“¿Qué debe hacer el Estado (y cada uno de nosotros) para que vivamos más y mejor? ¿Por qué una población saludable es esencial para el desarrollo económico del país? ¿Se puede superar la fragmentación actual del sistema sanitario en el que conviven una salud para ricos y otra para pobres?”.

Estas preguntas y muchas más busca develar un informe periodístico especial titulado “Al Gran Pueblo Argentino, ¡SALUD!” realizado por el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), con la investigación aportada por varios periodistas de medios de todo el país.

En la misma, las voces destacadas son el actual secretario de Gobierno de Salud de Argentina, Adolfo Rubinstein, y los ex ministros de Salud Jorge Lemus y Ginés González García. También participaron expertos en distintas áreas de la medicina como el neurocientífico Facundo Manes y el doctor Marcelo Melo, director del Hospital de Clínicas, entre otros especialistas. Para esta investigación, se realizaron múltiples pedidos de acceso a la información pública (AIP) a nivel nacional y provincial.

Hoy la humanidad vive en promedio más años que nunca. En 2050 seremos 10.000 millones de habitantes en el planeta Tierra. Sin embargo, cómo vivimos esos años que hemos ganado y cómo podemos lograr que más personas lleguen a la vejez es un debate que se libra en cada país todos los días. Y las sociedades conviven con distintas condiciones socioeconómicas para determinar en gran parte cómo se vive, cuándo y cómo muere su población.

En la Argentina, la expectativa de vida para una mujer es de 80,3 años, un aumento sustancial respecto a 1990, cuando era de 75,8. Por el lado de los hombres, uno nacido en 2016 tiene una esperanza de vida de 73 años, a diferencia de los 68,5 en el inicio de la década de los 90, según datos de 2018 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A nivel global, Japón lidera el escalafón con 83,7 años de expectativa de vida (promedio hombres y mujeres). En el otro extremo, se encuentra la República Centroafricana con 50,2 años (promedio hombres y mujeres).

Fueron los avances de la medicina y las nuevas tecnologías los que permitieron extender la vida humana varios años. Las estadísticas sanitarias mundiales —y también las nacionales— remarcan el retroceso de las enfermedades infecciosas, el descenso de los partos prematuros y el éxito de las vacunas.

Pero también señalan con mucha preocupación las amenazas y los problemas de salud que crecieron en forma exponencial: el consumo de drogas y alcohol, los malos hábitos alimentarios, el sedentarismo y las enfermedades no transmisibles, responsables de que mueran millones de personas por día en todo el planeta.”La salud de los argentinos hoy está bien, pero podría estar mucho mejor, en cuanto a la epidemiología o la carga de enfermedad”, afirma Adolfo Rubinstein, secretario de Salud de la Nación. “Nuestro país, al igual que Chile y Uruguay han terminado un proceso de transición demográfica y epidemiológica, donde hoy las enfermedades crónicas representan el 75% de la carga de enfermedades totales. Tienen que ver con la muerte prematura y la discapacidad. Las principales causas de esto son las enfermedades crónicas, las cardiovasculares y el cáncer, que comparten los determinantes sociales más profundos sociales vinculados con el tabaquismo, la alimentación no saludable, el exceso de alcohol y el sedentarismo”, explica Rubinstein.

“Hoy las enfermedades crónicas representan el 75% de la carga de enfermedades totales. Tienen que ver con la muerte prematura y la discapacidad”.

Dr. Adolfo Rubinstein, secretario de Salud de la Nación

Estos datos coinciden con la advertencia que lanzó la OMS en el 2017: “el mundo enfrenta una epidemia de enfermedades no transmisibles como el cáncer, la diabetes y males cardiovasculares, que requieren esfuerzos de prevención y control por parte de los Estados”.

Por otra parte, las enfermedades infecciosas representan alrededor de un 10% de las enfermedades, aunque generan mucha preocupación cuando aparecen repentinamente, como ocurre con el dengue o con el hantavirus, que dejó este último verano un saldo de 12 muertos y 34 infectados en el país, confirmándose por primera vez que la cepa del virus Andes Sur era contagiosa de humano a humano.

Para el doctor Marcelo Melo, director del Hospital de Clínicas “José de San Martín” de la Ciudad de Buenos Aires, si se pudiera combatir la obesidad, el sedentarismo, el tabaquismo y la contaminación del agua, se estarían evitando el 70% de las muertes prematuras que hoy tienen lugar.

“El Estado debería asegurarnos una buena alimentación para evitar la epidemia de obesidad que hoy existe. Pero hoy nos encontramos que los alimentos seguros y nutritivos son caros. Y los alimentos no nutritivos son baratos e hipercalóricos. Hace 30 años, la tasa de obesidad infantil en la Argentina era del 1%. Y hoy es del 10%. Esos pacientes obesos van a padecer muchas enfermedades a futuro, lo que hará encarecer enormemente el sistema de salud”, señala Melo.

Rubinstein también apunta a la obesidad infantil: “El 40% de los chicos argentinos hoy tiene sobrepeso u obesidad. Se ha convertido en la mayor amenaza a la salud pública en nuestro país. Es tan grave que, declarada la agenda del futuro por Naciones Unidas, hoy somos el primer país de la región con mayor obesidad. Y la región es la primera en el mundo”.

“Estamos muy mal”, reconoce Rubinstein y enumera las acciones que quiere impulsar desde su área: “Hemos puesto en la agenda esta lucha, que será abordada mediante una estrategia intersectorial e interministerial para el desarrollo de un plan de acción contra la obesidad infantil, con muchos componentes que van, desde la educación nutricional hasta políticas regulatoria para establecer, por ejemplo, el correcto etiquetado frontal [en alimentos]. También hay que poner el foco en los alimentos envasados, la promoción de la actividad física en los colegios y desarrollar un sistema alimentario sustentable, que abarque incluso la entrega de alimentos con un mayor nivel nutricional para la población”.

Rubistein remarca que “la obesidad es hoy una enfermedad de pobres. Además, es un problema más general, porque también implica la pérdida de oportunidades en el ámbito escolar o laboral más adelante. Nuestro objetivo no es reducir la epidemia de obesidad, sino, detenerla”.

Según la 4º Encuesta Nacional sobre Factores de Riesgo realizada en el 2018, 6 de cada 10 personas tienen exceso de peso (en una proporción de 36,2% de personas con sobrepeso y 25,4% con obesidad). Los datos confirman el avance de la epidemia, si se considera que la obesidad alcanza hoy a un cuarto de la población y aumentó desde el 2005 casi 11 puntos porcentuales.

Al presentar este nuevo estudio, el secretario de Salud, Adolfo Rubinstein, precisó: “Los datos son alarmantes si se tiene en cuenta que la obesidad entre adultos por autorreporte creció de un 20,8% a un 25,4% en tan solo 5 años. El hecho de que el indicador de sobrepeso se haya mantenido estable sólo expresa que un número significativo de personas que tenían sobrepeso pasaron a la categoría de obesidad, y que una proporción de quienes tenían peso normal pasaron a la categoría sobrepeso”.

Respecto al impacto del sedentarismo, la encuesta del 2018 relevó que hay más adultos con bajo nivel de actividad física (64,9 %) respecto al 2013 (54,7 %). El incremento de este indicador se vincula con el aumento de la obesidad.

DE QUÉ MUEREN LOS ARGENTINOS

ANTES DEL AÑO

DE QUÉ MUEREN LOS ARGENTINOS

DE 1 A 14 AÑOS

DE QUÉ MUEREN LOS ARGENTINOS

DE 15 A 34 AÑOS

DE QUÉ MUEREN LOS ARGENTINOS

DE 35 A 44 AÑOS

DE QUÉ MUEREN LOS ARGENTINOS

DE 45 A 64 AÑOS

DE QUÉ MUEREN LOS ARGENTINOS

A PARTIR DE 65 AÑOS

Un Sistema de Salud Fragmentado

En la Argentina, el derecho a la salud tiene rango constitucional, pero nuestro sistema sanitario es uno de los más fragmentados y segmentados de América Latina. Conviven el sector público, el sector privado (las prepagas) y las obras sociales.

Una de cada tres personas cuenta solo con el sistema de atención de salud público, que es brindado por centros sanitarios nacionales y provinciales. El sistema privado engloba a más de 100 empresas de medicina prepaga. Y finalmente, está la cobertura brindada por las obras sociales nacionales y provinciales que suman más de 300 y brindan atención sanitaria a los empleados registrados o en blanco.

Si bien el sistema de salud es universal, y los argentinos y extranjeros residentes pueden acceder en forma gratuita a los servicios ofrecidos por el sector público, persisten brechas importantes y asignaturas pendientes, especialmente en lo relativo a su calidad y a la disponibilidad de atención sanitaria de acuerdo a la región donde se habite. Así es como en la Ciudad de Buenos Aires hay 10,2 médicos y 7,3 camas por cada 1.000 habitantes, frente a 1,2 y 1,1 respectivamente en la provincia de Misiones.

“La Argentina adolece de lo que adolecen muchos países de la región que es el tener un sistema de salud fragmentado, en realidad, segmentado y con problemas de coordinación”, explica Rubinstein. “Hoy tenemos dos sistemas de salud. Uno para aquellos que tienen trabajo formal, con un seguro de salud, y aquellos que no tienen trabajo formal o registrado y tienen la cobertura del sistema público. La realidad es que el 100% de los argentinos tienen cobertura por los establecimientos públicos. Además, dos terceras parte de ellos tienen cobertura por obra social o prepaga. Hay una tercera parte de la población que tiene cobertura solamente por la que le brinda el sistema público, que habitualmente se da en las provincias o municipios. Los centros de salud y hospitales pertenecen a las provincias, en su gran mayoría. Nación tiene hospitales públicos e institutos, pero de altísima complejidad y están en la Ciudad de Buenos Aires”, precisa el secretario de Salud.

Con un gasto total en servicios de atención de la salud del 8,5% del PBI argentino (uno de los niveles más elevados de América Latina), la presencia del Estado nacional convive con la de los Estados provinciales y municipales que trazan un mapa irregular de salud: “Uno de los objetivos de la gestión que tiene el actual Gobierno es ampliar la cobertura efectiva en forma coordinada con las provincias para así ir cerrando esa brecha de inequidad que todavía existe. Eso se refleja en el gasto en salud muy variable, sino también impacta en las tasas de mortalidad infantil o las tasas de mortalidad por cáncer o enfermedad cardiovascular”, dice Rubinstein.

Esta brecha entre jurisdicciones se evidencia en los resultados de una encuesta realizada en el 2018 por la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires y el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina. Según este relevamiento, el 41% de la población del conurbano bonaerense se atiende en el sector público, mientras que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el 41% tiene medicina prepaga o plan privado, y solo el 14% se atiende en el sector público. En ambos lugares, cerca del 36% de la población tiene obra social o mutual.

La falta de equidad sanitaria se evidencia, por ejemplo, en la desigual distribución de las enfermedades que se desarrollan en la pobreza, como la tuberculosis o el mal de Chagas, que son mortales. La Secretaría de Salud calcula que en la Argentina más de un millón y medio de personas padecen Chagas, o sea, un 4% de la población. Y los afectados se concentran en el norte del país, en las casas levantadas sin reboque y con techos de paja o con corrales y gallineros cercanos donde vive la vinchuca, insecto transmisor del Mal de Chagas.

También se observan profundas desigualdades en relación con la tuberculosis: Salta, Jujuy y Formosa tienen tasas de 47,8, 47 y 39,2 por cada 100.000 habitantes, más del doble de la media nacional.

Las fuentes consultadas para esta investigación coinciden por mayoría en un diagnóstico: hay una salud para ricos y una salud para pobres. Y esta situación nace muchos años atrás: con el nacimiento de las obras sociales a mediados del siglo XX y se potencia con las desrregulaciones de Carlos Menem (libre elección de obra social y nacimiento de las prepagas). Así se fue conformando un sistema de salud fragmentado. Y más atrás en el tiempo también había una brecha en los accesos a la salud: quien tenía el dinero se costeaba tratamiento y médicos particulares, así tuviera que vender bienes para poder hacerlo.

“La salud pública es una gran mentira. Ni el Estado ni el mercado han encontrado una solución”, dice el médico jujeño Jorge Gronda, creador de Umana, un sistema de salud a bajo costo que ya funciona en las provincias de Salta y Jujuy.

“Umana sale 100 veces más barato que la competencia. Los médicos ganan 10 veces más que en la competencia, explica. “Mientras haya dos sistemas de salud, no hay sistema. Sueño con un único sistema de salud. Va a ser muy difícil cambiarlo, los negocios son la enfermedad y el miedo”, dice Gronda.

Leandro Cahn, director ejecutivo de Fundación Huésped, apunta en la misma dirección que Gronda: “El sistema de salud argentino necesita una reestructuración urgente. Está pensado más para la comodidad de los prestadores que para la comodidad de los pacientes. Se parece a un sistema darwiniano, donde sobrevive el más apto”.

“En nuestro país, hay una anarquía en nuestro sistema de salud, ya que hay una salud para ricos y otra para pobres. Debemos reducir esta desigualdad, que es una inmoralidad”, coincide el neurocientífico Facundo Manes, presidente de la Fundación INECO.

Secretaría / Ministerio de Salud de la Nación

El primer presidente que tuvo una cartera de Salud fue Juan Domingo Perón, quien designó en 1946 a Ramón Carrillo al frente de la Secretaría de Salud, que se convirtió en Ministerio en 1949. Un movimiento que la Argentina luego vería en sentido contrario en el 2018.

Durante la gestión de Carrillo, se erradicó el paludismo y desaparecieron casi en su totalidad la sífilis y otras enfermedades venéreas. Disminuyó el índice de mortalidad por tuberculosis; se redujo el índice de mortalidad infantil (pasó del 90 por mil al 56 por mil), se duplicó la capacidad hospitalaria (de 66.000 camas a 114.000 en cinco años), y se crearon innumerables centros de salud, hospitales y puestos sanitarios de frontera.

Es de Carrillo el primer plan de salud pública que tuvo la Argentina.

Otro de los grandes sanitaristas que tuvo la Argentina fue Arturo Oñativia, durante la presidencia de Arturo Umberto Illia. Al frente del Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública de la Nación (1963-1965), impulsó la ley de Reforma del Sistema Hospitalario Nacional y de Hospitales de la Comunidad, la creación del Servicio Nacional de Agua Potable y la Ley de Medicamentos, que le daba al medicamento un carácter de bien social al servicio de la salud pública.

Durante el gobierno de Mauricio Macri y en medio de una crisis presupuestaria, algunos ministerios pasaron a ser secretarías de Estado, entre ellos el Ministerio de Salud. Esta decisión fue muy criticada. La degradación del Ministerio a Secretaría también se vincula con el debate sobre la necesidad de un plan de salud pública para la Argentina a largo plazo, que se sostenga en el tiempo y que supere las coyunturas políticas, sociales y económicas.

“Lo que necesitamos en la Argentina es discutir qué sistema de salud queremos tener. Hoy existe un sistema de salud descentralizado. Hoy el ministro de Salud no tiene poder. Ni siquiera tenemos un ministerio de salud, tenemos una secretaría. No existe un plan de salud nacional. Necesitamos un plan estratégico de salud”, diagnostica Facundo Manes.

“Estamos discutiendo permanentemente la coyuntura. Es como si un médico estuviera concentrado en la fiebre del paciente o en la hemorragia, pero no presta atención a la enfermedad de base. Y en la Argentina nunca nos sentamos a discutir el problema de base. Lo que hay que hacer en salud es que el presidente decida encarar un plan serio, que tenga como prioridad el desarrollo humano y el conocimiento para el crecimiento del país. Son políticas públicas a largo plazo”, reclama Manes.

“Lo que está enfermo, más que los argentinos, es el sistema sanitario en conjunto. Un ejemplo de esto es el repliegue del Estado como ocurrió en la Argentina en los últimos años, donde su signo más evidente fue el paso en 2018 de Ministerio a Secretaría de Salud de la Nación. Si a eso se le suma que la madre de todas la enfermedades es la pobreza, el cóctel final es muy complicado. No hay ningún síntoma que permita anticipar que esta situación va a mejorar. De hecho, está pasando con la reaparición de algunas enfermedades como sarampión, sífilis congénita y más, que parecían haberse olvidado. O la falta de vacunas en varios vacunatorios del país, como la triple bacteriana, que son baratas y fáciles de conseguir”, señala Ginés González García, ministro de Salud de la Nación durante los gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.

“Es necesario asumir las funciones del Estado, garantizando la salud de los argentinos. Y coordinar las medidas en conjunto sin dejar a cada actor, sea municipio o provincia actuar como pueda, que en definitiva es lo que está pasando. Debe haber un programa nacional compartido dentro de la esfera oficial. Y dentro del no oficial, con los sistemas regulatorios controlados respecto a obras sociales y prepagas. Porque si no empieza a ser evidente cada vez más qué hay una salud de los ricos y otra de los pobres”, dice González García.

Adolfo Rubinstein, quien pasó de ser ministro de Salud a secretario de Salud, responde a las críticas y desmiente que el cambio haya implicado un deterioro en las prestaciones del sistema de salud pública: “No ha habido ningún cambio más allá de la decisión que fue tomada en un momento difícil. Fue una decisión política tomada en una contingencia especial. Yo soy optimista de que esto se revierta, pero la realidad es que no hay impacto en las políticas sanitarias o en los presupuestos”. Y adelanta lo que podría ser una primicia: “Sí me parece que lo simbólico no deja de ser importante, yo creo que salud debe ser un ministerio y supongo que volverá a serlo cuando pase este momento especial”.

“Los nuevos escenarios además de las enfermedades clásicas, atienden otros factores, como el cambio climático. Las enfermedades de contagio como son el dengue, el zika y el chikungunya tiene que ver con el contexto que estamos viviendo como el cambio climático, la deforestación, y muchas cosas más. Estamos trabajando con los países fronterizos para atacar el mosquito vector de las enfermedades. Porque el insecto no distingue las fronteras políticas. Cuando hay un brote en un país vecino, impacta en las provincias argentinas. Por eso debemos trabajar anticipadamente en términos de una prevención en las fronteras”, completa el Secretario de Salud.

Más vale prevenir

En septiembre del 2015, los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas  aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. La Argentina y los restantes países de la ONU se proponen alcanzar 17 objetivos para poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia, y hacer frente al cambio climático. El objetivo número 3 es Salud y Bienestar: “Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades”.

“Hay 2 grandes objetivos que están dentro de los Objetivos de Desarrollo Sustentable de la ONU: la ampliación de la cobertura universal (en la que estamos trabajando desde la Secretaría de Salud de la Nación) y la prevención de las enfermedades crónicas”, dice Adolfo Rubinstein.

“En la actualidad los argentinos, como las personas en el resto del mundo, padecemos enfermedades que no deberíamos tener, o muertes prematuras que no deberían acontecer, porque hay un gran déficit de medicina preventiva, es decir de educación sanitaria“, precisa Marcelo Melo, director del Hospital de Clínicas.

Las principales herramientas para asegurar la salud pública son: el acceso a agua potable, la extensión de las redes locales, la vacunación y la prevención primaria (esto es, la eliminación de los factores de riesgo que desencadenan enfermedades). En muchas, el rol del Estado es fundamental: las grandes obras públicas para extender el sistema de cloacas y la potabilización del agua, el acceso gratuito a las vacunas. Sin embargo, la prevención primaria depende de la acción conjunta de Estado y de los cuidados que cada persona asume sobre su salud.

“En el campo de la salud pública siempre pensamos que la promoción y la protección de la salud es el punto clave de atención sanitaria. Es lo que llamamos los médicos el punto preatogénico de las enfermedades, es decir antes de que se produzca una enfermedad. Esto trajo una gran cantidad de actividades positivas como la masiva vacunación. Este país tiene buenos indicadores de vacunación y un muy buen calendario vacunatorio”, explica el exministro de Salud Jorge Lemus (2015-2017).

Lemus agrega: “En el mundo, ha habido una transición demográfica y epidemiológica: en las primeras décadas del siglo XX, predominaban los contagios y las causas de muerte debido a las enfermedades infectocontagiosas”. Superada esa etapa con el desarrollo de vacunas y antibióticos, se logró entrar en una segunda etapa a mitad del siglo XX, en donde predominaron las enfermedades cardiovasculares. “Hoy en día vemos cómo suben las crónicodegenerativas, como tumores y salud mental. Hoy cada enfermedad que es reemplazada, lo es por otra de mayor costo”, dice Lemus.

Vida saludable para frenar una epidemia

Así como los avances de la ciencia y la tecnología alargaron la vida de la humanidad, la vida moderna trajo amenazas a la salud: la obesidad/mala alimentación, el exceso de alcohol, el sedentarismo y el tabaquismo. Estos malos hábitos son los principales factores de riesgo de las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT): la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la enfermedad renal.

Las ECNT son las responsables de la mayor cantidad de muertes en la Argentina (75 %)  y en el mundo (63 %). Son enfermedades de larga duración cuya evolución es generalmente lenta. Representan una verdadera epidemia que va en aumento debido al envejecimiento de la población y los modos de vida actuales que acentúan el sedentarismo y la mala alimentación.

Por el impacto que tienen en la salud pública, por las muertes prematuras que provocan y por que son prevenibles en gran medida, las políticas sanitarias recomendadas por la Organización Mundial de la Salud y que sigue el Estado argentino tienen a las ECNT en la mira. El cambio de hábitos hacia una vida saludable se impone como medida urgente y necesaria para detener la epidemia que representan estas enfermedades. Sin embargo, los índices de obesidad infantil en la Argentina (los más altos de la región), las tecnologías que nos tienen más tiempo sentados (pantallas en todas las edades) demandan acciones urgentes porque, de seguir así, las ECNT serán una amenaza mayor para los argentinos.

Agua potable

La Organización Mundial de la salud considera que el acceso a agua potable es el factor número 1 en la prevención de enfermedades evitables. “El acceso al agua es fundamental para tener una buena salud. Si uno por ejemplo, tiene que atacar todas las enfermedades infecciosas, no necesita plata para comprar muchos antibióticos. Tiene que destinar recursos para que la gente tenga acceso al agua potable y para que esté correctamente vacunada contra distintas enfermedades”, explica Marcelo Melo, director del Hospital de Clínicas.

“Si uno recorre el país y ve el acceso al agua potable que tienen las diferentes regiones, podés observar quién se preocupó o no porque los argentinos tengan una buena salud pública. Eso se puede medir. Esa decisión pasa por el Ministerio de Planificación, no el de Salud. Así, puede convertirse en el ministerio más importante para cambiar todas las estadísticas negras que hoy tenemos de cara al futuro”, subraya Melo. Y destaca: “Agua potable y vacunación cambian la salud de un país. En muchos países del mundo hay enfermedades erradicadas. O nunca tuvieron por ejemplo tuberculosis o enfermedades infecciosas. Y si vos observás por qué sucedió eso, te das cuenta de que no es porque tiene grandes hospitales o los mejores médicos del planeta. Es porque tienen un buen acceso al agua potable, están vacunados y se promueve la buena alimentación”.

El 17% de los argentinos no tiene acceso a agua segura y la mitad de la población no posee cloacas. “Los que no tienen acceso a agua segura hacen perforaciones y toman agua de napas. En los asentamientos informales urbanos sacan agua del mismo lugar donde tiran los efluentes y toman agua totalmente contaminada. Eso genera muchas enfermedades, que luego se ven en el hospital. En zonas más dispersas de la Argentina, donde hay otras fuentes de agua, como vertientes, juntan agua de lluvia o toman de los arroyos y los ríos, es agua que muchas veces está turbia o que se pudre en los recipientes donde la acumulan. El agua no segura es la segunda causa de muerte de niños en América latina. Necesitamos parar esta situación con el simple hecho de lavarse las manos”, explica Nicolás Wertheimer, médico y fundador del proyecto Agua segura.

El hábito de lavarse las manos antes de comer y preparar alimentos y después de ir al baño junto al tratamiento del agua no potable antes de su consumo son claves para preservar la salud.

Vacunas

La vacunación se ha convertido en uno de los mayores logros en la reducción de la mortalidad infantil. Y es que el 30 por ciento de las muertes de niños menores de 5 años pueden prevenirse con un gesto tan simple como aplicarles una vacuna.

En diciembre del 2018, se sancionó la nueva Ley de Vacunas que establece la gratuidad en el acceso a los servicios de vacunación “con equidad social para todas las etapas de la vida”; la obligatoriedad de aplicarse las vacunas para todos los habitantes; y la prevalencia de la salud pública por sobre el interés particular, entre otros principios.

Implementada la ley, el Calendario Nacional de Vacunación será requerido a todas las personas para realizar trámites tales como el ingreso y egreso del ciclo lectivo; los exámenes médicos por trabajo; la tramitación o renovación del DNI, pasaporte, residencia, certificado prenupcial y licencia de conducir; y la tramitación de asignaciones familiares.

Así, nuestro calendario nacional de vacunación cuenta con 18 vacunas para todas las poblaciones, que deben aplicarse desde los primeros días de vida hasta la adultez, y dos más exclusivas para las personas que viven en zonas de riesgo (fiebre amarilla y fiebre hemorrágica argentina). El Estado nacional las otorga en forma gratuita en centros de salud y hospitales públicos.

“La vacunación es una responsabilidad de todos y excede al ámbito de la salud para favorecer el acceso de esta herramienta en la sociedad. Es por eso que la población tiene que poder acceder a las vacunas. Se debe instalar el concepto de vacuna como derecho y responsabilidad, con un rol rector del Estado en cuanto a la disponibilidad y acceso”, explica doctora Carla Vizzotti, presidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE).

Vizzotti destaca el descenso en las enfermedades que hubo en Argentina a medida que se fue ampliando el calendario de vacunación: “El último caso de polio en el país es de 1984, el de sarampión es de 2000, el de difteria es de 2006, el último grave de tétanos neonatal es de 2007 y el de rubéola es de 2009. Además, desde 2005 bajó más de un 90% la incidencia de hepatitis A, y ya no hay trasplantes de hígados vinculados con esta enfermedad”.

La Sociedad Argentina de Inmunología, la Sociedad Argentina de Infectología y la Fundación Huésped destacan que “el solo hecho de que un niño pueda quedar desprotegido por falta de vacunación representa un peligro social, ya que no solo él queda vulnerable sino que también pone en riesgo a sus semejantes al no contribuir a la inmunidad general de la población”.

“Con la vacunación se evitan muchas enfermedades transmisibles como sarampión, polio, rubéola, tuberculosis. Son enfermedades controladas, pero que suelen resurgir por distintos factores. Estamos en un mundo interconectado donde no existen fronteras. Si Argentina tiene un buen plan de vacunación pero los países limítrofes no lo tiene y existe un movimiento de masas importante como un mundial o la venida del Papa o de un grupo de música, es posible que mucha gente se contagie de patologías controladas”, afirma Marcelo Melo, director del Hospital Clínicas.

Con un calendario de vacunación tan completo como el argentino, universal y gratuito, la principal amenaza son los padres “antivacunas”, que se niegan a vacunar a sus hijos por diversas razones, entre ellas una investigación de 1998 que vinculaba las vacunas al autismo. Ya se demostró la falsedad de esa teoría, sin embargo, el mito persiste.

Vizzotti explica que en el 2011 tuvimos en Argentina la mayor tasa de mortalidad por gripe. Y tos convulsa. Murieron 72 bebés. Entonces, comenzó un programa de vacunación en embarazadas, y logró que las muertes en 2016 bajaran a 6. A Vizzotti la inquieta la posibilidad de que la difteria y el sarampión vuelvan a aparecer en el país, como sucede en Venezuela y algunos países europeos en la actualidad.

“Entre los antivacunas podemos identificar dos grupos: los que son muy poco permeables a la discusión, y a quienes no vamos a lograr que cambien de parecer y los padres que escuchan sus argumentos y se preocupan. A estos últimos tenemos que explicarles que las vacunas tienen un proceso de estudio para su registro muy exhaustivo debido a que se aplican a población sana y que si bien todos los fármacos tienen posibilidad de desarrollar un evento adverso, siempre el beneficio es más alto que el riesgo”, recalca Vizzotti.

Dos hechos recientes han levantado las alertas respecto a la vacunación en la Argentina, por un lado, la aparición de casos de sarampión y, por el otro, las denuncias de faltantes de vacunas. La Dirección Nacional de Epidemiología y Análisis de Situación de Salud, perteneciente a la Secretaría de Gobierno de Salud, emitió a mediados de abril, una alerta epidemiológica tras la confirmación de un nuevo caso de sarampión en el país. Con el último un rosarino de 36 años que habría tenido contacto en un vuelo de una aerolínea comercial el 16 de marzo con un turista a quien luego se le confirmó sarampión, suman 4 los notificados en lo que va del 2019 en la Argentina.

En la Argentina, el último caso endémico de sarampión se registró en el 2000 y el último fallecido por esta causa fue en 1998. La región de las Américas fue la primera y única del mundo declarada libre de sarampión en el 2016. Sin embargo, la situación epidemiológica reportada a nivel global y, particularmente, en algunos países de la región vuelve a poner en alerta a los especialistas sobre una enfermedad que se creía controlada.

Respecto a la disponibilidad de vacunas, a la interrupción de la entrega de las dosis de la vacuna contra el meningococo de los 11 años desde agosto pasado, la Dra. Carla Vizzotti, presidente de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE), señala que “se le agregó faltante de vacuna contra el meningococo para lactantes de 3, 5 y 15 meses y de otras vacunas que son entregadas en forma irregular y en menor cantidad contra el VPH, varicela, triple viral, rotavirus, Sabin y Salk”.

“Las provincias notificaron que están recibiendo en cantidades menores que las planificadas y en forma irregular y eso impacta realmente de forma impactante en lo que es la planificación de las acciones de vacunación de las provincias, que son las que tienen que implementar la vacunación”, asegura Vizzotti, para quien “esto desgasta muchísimo al equipo de salud, así como la confianza de la población en el sistema de salud, ya que si bien hay muchos factores por los cuales las coberturas pueden estar bajando, la verdad, que alguien se acerque a un vacunatorio y no estén las vacunas que deben ser provistas por el Estado nacional es una oportunidad perdida inadmisible en nuestro país”.

Ante estas alarmas, vale tener en cuenta las palabras del exministro de Salud, Jorge Lemus: “Las vacunas han mejorado la expectativa y calidad de vida del ser humano. Y su inversión es la más efectiva en cuanto a costo y beneficio“.

Educación sexual

Las tasas estables de contagio de VIH y la tasa de embarazos adolescentes señalan la necesidad de reforzar la educación sexual de la población, ya sea dentro del sistema escolar a través de la Ley de Educación Sexual Integraly fuera de él.

  • HIV

La Argentina es el país de América Latina con mayor cantidad de nuevos casos de VIH por año. Cada 365 días, 6.500 personas reciben la noticia de que son portadoras del virus. Y de ellas, el 30% llega al diagnóstico de manera tardía, según cifras del Boletín Integrado de Vigilancia Epidemiológica.

El 98% de las personas que contrajo VIH en el 2017 se infectó mediante relaciones sexuales sin protección de un preservativo, según informó la Secretaría de Salud de la Nación. Y 2 de cada 10 diagnósticos se dio en menores de 25 años.

Leandro Cahn, director ejecutivo de la Fundación Huésped, afirma que la Argentina tiene una “epidemia estable de VIH y hace falta prevención primaria y secundaria”.

“Estamos fallando en la prevención y en la retención de los pacientes en el tratamiento. Se necesitan políticas públicas para prevenir contagios y que combatan la discriminación de los infectados. Hay que disminuir el estigma y la discriminación, también sirve para que más gente se haga el test”, dice Cahn. Su campaña para que más gente se haga el test de HIV se explica porque el 30 % de los infectados en la Argentina desconocen su condición.

“Nadie debería infectarse de HIV por no poder comprar preservativo”, dice Cahn. Es que “el preservativo es el único método que, usado correctamente en todas las relaciones sexuales (anales, vaginales, orales), previene las infecciones como VIH, sífilis o gonorrea, entre otras”, tal como especifica la Dirección de Sida, Enfermedades de Transmisión Sexual, Hepatitis y Tuberculosis.

En la Argentina, los preservativos se entregan sin costo en hospitales, centros de salud y otras instituciones que entregan los insumos del programa nacional para prevenir las enfermedades de transmisión sexual. De hecho, la Secretaría de Salud lanzó un mapa virtual para consultar dónde se pueden retirar los preservativos gratis.

Que las tasas de contagio de HIV no desciendan demuestra que el acceso gratuito a los preservativos no es suficiente. Es necesario comunicar y difundir la importancia de usar preservativo (Ver campañas de prevención).

“Todos los indicadores muestran una tendencia ascendente de las infecciones de transmisión sexual (ITS), tanto en población general como en embarazadas y congénitos”, anuncia el último informe epidemiológico anual.

  • Embarazo adolescente

Otro de los grandes problemas que tiene nuestro país y que en gran medida se podría prevenir mediante una estrategia integral es el embarazo adolescente. Mientras que en la Argentina desciende la natalidad, la tasa de nacimientos en mujeres menores de 19 años se mantiene estable.

La tasa de natalidad promedio en la Argentina bajó de manera constante en los últimos 20 años (de 20,5 cada mil habitantes en 1995 a 17,3 en 2015, según el Banco Mundial), sin embargo, en  mujeres menores de 19 años se mantuvo en 14 % (casi 100 mil casos por año) en los últimos 15 años.

Cuanto más jóvenes son las mujeres, más riesgoso es el embarazo para ellas y mayor es también la mortalidad infantil. Un dato central en el análisis es que a medida que desciende la edad de las mujeres que cursan embarazo más probabilidades hay de que haya sido resultado de una violación. Por eso, los embarazos en la adolescencia temprana (10 a 14 años) demandan con urgencia un abordaje exclusivo.

En el 2017, se lanzó el Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (ENIA) que incluye un spot que circuló en TV en el 2018, a cargo de los Ministerios de Educación y Desarrollo Social, la Secretaría de Salud y la Fundación Cippec.

Cerebro

“Los trastornos cerebrales son una de las mayores amenazas para la salud pública y deben considerarse uno de los principales desafíos mundiales de la salud del siglo XXI por su impacto humano, médico, social y económico”, asegura Facundo Manes y agrega: “El Alzheimer es una enfermedad progresiva para la cual no hay cura y que su mayor factor de riesgo es la edad. Por lo tanto, a mayor edad o expectativa de vida, hay más Alzheimer”.

“El costo de las enfermedades del cerebro es enorme ya que implica un costo humano, social, médico, político y económico. El Alzheimer es una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre los adultos mayores. Por esto, hay una alta proporción de personas que necesitan ayuda para desarrollar sus actividades diarias y requieren supervisión, incluso durante todo el día. No sólo están afectados los pacientes, sino también sus cuidadores, lo que duplica o triplica el número de los llamados otros enfermos”, aclara Manes.

Una población que envejece, como la argentina, no marcha inexorablemente hacia las enfermedades cerebrales, hay formas de prevenirlas que Manes enumera: “Esto se previene con el incremento de más vida social. Estar más activos y vinculados. La soledad crónica es un factor de riesgo de mortalidad más importante que el alcoholismo o la obesidad. Es preciso reforzar los vínculos humanos, estar conectados cara a cara. También hacer deportes, ya que mejora las conexiones neuronales, baja la ansiedad, el estrés, refuerza el pensamiento creativo. Alimentarse en forma sana, con una dieta rica en pescados, frutas y verduras”.

Campañas de prevención

Para que la sociedad abandone hábitos nocivos para su salud o incorpore hábitos saludables, hay que articular acciones. Por ejemplo, para combatir al tabaquismo se prohibió fumar en espacios cerrados, se impusieron impuestos al cigarrillo, se obligó a las tabacaleras a poner advertencias escritas y gráficas en los atados y se prohibió la publicidad de cigarrillos en medios de comunicación. Todo esto, gracias a la sanción en el 2011 de la Ley Nacional de Control de Tabaco.

Sin embargo, para que menos adolescentes se inicien en el consumo de tabaco y para que más personas abandonen el cigarrillo es necesario impulsar la responsabilidad individual sobre la salud. En ese punto, las campañas de prevención en medios masivos de comunicación, en redes sociales, surgen como una herramienta eficaz y necesaria para llegar a muchas personas al mismo tiempo.

Así como las bebidas cola publicitan todo el año y en todos los medios y plataformas sus productos, también así deberían sostenerse las campañas de promoción de la salud para que sean eficaces. Para eso se necesita un plan a largo plazo, una estrategia de comunicación y recursos.

Campañas argentinas que quedaron en la memoria colectiva

Fleco y Male (1997). Secretaría de Prevención para la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) > Dos adolescentes hablaban con el Dr. Alfredo Miroli en spots televisivos y concluían: “Drogas, ¿para qué?”

“Tranqui, 120” (1999). Esta campaña de la Asociación Civil Luchemos por la vida para prevenir siniestros viales instaló frases en la cultura popular: “Me arruga la ropa”, “lo que dé”, “Buenos Aires – Mar del Plata, ¡dos horas y media!”.

Campañas en el mundo

Póntelo – pónselo (1990). Una campaña del gobierno español dirigida a adolescentes para promover el uso del preservativo. Más tarde, en 1995, el cantante Machito Ponce lanzó un tema que rápidamente se convirtió en un hit.

Formas tontas de morir (2012). Un video animado con personajes muy simpáticos ilustra con humor negro situaciones que terminan en tragedia. Con un tema súper pegadizo “Dumb ways to die” y una estética atractiva, esta campaña de la empresa ferroviaria de Melbourne (Australia) fue un éxito internacional. Tan así que se convirtió en videojuego.

¿Cómo serán tus últimos 10 años de vida? (2013). Este video de la Heart and Stroke Foundation, entidad canadiense para la prevención de enfermedades del corazón y accidentes cerebrovasculares, habla en imágenes. Las voz en off anuncia: “El canadiense promedio pasa sus últimos años de vida enfermo. Hacé que tu salud dure”.

La importancia de las campañas

“Se debe alcanzar a toda la población. Para eso, se requieren grandes inversiones para contemplar amplias y duraderas campañas que lleguen a más cantidad de gente. La mayoría del gasto en salud va destinada a la atención de los enfermos, por lo que queda poco dinero para la promoción y prevención”, explica Jorge Lemus, ministro de Salud de Macri, anterior a Rubinstein.

El problema de la promoción y protección es el escaso presupuesto que siempre tiene. En economía, los bienes de salud se llaman meritorios. Cuánto más me puedan dar, mejor. Nunca alcanzan”, dice Lemus y sostiene que los recursos deben ir a la educación, con la escuela como puerta para la formación de personas que saben cómo cuidar su salud. “¿En qué Argentina debería invertir más? En la educación escolar, que es cuando se forman los hábitos humanos. Allí se juega la alimentación y las adicciones, por ejemplo. Esa educación tiene una trascendencia mayor, ya que el niño lleva ese hábito a la casa o a su comunidad. Hay que intervenir los programas educativos de salud. La educación para la salud es un punto clave”, dice el exministro de Salud.

“Debemos promover un círculo virtuoso de la salud, con un paciente educado, el médico que lo revisa y le estimula los controles, el diagnóstico precoz, la curación de la enfermedad y el bajo costo que todo esto conlleva. En la otra vereda, tenemos el círculo vicioso, con personas no educadas en sus hábitos de vida, el médico que no hace buenos controles, la enfermedad avanzada y el paciente finalmente muere después de que el sistema de salud público o privado tenga que gastar mucha plata”, enfatiza Melo. Y concluye: “El pase de un círculo al otro es una cuestión de educación. Y la misma hay que hacerla mediante medios masivos de difusión, campañas agresivas donde se apunte a varias patologías”.

Campañas nacionales del 2013 al 2018

En la Argentina, solo se sostuvo una campaña en los últimos seis años: dengue-zika-chikungunya. Del 2013 al 2018, la lucha contra el mosquito Aedes fue la que más dinero recibió para campañas: $ 482.770.667 y fue el único tema que se repitió cada año. Todas los demás temas de campañas aparecen de forma esporádica en el periodo analizado. Por ejemplo, se invirtieron $52.083.236 en el 2013 en las campañas contra el tabaquismo, pero no hubo otra campaña en los años siguientes para una de las principales causas de muerte y enfermedad en la Argentina.

Si miramos el periodo 2013-2018 —que atraviesa los últimos tres años de gobierno de Cristina Fernández y los tres primeros años de Mauricio Macri— son muchos los temas de campañas de prevención de enfermedades que no se sostienen en el tiempo. Lo que ocurre con tabaquismo, se repite con HIV. Se asignaron $22.823.328 en el 2014 para campañas nacionales y nada más antes ni después, cuando la Argentina es el país de América Latina con mayor tasa de contagio de HIV.

Además de no repetirse, también sucede que los montos invertidos en campañas a veces son muy bajos. Para cáncer de mama, el que más muertes de mujeres provoca, se asignaron $273.542 en el 2017. Ni antes ni después hubo campañas nacionales sobre cáncer de mama.

Por otro lado, cuando temas de salud se instalan en la opinión pública, aparecen campañas que dan respuesta a la coyuntura, pero que no forman parte de un plan de comunicación a largo plazo. Por ejemplo, en el 2018, se lanza la única campaña en el periodo analizado para embarazo no intencional adolescente con un monto de $ 66.029.798. Coincide con el debate sobre la despenalización del aborto y la ley de educación sexual integral. Hace 15 años que la tasa de embarazo adolescente en la Argentina no desciende, mientras que la tasa de natalidad general sí lo hace.

Otro campaña que parece explicarse por la coyuntura es la de donación de órganos. La única vez que aparece es en el 2017. Ese año la campaña por un corazón para Justina Lo Cane se instaló en los medios de comunicación. Justina, de 12 años, murió el 22 de noviembre de 2017, a la espera de un trasplante de corazón.

En la Argentina, durante la gestión macrista, la estrategia comunicacional, la creatividad y la pauta en medios de las campañas de prevención las define la Secretaría de Comunicación Pública de Jefatura de Gabinete de Ministros.

De Tita Merello a Santiago del Moro, comunicadores al frente de campañas

Ante la falta de sostenimiento en el tiempo de las campañas de promoción de la salud, algunos comunicadores impulsaron cuidados a modo personal.

“Muchacha, hacete el Papanicolau”, insistía Tita Merello en sus apariciones televisivas en los ‘80. La cantante y actriz, la intérprete más conocida del tango “Se dice de mí”, fue la principal promotora del PAP, el control ginecológico que realizado periódicamente detecta lesiones causadas por el virus del VPH. Fue un PAP el que le salvó la vida en 1980. A partir de los resultados del examen, la operaron en el Hospital de Clínicas, luego le hicieron radioterapia y salió de peligro.

El cáncer cervicouterino se puede prevenir y la herramienta más económica y accesible para la prevención es el PAP, que se realiza en la consulta ginecológica. El principal problema en la Argentina es que pocas mujeres se hacen el PAP periódicamente, por eso, el recordatorio de Tita Merello era tan importante.

En la televisión argentina del siglo XXI, Santiago del Moro se puso frente a otra campaña: el uso de preservativo. En Intratables, el programa que condujo hasta fines del 2018, era habitual su cierre: “Usá forro, como nadie lo dice, te lo digo yo”. Del Moro aprovecha, como Tita Merello, su espacio en los medios y en las redes sociales para empujar un tema que se quedó sin campañas nacionales hace tiempo.

“¿Ahora vos viste alguna campaña de prevención con el uso de preservativos? Cuando yo era un pendejo y trabajaba en Much Music me denunciaron por eso, porque llevaba una sexóloga y nos explicaba a todos los pendejos cómo ponernos un forro. Desde que yo soy pibe, nunca más hubo una campaña”, decía el año pasado Del Moro en una entrevista.

Dime dónde vives…

Adolfo Rubinstein, secretario de Salud de la Nación, explica las distancias entre los índices de salud de las provincias: “En cáncer colorrectal, hay diferencias de hasta 5 veces en tiempo de diagnóstico, entre provincias ricas y pobres. Y en cáncer de mama, también. Esto es debido a determinantes sociales, a la oportunidad y la consulta temprana, a que los profesionales en los centros de salud reconozcan el problema, a que existan o estén en correcto estado los equipos y máquinas para realizar estudios preventivos. Que se lean los resultados y que el profesional haga correctamente el triage [método para organizar la atención de las personas según sus necesidades y los recursos existentes] para que el paciente sea remitido rápidamente a un centro de atención sanitario y comience su tratamiento lo antes posible. Se trata de una cadena de valor que empieza en los procedimientos de tamizaje, por ejemplo, que las mujeres en edad productiva se hagan un Papanicolaou o un test de HPV. Eso se debe generar con campañas, más recursos, tableros de indicadores que reporten las distintas situaciones”.

Cáncer de mama y cáncer cervicouterino: las diferencias entre provincias

“Todos los años mueren 9.000 mujeres de cáncer de mama y cáncer de útero. Sabemos cómo hacer para evitar esas muertes”, dice el médico Jorge Gronda. Gronda conoce de cerca estas cifras: comenzó a armar lo que hoy es el sistema de salud Umana cuando Rosario Quispe, líder kolla de Abra Pampa, le pidió ayuda para prevenir el cáncer de cuello de útero, una causa frecuente de muerte en mujeres jóvenes de la Puna.

Si bien el cáncer de mama es la primera causa de muerte por cáncer en mujeres en la Argentina y el cáncer cervicouterino, la segunda, las desigualdades entre provincias provocan que las tasas de mortalidad sean diferentes según de qué provincia se trate.

Cáncer de mama: San Luis y Santiago del Estero en los extremos

San Luis tiene la tasa de mortalidad por cáncer de mama más alta del país: 21 casos por cada 100.000 mujeres. Santiago del Estero, la más baja: 10.8 casos cada 100.000 mujeres, según datos del Instituto Nacional del Cáncer.

Si bien las autoridades provinciales de San Luis, no respondieron a qué atribuyen tener la tasa más alta de cáncer de mama del país, sí informaron la compra de tres tomógrafos digitales con tomosíntesis, que se están instalando en los hospitales de San Luis, Villa Mercedes y Merlo (Madre Catalina Rodríguez). Estos tres equipos se sumarán a los ya existentes en la Maternidad Dra. Teresita Baigorria (Ciudad de San Luis) y el Hospital La Pedrera (Villa Mercedes).

“No solo hacen falta mamógrafos, sino tener personal idóneo que los sepa manejar e interpretar. Y San Luis tiene un déficit al respecto. Uno suele ver irregularidades en las mamografías que no son correctamente informados”, explica Mirta Escudero, presidenta de la Asociación de Ginecología y Obstetricia de San Luis y agrega. “No pasa por que el mamógrafo sea digital o analógico, el tumor se ve en los dos. El problema es que no hay médicos que sepan interpretar”.

Por su parte, Santiago del Estero cuenta con 13 mamógrafos: 5 digitales y 8 analógicos.

Los mamógrafos son esenciales porque permiten detectar el cáncer de mama en su fase asintomática, cuando todavía la lesión no es palpable, por lo cual, es posible recurrir a mejores posibilidades de cura, con tratamientos menos agresivos que los que se realizan cuando el cáncer está más avanzado. De acuerdo a un informe de la revista The Economist, la cobertura del examen mamográfico llega solamente a 46% de las mujeres argentinas, cuando lo recomendable por la OMS es que alcance por lo menos al 70% de la población.

En el caso de La Pampa, pasó de tener 2,97 mamógrafos cada 10.000 habitantes en el 2010 a tener 7,76 mamógrafos cada 10.000 habitantes en el 2018. El sistema de salud pública provincial cuenta con 5 mamógrafos públicos, 4 analógicos y uno digital. Por otra parte, para llegar a la población alejada de los centros urbanos tiene un mamógrafo móvil.

Cáncer cervicouterino: Misiones y La Pampa en los extremos

El cáncer cervicouterino refleja con  máxima crudeza la desigualdad social en salud. Ocupa el segundo lugar entre los tipos de cáncer más comunes entre mujeres a nivel mundial y es la segunda causa de muerte por cáncer en mujeres entre 35 y 64 años, a pesar de que la enfermedad puede prevenirse casi por completo gracias a los conocimientos y tecnologías actualmente disponibles. Afecta principalmente a las mujeres de bajo nivel socioeconómico, socialmente vulnerables, que no acceden a los servicios de tamizaje que se realizan con el PAP o Papanicolaou, un estudio de rutina cuyo objetivo es evaluar el cuello del útero para descartar la presencia de células anormales (“atípicas”), que se observan en lesiones precancerosas.

Según cifras de la Secretaría de Salud publicadas en el Boletín Oficial, el cáncer cérvicouterino es la segunda causa de muerte en el país por cáncer en mujeres entre 35 y 64 años. En la Argentina se diagnostican alrededor de 4.000 casos nuevos por año de cáncer cérvicouterino, y mueren 1.800 mujeres por año por esta enfermedad.

El cáncer cervicouterino se puede prevenir: con el PAP para detectar lesiones precancerosas, con el test de HPV (que permite que los chequeos no sean tan frecuentes como con el PAP) y con la vacuna contra el VPH.  

La vacuna contra el  virus del papiloma humano (VPH) se incorporó en el 2011 al Calendario nacional obligatorio para niñas de 11 años, y desde el 2017 para los niños de 11 años. El VPH es una infección de transmisión sexual, que genera varios tipos de cáncer cervical.

Esta vacuna puede prevenir la mayoría de los casos de cuello uterino si se aplica antes de que el niña o la mujer se exponga al virus. Además, esta vacuna puede prevenir el cáncer vaginal y vulvar en las mujeres, y puede prevenir las verrugas genitales y el cáncer anal en mujeres y hombres. Asimismo, ciertos tipos de VPH se vinculan con el cáncer de boca y garganta, de modo que la vacuna contra el VPH también ofrece algún tipo de protección contra estos carcinomas. Se trata de un virus sumamente contagioso por contacto directo. De hecho, el 50 al 80% de las mujeres ha tomado contacto con el HPV alguna vez en su vida.

La mayoría de las mujeres que se contagia padece una infección transitoria. Cuando la misma es persistente (5%), puede desarrollar lesiones “precursoras” del cáncer si son de alto grado. Aparecen unos 10 años antes que el cáncer en sí mismo, por lo que es de suma importancia la realización de chequeos médicos de rutina para identificar con tiempo un futuro tumor y tratarlo antes de que se desarrolle.

Según datos del Instituto Nacional del Cáncer, Misiones tiene la mayor tasa de mortalidad por cáncer cervicouterino: 14,7 casos cada 100.000 mujeres. Desde el 2014, se realiza en la provincia el test de VPH y cuenta con móviles sanitarios “Misiones te cuida”, que recorren el territorio y realizan PAP y tests de VPH, entre otras prestaciones médicas.

La Pampa, que tiene la tasa de mortalidad por cáncer cervicouterino más baja del país (3,04 casos cada 100.000), lleva adelante un programa de prevención de cáncer de cuello uterino, que convoca a que las mujeres de entre 35 y 64 años se acerquen a los centros de salud a realizarse el Papanicolaou.

Incluso han surgido alternativas para que más mujeres se acerquen a hacerse el Papanicolaou: “Sábados de PAP” fue pensado por el área programática del Hospital Centeno de General Pico. Los sábados de 8.00 a 12.00 de la mañana realizan PAP gratuitos (sin turno y sin orden médica) en forma rotativa en dos centros de salud equidistantes. La convocatoria se hace con entrega de volantes en la semana casa por casa y la difusión en medios. Los sábados la asistencia cuadruplica la que reciben en los consultorios de lunes a viernes.

“No difunden la existencia del test de HPV. Está el método para terminar con el cáncer que mató a Eva Perón”, dice Jorge Gronda y señala: “Se mueren las mujeres pobres, tenés la tecnología para prevenir, pero no lo hacen”. El test de VPH se implementó por primera vez en el 2011 en la provincia de Jujuy, por sus altas tasas de mortalidad por cáncer cervicouterino y fue extendiéndose al sistema de salud público de otras provincias (Misiones, Catamarca, Neuquén y Tucumán). Este test resolvería el problema de que pocas mujeres en la Argentina se hacen el PAP en forma periódica, ya que es un test de alta sensibilidad y con un alto valor predictivo negativo, lo que permite espaciar el intervalo del tamizaje.

En Santiago del Estero, aún no se ha implementado el test de HPV en el sistema de salud pública. Sí se han aumentado los centros de toma de PAP, que pasaron en el 2018 de ser 127 a ser 140. Por otra parte, disminuyó la tasa de muestras insatisfactorias, que eran el 6,02 % en el 2011 y bajaron al 3 % en el 2018.

Los casos de Río Negro y Chubut

“La actual gestión pretende establecer las bases para cumplir con el servicio que se presta a lo largo y ancho de la provincia, mejorar las prestaciones y llegar tanto a la ciudad más grande de la provincia y sus habitantes, como a los rionegrinos que viven en alejados parajes de la misma forma”, indican desde el gobierno de Río Negro.

El sistema provincial brinda atención integrada en promedio al 55% de los habitantes que no poseen cobertura médica y esta cifra asciende al 99,2% en algunas regiones donde la población solamente cuenta con el sistema público para la protección de su salud. El sistema de salud pública de Río Negro cuenta con 9 mamógrafos: 7 digitales y 2 analógicos.

Campañas de prevención en Río Negro

Desde 2013 a 2018 se realizaron en Río Negro todas las campañas del Ministerio de Salud de la Nación, como así también las campañas provinciales que elaboraron los equipos técnicos del Ministerio de Salud de la provincia.

En cuanto a las campañas propias de la provincia, se abordaron los siguientes temas en el periodo 2013-2018: cáncer de mama, alimentación saludable, actividad física, prevención de cáncer de piel, sarampión y rubéola, enfermedades de transmisión alimentaria ETA, Síndrome Urémico Hemolítico, uso del preservativo, lavado de manos, golpe de calor, hantavirus, neumococo, remediación plomo San Antonio Oeste, salud bucal, hábitos saludables, PAP, Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), Infecciones de Transmisión Sexual (ITS)  donación de órganos, tenencia responsable de mascotas, rabia, gripe, lactancia materna, leptospirosis, marea roja, hidatidosis, psitacosis, VPH, calendario de vacunación, tuberculosis, riñón.

Chubut, con cifras que no mejoran

“La mortalidad por CCU (cáncer de cuello uterino) es una de las principales causas de muerte por tumores entre mujeres, si bien es una patología evitable, ninguna de las acciones implementadas en los últimos 20 años han sido efectivas para reducir de manera significativa la mortalidad por esta enfermedad en Chubut”, informa Maite Stemberg, directora provincial de Promoción y Prevención de la Salud.

Si bien Chubut no está entre las provincias con mayor tasa de cáncer cervicouterino, desde el Poder Ejecutivo provincial reconocen que no han podido mejorar las estadísticas: solo el 38% de las mujeres vulnerables bajo tutela (definidas por una escala socioeconómica) poseen cobertura de PAP al día (porcentaje que no se ha podido revertir en los últimos 5 años). Y la cobertura de vacuna HPV (virus del papiloma humano) en niñas vulnerables es menor al 35%, con muy baja cobertura en segunda dosis, según el informe sociodemográfico 2018 de las trabajadoras comunitarias de salud en terreno.

Estas dificultades se las atribuyen a la ausencia de un referente ministerial dedicado exclusivamente al abordaje de las patologías oncológicas: “situación que nos encontramos en proceso de reversión. Actualmente los programas de cáncer cervicouterino, de mama y colón pasaron a formar parte de los programas que tiene a su cargo la Dirección de Promoción y Prevención de la Salud, por lo que estamos buscando un referente que pueda avocarse a llevar desarrollar los programas”.

Conclusiones

La salud es un derecho fundamental para el ser humano y debe ser garantizado por los Estados. La salud es el motor de un país para su desarrollo, crecimiento y futuro sostenible.

Una población sin salud no es productiva ni próspera y jamás tendrá un bienestar pleno. Y un país que no hace prevención en la salud en el presente y con planes a mediano y largo plazo, jamás alcanzará un estatus de desarrollado.

“Las transformaciones en los sistemas de salud en los últimos tiempos han generado que se duplique la expectativa de vida en el mundo y esto ha impactado no solamente en las enfermedades sino también en el desarrollo humano. Hoy tener buena salud impacta en la economía de un país, en la cohesión social, en el futuro del trabajo y en la prosperidad de las naciones. El primer paso que haría es cambiar el esquema mental que aboga que la salud es solo un tema de enfermedades. Hoy es también muy importante la prevención y la búsqueda del desarrollo económico de un país”, afirma Facundo Manes y agrega: “La salud está interconectada con otros sectores como lo es la educación. La gente que tiene mejor salud, se educa más. Y la gente que tiene mejor educación, tiene mejor salud”.

Los avances científicos y tecnológicos nos han dado más años de vida, pero el ritmo acelerado de la innovación demanda una inversión gigantesca. El exministro de Salud de Macri, Jorge Lemus, explica que el surgimiento en los últimos cinco años de la medicina preventiva personalizada, con el estudio del genoma humano, vino a complicarlo todo por los altos costos que tiene.

Ginés González García, ex ministro de Salud de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, coincide con Lemus: “Nunca hubo tanta innovación en salud. Hoy, cada 13 meses, se duplica el conocimiento biológico de la salud. En 5 años se acumula el conocimiento que durante siglos no ocurrió (…) El enorme costo de la innovación está siendo imposible de pagar en varios países del mundo, inclusive los desarrollados. Se tienen que diseñar las políticas para que no haya una salud de ricos y otra de pobres”.

Para Ginés González García, el Estado tiene que sentirse responsable de brindar una buena salud a sus habitantes: “Si hay algo que un país debe cuidar del pobre es su salud, porque cuando la pierde, se le anula la posibilidad de reincorporarse al sistema laboral. En el 2003, hicimos una política muy fuerte en salud, con el programa Remediar y de acceso integral de la salud. La respuesta del gobierno ante el crash socioeconómico fue contundente en cuanto a las políticas activas de salud. Hoy, eso no se da”.

Cuidado recíproco de la salud

Así como el Estado debe procurar una buena atención sanitaria a toda su población, las personas también deben cuidar su salud.

“Cuidarnos debe ser una prioridad. Desde dejar de fumar, tener menos accidentes de tránsito ya que los mismos son una gran causa de pérdida de cantidad y calidad de años de vida. Tener una buena alimentación sana. Pero el problema también allí es que es más cara que la enorme oferta que da la mala alimentación, que naturalmente es más accesible para las clases que menos tienen”, sostiene Ginés González García.

La prevención es responsabilidad de todos

La prevención de enfermedades depende de las acciones del Estado, de la responsabilidad individual y también del rol de los médicos. “La universidad te enseña a operar no a prevenir. El médico espera el cáncer. Sos el héroe cuando salís del quirófano, no cuando hacés el PAP”, dice Jorge Gronda. El médico jujeño también se pregunta cómo se están formando hoy los futuros médicos, si se están preparando para darle prioridad a la prevención. “Prevenir es lo más barato”, explica el creador de Umana, pero aclara que “la prevención sigue siendo para una clase privilegiada, educada”.

Respecto a la responsabilidad que las personas tenemos sobre nuestra salud, Gronda propone: “Que la sociedad en su conjunto se empodere de la salud: que exija, que pregunte”.

Salud para el desarrollo del país

“Los cerebros de los argentinos (y sobre todo de los niños) son el capital más importante que tenemos como nación. No existen recursos naturales ni reservas monetarias que puedan superar al capital humano. Por ello mismo, tener a casi la mitad de nuestros chicos y adolescentes viviendo en contextos de pobreza no solo representa una inmoralidad, sino también una hipoteca social de cara al futuro. Deben ser los que innoven, los que creen, los que a su vez proyecten un país cada vez mejor. Esta es la grieta más profunda a la que nos enfrentamos como argentinos”, dice Facundo Manes.

Para Manes, “La inversión en el desarrollo humano, en la educación, en la salud y en la investigación científica y tecnológica representa una herramienta de equidad. No debe ser vista como un lujo de los países que alcanzaron el desarrollo, sino como la piedra basal de aquellos que buscan alcanzarlo de una vez por todas”.

Sobre esta investigación

La investigación forma parte de un proyecto para aplicar los pedidos de acceso a la información pública (AIP) al trabajo periodístico. A partir de la entrada en vigencia de la Ley de Acceso a la Información Pública (Ley 27.275) en el 2017, los periodistas cuentan con una herramienta importantísima para conocer los datos que maneja y administra el Estado nacional y las entidades que se sostienen con fondos nacionales. FOPEA que impulsó —junto a otras organizaciones— la sanción de la ley, ha realizado muchas acciones para fomentar el uso de datos públicos en el trabajo de los comunicadores: capacitaciones, debates, material informativo, etc. El informe periodístico “Al gran pueblo argentino, ¡salud!” es una de esas acciones.

Los pedidos de AIP fueron dirigidos a la Secretaría de Salud de la Nación, a Jefatura de Gabinete, a la Secretaría de Gobierno del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos y a Ministerios de Salud provinciales.

Este informe tuvo la coordinación periodística de Victor Ingrassia, el trabajo especializado en datos abiertos y pedidos de AIP de Bianca Pallaro y contó con el aporte de los periodistas socios de FOPEA, Violeta Bondarenco (Misiones), Pablo Oro (San Luis). Paula Moreno (Chubut), Julio César Rodríguez (Santiago del Estero), Hugo Alonso (Río Negro) y José María González (La Pampa). Como es habitual desde hace muchos años en FOPEA, este informe se publica en formato multimedia.

 

La versión original de esta investigación está disponible en www.investigacionesfopea.com/saludargentina. Este trabajo fue realizado por Víctor Ingrassia y equipo para el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos.

Este informe, que es parte de un proyecto integral que incluyó capacitaciones en el uso de acceso a la información pública realizados en la Ciudad de Buenos Aires y en Rosario y se realizó gracias al apoyo de la Embajada de Estados Unidos en Argentina

 

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