Hace un largo tiempo ya que la basura en la ciudad es un problema. No obstante, lo percibimos principalmente cuando se dan incendios incontrolables y el humo llega para molestar a los vecinos. No se trata, simplemente, de ordenar la basura, sino de sacar provecho de ella. Pero, ¿se puede hacer esto?

Lucas Desimone es de Buenos Aires y comenzó junto con su compañero Rodrigo Chapero una empresa muy interesante en 2005. Buscaron brindar un buen producto al prójimo teniendo en cuenta el ambiente y la ecología. Luego de mucho ensayo y error cosecharon los frutos y, hoy, Baumm es un éxito estable.

Baumm vende principalmente bolsos y mochilas, pero también cuentan con camperas. Desimone y Chapero se propusieron la integración entre diseño y ambiente, y sus productos están fabricados con parepentes en desuso. El material ofrece la posibilidad de un diseño creativo y un uso práctico.

“Con la basura se puede hacer de todo. Lo que hago yo es una reutilización con un diseño en un producto más terminado, pero, en general, hay procesos de reciclado donde se puede obtener materia prima a partir de procesar la basura”, introduce Desimeno en diálogo con Paralelo 32 por vía telefónica. “No sólo se puede, se hace en todo el mundo”, concluye.

—¿Cómo se creó Baumm?

—La idea nació en 2005 a partir de un viaje en donde vimos unos bolsos suizos que se hacían con las lonas de los camiones. Entonces, volvimos a la Argentina con la inquietud de ese descubrimiento: que, más allá de la materia prima comprada, se podía utilizar un material muy diferente. Sin embargo acá descubrimos que, por la idiosincrasia, la lona de los camiones se reutiliza tantas veces que al final no sirve para nada. Por uno lado eso estaba bueno, porque no tiraban la lona enseguida, pero por el otro quedaba fuera de nuestra idea. De este modo empezamos a ver qué otro material se tiraba con abundancia, fue así que descubrimos el vinilo publicitario, que se utiliza mucho en la cartelería pública, sobre todo en las autopistas. Vimos que el material era similar y que las campañas publicitarias se hacían un mes y luego el material era tirado a la basura, por lo que comenzamos utilizando eso. Hicimos morrales, bolsas y demás. Laburamos el material cuatro años y vimos que llegó a su techo de posibilidades, por lo que comercialmente dejó de ser viable”.

Llegado a este punto, con la idea latente pero sin un material concreto, Desimone y Chapero no se rindieron. La respuesta les llegó cuando menos se lo esperaban. “En un vuelo en parapente de un amigo, el piloto nos contó que los parapentes volaban una cantidad de horas y luego, por razones de seguridad, no podían hacerlo más, aunque el material esté nuevo. Nos dio un parapente y comenzamos a explorar qué se podía hacer con esa tela”, narra.

Cabe mencionar que un parapente es una aeronave construida de tela y cuerdas con el que es posible despegar y aterrizar de pie. Además, como dijo Desimone, luego de 300 horas de vuelo los parapentes se desechan por motivos de seguridad, por más que la tela esté intacta.

“Como diseñadores y productores de objetos tenemos la responsabilidad de generar algo útil y que esté hecho en toda su cadena de producción de manera consciente, desde los talleres hasta la materia prima. Dejamos de utilizar el vinilo publicitario porque los productos que hacíamos con ese material no duraban tanto, entonces era como una contradicción porque una mochila china ya artificial era más sustentable que lo nuestro, porque duraban por lo menos cinco años y lo que ofrecíamos nosotros no”, aclara. Y prosigue: “En cambio, la tela del parapente es alucinante. Es una tela súper técnica. También es muy cara, por lo que no podríamos comprarla nueva y accedemos a ella cuando ya no la utilizan más para volar”.

Con respecto a la situación económica, Desimone asegura que la crisis por la que está atravesando el país los afecta como ciudadanos, pero no como empresarios. “Estamos un poco afuera de lo que es el consumo masivo y la economía tradicional, por lo que no nos mueve mucho la aguja. Claro, aquel que le sobraba un peso y se podía comprar una mochila hoy no lo hace, pero en sí, a nuestro volumen, lo que es venta no nos cambia tanto”, cuenta.

“El comienzo de 2018 fue complicado, pero a mitad de año repuntó y a fin de año fue de los mejores. Ahora tenemos que ver cómo comienza 2019. Actualmente no me puedo quejar”, asegura. En relación a la empresa, Desimone cuenta que son él y su compañero los encargados de realizar el diseño y llevar adelante la marca, pero tercerizan la confección en talleres de Buenos Aires. Por año producen, aproximadamente, 1500 unidades, sin tener en cuenta los trabajos especiales para empresas, y facturan más de un millón de pesos anuales.

Por otro lado, comenta que han tenido varias experiencias internacionales gracias a Baumm y que fueron los extranjeros los primeros en “poner el ojo” en el emprendimiento. “Cuando empezamos, acá no entendían ni de qué hablábamos. Afuera fuimos a muchas ferias en Berlín y también estuvimos en Japón. Hace poco estuve en una exposición en Berlín y lo que es acá, nos están comenzando a invitar para que contemos lo que es nuestra experiencia como emprendedores”, señala.

—¿Cómo es el feedback con los clientes?

—Es buenísimo. El feedback es muy cálido. El consumidor nuestro queda muy conforme con sus mochilas, el producto genera eso. Todo se corta a mano y se eligen muy bien las combinaciones. A veces me cruzo las mochilas en la calle y me da como una cosa de pertenencia. La gente hoy recibe muy bien el producto y eso se dio de manera totalmente orgánica, es decir, no tenemos un departamento de marketing ni nada.

Sumadas a las ventas en su local de Palermo y por Internet, Baumm llega a lugares como Alemania, Bélgica y Francia. Entonces, ¿se puede sacar provecho a la denominada basura? Desimone nos contesta que sí tanto con sus palabras como con sus acciones.

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