿Qué lectura hacés vos a partir de lo que has trabajado?

— “Yo no dejo de ser competitivo más allá de lo que pregono, porque uno enseña a todos los chicos a superarse a sí mismos, e implícitamente allí está un desafío interno por ser un mejor deportista. De la mano de esa idea hay un mejor desarrollo general de la persona, su autoestima, y otras capacidades, no solamente coordinativas.

Respecto del lugar en que está el fútbol local, pienso que desde el 2002 en que llegué a la ciudad, este deporte, más allá de la particularidad de cada uno de los once clubes, ha tendido al crecimiento. Mi crítica en tal sentido es que atravesó una evolución, y la prueba está en algunos logros provinciales como el de Huracán; o el de varios chicos que empiezan a ser fichados en inferiores por equipos tan importantes como Boca Juniors, Patronato, Rosario Central, entre otros.

La clave es que las entidades entendieron que para lograr resultados hay que invertir, y apostar al conocimiento y al aspecto formativo; que hay profesionales muy bien preparados, y otros referentes de amplia experiencia que pueden aportar su visión a esta disciplina. Algunos clubes entendieron que deben valorar este recurso y pagarlo, esos han mejorado notablemente”.

Sobre el final, Marcelo apuesta a que el fútbol local tenderá al profesionalismo, y si bien todavía restan años para lograrlo, “no me quedan dudas que va en ese sendero. El que critica es porque está afuera, para lograrlo hay que involucrarse, y hoy hay muchas personas intentando hacer lo mejor”. La escuela de Marcelo Enríquez continúa en el receso invernal, así que quienes estaban con ganas de llevar a sus hijos, tienen en este breve intercambio un panorama más acotado de lo que piensa y siente un entrenador que trabaja por el fútbol desde la base misma.

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