Un tiempo sin tiempo, la gloria de la Navidad

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Hemos elegido esta pieza literaria bellamente poética, que reflexiona sobre la influencia de “las vísperas” sobre nuestro estado de ánimo, cuando todo, las calles y nuestros hogares, encienden su colorida ornamentación y esperanza. Su autor es Arturo Hotton, ex embajador de nuestro país ante Naciones Unidas, hoy jubilado.

Cae irremediablemente la última hoja del calendario. Durante el año los afanes de la vida han ocupado nuestro tiempo, han insumido nuestras horas, han requerido nuestros esfuerzos pero… como desde hace días venimos diciendo, llega un tiempo, tiempo distinto, tiempo extraño, tiempo sin tiempo donde otra vez, el sudor de la frente se hará más noble, las lágrimas más puras, los anhelos más profundos, la música más sublime, la vida más trascendente.

Ya empezamos a mirar de nuevo el cielo, ya estamos anticipando el repicar de campanas, ya reconstruimos un pesebre en el corazón porque este mes llega, y llega para hacer un alto en nuestras historias: ¡el tiempo sin tiempo! ¡la gloria de la Navidad!

Tiempo sin tiempo
¡La gloria de la Navidad!

Hemos venido reflexionando en ello. Nos hemos anticipado. Pero ahora la ciudad nos acompaña, ya que se vestirá de fiesta.

Los escaparates se irán llenando de coloridos objetos. La decoración de las vidrieras tomará una forma inconfundible. Al caminar por las calles se respirará una atmósfera extrañamente distinta. Desde el interior de un templo se alcanzarán a escuchar las voces de los pequeños cantores ensayando un villancico. Y del altillo, el sótano, el viejo armario o la buhadilla, manos ilusionadas sacarán de la húmeda sombra un arbolito para que lo bese el sol.

Y habrá hombres que se sentirán niños, niños que se sentirán hombres. Habrá música donde antes no había armonía. Habrá miradas que se harán más claras, caricias que se harán más dulces, nostalgias que se harán más hondas, afectos que se harán más nobles, caminos que se harán más cortos, espinas que se harán más duras, plegarias que se harán más puras.

Vidrieras, cánticos, árboles, almas, anticipan el dulce misterio de algo que si faltara le quitaría motivo al almanaque de la vida, anticipan ese trozo de eternidad que llega, y llega para hacer un alto en nuestras historias, el tiempo… sin tiempo. La gloria de la Navidad.

Tiempo de meditar sobre “la conmoción de su nacimiento”. Y mientras en ello meditamos sabemos que serán días hermosos.

Los árboles se irán cubriendo de estrellas. Las almas también. Quienes hemos maldecido, bendecimos; quienes hemos gritado, cantamos; quienes hemos odiado, sentimos urgencias de amor; quienes hemos blasfemado, intentamos orar; quienes hemos pecado, tenemos por qué llorar; quienes hemos caído, nos proponemos levantar… porque llega, pronto llega, para hacer un alto en nuestras historias, el tiempo sin tiempo, la gloria de la Navidad.

(De su libro “Reflexiones de un hombre simple” – 2005)

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