Por Luis Jacobi (Paralelo 32).- Hay una alegoría que nos ofrece una perfecta síntesis de la humanidad en tiempo presente; la rana en el hervidor. Por estos días en el hemisferio sur del mundo se habla sobre los incendios en la Amazonía y en el norte de fenómenos similares en la Siberia e Indonesia, como si éstos fuesen los únicos problemas graves y urgentes que tiene el planeta de cara a su supervivencia humana. Lo cierto es que aquellos tenebrosos fuegos, de los que ya se habla poco, son solo un episodio aislado de un proceso del que se habla aún menos.

El 30 de julio –como cada año y cada vez con mayor anticipación– se publicó una noticia que una vez más pasó desapercibida mientras bailábamos y bebíamos sobre el Titanic: “Pasaron tan sólo 210 días de 2019 y la humanidad ya consumió todos los recursos que la Tierra es capaz de regenerar en un año. A partir de este martes estamos viviendo a préstamo con un sobregiro ecológico y en parte se debe a la crisis climática, pero también a la contaminación y a la deforestación”.

“Este lunes 29 de julio fue el día en que la humanidad utilizó los recursos de la naturaleza para todo el año, según cálculos de Global Footprint Network, una organización medioambiental internacional que mide la huella ecológica mundial”. (La Voz, Córdoba). Desde entonces y hasta el 31 de diciembre viviremos de prestado, consumiendo las reservas.

Lo preocupante no es sólo que en 7 meses hayamos consumido los recursos genuinos, sino que, desde que se realiza este cálculo, la fecha se adelanta cada vez más. De hecho, en los últimos 20 años se ha adelantado dos meses.

Según Global Footprint Network, la población mundial necesita actualmente para un año los recursos de 1,75 planetas Tierra. «Consumimos y administramos los recursos como si no existiera un mañana», advirtió el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

La causa principal es sobre todo el estilo de vida de los países industrializados más ricos que agotan los recursos naturales, que muchas veces están en las naciones pobres.

Pero no es todo. Por otro lado un informe de Naciones Unidas (ONU) nos permite entender lo que nos espera en 30 años sobre un planeta colapsado y contaminado, mientras nos distraen las noticias de impacto y los discursos del ambientalismo de cabotaje, también necesario para crear conciencia.

En marzo del presente año, la ONU ha presentado en Nairobi (Kenia), durante la IV Asamblea del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), un informe de 740 páginas, «Perspectivas del medio ambiente mundial» (GEO, en sus siglas en inglés), desarrollado durante seis años de recopilación de información por parte de 250 científicos de 70 países. ¡Casi nada!
Del enorme trabajo se desprende que en 2050, con una población de 10.000 millones de personas (actualmente 7.500 millones) el planeta habrá colapsado y se volverá insoportable para la vida humana.

Lo cierto es que la población actual consume más agua dulce, más cereales, carnes y maderas de lo que se produce, mientras contamina la tierra, los ríos y los mares en un nivel que no tiene retorno por más cambios que se hagan. Las emisiones de dióxido de carbono superan la capacidad de reposición de los árboles. Como si fuera poco, producimos una cantidad de basura que ha superado y colapsado la capacidad de reciclaje. Y los contaminadores nos reproducimos aceleradamente. En 30 años habrá 2.500 millones de bocas más pidiendo agua y comida, y la mayoría nacerá en los sectores más desposeídos de la población, donde los índices de natalidad son mayores.

Se habló de los incendios en el Amazonas como si resolviendo a tiempo esa quemazón el mundo seguiría sin problemas. Y se utiliza esta catástrofe para una inocua discusión ideológica. El odio ideológico nubla la razón. Nunca mejor la alegoría del árbol que no deja ver el bosque.

El ‘sindrome de la rana hervida’ refiere a que, si a una rana se la pone repentinamente en agua hirviendo, saltará, pero si se la pone en agua tibia que luego se lleva muy lentamente a ebullición, no percibirá el peligro y se cocerá hasta la muerte. Es una metáfora utilizada a menudo para graficar la falta de reacción de las personas ante los procesos lentos que las amenazan.

El dato nuevo es que biólogos contemporáneos dicen que ese supuesto es falso, porque la rana saltará a la superficie cuando el calor sea muy intenso, porque es su estrategia de supervivencia. Quizás los humanos intentemos saltar fuera del planeta cuando el calor apriete demasiado, el problema es que un trampolín a Marte aún está lejos y sigue siendo una utopía.

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