Un país donde el más pobre gana 1.100 euros

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Crespo.- Ulises Cedermaz está viviendo en el Principado de Andorra, desde el 23 de octubre de 2019 “a las tres de la tarde”. Es una micro nación ubicada en los montes Pirineos, entre España y Francia. Un minúsculo país de 468 kilómetros cuadrados que se puede recorrer en auto en dos horas de punta a punta y con una población de alrededor de 80 mil habitantes, de los cuales un 60% son extranjeros que trabajan en forma permanente o por temporada. Andorra la Vella es la capital y el país está dividido en siete parroquias (municipios). El idioma oficial es el catalán, también se hablan español y francés. Están a tres horas de Barcelona en automóvil, y a Toulouse (Francia) son otras 3 horas.

El que se animó

Ulises Cedermaz es uno de los tantos argentinos que, cansado de remar a contracorriente con su emprendimiento familiar, decidió probar suerte en otras latitudes. Disfrutando de sus vacaciones de vuelta en Crespo, estuvo en la redacción de Paralelo 32 para relatar y describir su experiencia de vida en un país que le brindó una segunda oportunidad.

– ¿Cómo se le ocurrió ir a Andorra?

— A través de la página de internet ‘¿Yo me animo y vos?’ que ofrece visas de viaje y trabajo, working holliday. Allí ofrecían distintos lugares, estaba Andorra y me parecía la más sencilla de aplicar. Andorra no tiene visa, cuando uno llega genera un permiso de trabajo y residencia, a través del contrato de trabajo con una empresa. No se puede trabajar en negro y se necesitan ciertos requisitos. Hay que tener años de experiencia en tu país, tener carta de recomendación, pasaporte, y lo más importante el contrato laboral. Yo llegué sin nada. El primer día estaba solo, lo único que tenía era el alquiler de una habitación que había contratado desde acá.

– Para pasar la noche ya tenía.

— Exactamente, porque los ‘temporeros’ como se les dice, alquilan habitaciones. Los alquileres son muy caros, piden muchos meses de anticipación y uno no llega con tanto dinero. Cuando llegué, en el parque me encontró una señora peruana que me agarró del brazo, como saliendo de la nada y me preguntó quién era. Me conectó con una chica argentina, Andrea, que me mostró el país y me ayudó a encontrar trabajo.

– ¡En qué trabaja?

— En cocina, siempre en el rubro gastronómico. Empecé en un restaurant que me tuvo en negro, con la ilusión de que me hacían los papeles. Como en todos lados, hay gente buena y gente que se aprovecha de la situación. Pero logré presentar los papeles para quedarme el 10 de marzo de 2020 y el 14 de marzo se declaró la emergencia por pandemia. Ya tenía novia, y un poco en la casa de ella o en mi casa, fuimos pasando la pandemia, porque no se podía trabajar. Yo ya había presentado mis papeles para ser trabajador anual y quedarme a vivir en Andorra.

– Gastronomía no era trabajo esencial durante la pandemia.

— Nada, incluso las fronteras estaban cerradas. Es un país que depende casi totalmente del turismo. No se podía salir.

– ¿Con qué dinero pasó la pandemia?

— De Crespo me fui con 3 mil euros. Me fui ‘comiendo’ los ahorros. Había trabajado la temporada de invierno, de diciembre a febrero.

– ¿Y si no hubiera tenido fondos?

— El gobierno ayudaba, pero lo que hacía era repatriar trabajadores temporarios y les costó organizar eso. Había sido una temporada muy buena, hubo mucha nieve en la montaña. Los temporeros se quedaron sin nada. La Cruz Roja buscaba alimentos en los supermercados. Uno podía comprar un alimento y donarlo a la Cruz Roja; ellos se encargaban de repartir. Había muchos temporeros argentinos, también de Colombia, México y del resto de Europa. Yo estaba legal, pero no podía trabajar porque no se había tramitado mi residencia. El gobierno me dijo ‘tus papeles entraron pero ahora la prioridad es la pandemia’. A la gente de turismo el gobierno les pagó el ERTO (similar a IFE en Argentina), que era un 80% del ingreso. A los dueños de locales les pagaron parte del alquiler o de la luz. En junio abrieron las fronteras, se empezó a mover más. En julio de 2020 consigo trabajo en el actual restaurante donde estoy. Entré como ayudante de cocina, fui avanzando y hoy soy jefe de cocina del turno noche. Por la mañana trabajo en una guardería infantil, como cocinero.

Andorra contra la pandemia

Cedermas comentó que en Andorra hubo restricciones como en todos lados. La gente podía comer de 12 a 16 y de 19 a 23, dos personas por mesa, nada más. “Sí o sí, comer y beber, no hacer la previa”. Cuando aparecieron los PCR, hubo distintos puntos de testeo. Si uno se contagiaba, lo llevaban a un centro de internación. “No me contagié, pero sí mis compañeros y quedé aislado cinco días por ser contacto estrecho”, agregó.

– ¿Está más organizada Andorra que Argentina?

— Cuando me preguntan eso, marco la diferencia. Sí, por supuesto, es más organizada. Pero son 80 mil personas; acá somos 45 millones. Aparte, la gente allá tiene más cultura en cuanto a respetar. Si les decían ‘no se puede ir’, no iban. Acá estoy usando barbijo porque allá lo seguimos usando, pero en Argentina me encuentro que ya no se usa. Andorra es un país muy particular, yo digo que es como ‘un barrio privado pero grande’. Ellos tienen sus propias leyes, no pertenecen a la Unión Europea y son independientes. El 60% de los habitantes son extranjeros.

Política y conflictos

– ¿En algún momento puede lograr derechos políticos, votar por ejemplo?

— Creo que a los 20 años de residencia, uno puede lograr el pasaporte andorrano; pero exigen ‘renunciar’ a su pasaporte nacional. Es algo simbólico, porque si uno entrega su pasaporte original, vuelve al país y pide uno nuevo. Con el pasaporte andorrano ya se puede votar.

– ¿No es un país con conflictos serios? ¿No hay huelgas?

— No hay huelgas, y están prohibidas las manifestaciones espontáneas. Si se quiere hacer una hay que pedir permiso. Si el gobierno lo da, va a estar todo controlado: lugar y horario para el encuentro, pondrán ambulancia y policías para controlar. Cuando hubo un terremoto en Chile se hizo una manifestación de apoyo a la gente que lo sufrió. Pero para organizar esa manifestación, debieron pedir permiso, hacer papeles, contar más o menos cuántos iban a reunirse.

–  Tampoco hay villas miseria o barrios marginales.

— No, en Andorra no hay. El pobre gana 1.100 euros, tiene trabajo. Además, si uno durante tres meses no consiguió trabajo, perdió su permiso de residencia y tiene que irse. El sistema de gobierno te obliga a tener un trabajo, sí o sí. En pandemia hubo desempleo, se echó a mucha gente, pero el Servicio de Ocupación siempre está tratando de ocupar a las personas. Hay muchos trabajos que los andorranos de nacimiento no quieren hacer. ¿Quién trabaja? En cocina están los portugueses, la limpieza la hacen filipinos, los argentinos en pistas de esquí, y así, más o menos, se va distribuyendo la cuestión.

–  ¿De qué nacionalidad hay más extranjeros?

— Argentinos, marroquíes, filipinos, portugueses, españoles, franceses, los que más hay.

– ¿Su idea es seguir allá?

— Sí, seguir allá. Me fui un poco cansado de los negocios, prefiero seguir como jefe de cocina, porque me pagan medianamente bien. Me encargo de que la gente bajo mi responsabilidad trabaje, y cuando llego a casa duermo en paz. Es así. Me dolió dejar un negocio de siete años, trabajamos mucho, mi papá, yo. Pero… Y no sé qué hubiese pasado con la pandemia, capaz que me beneficiaba…

El secreto de Andorra

– ¿Cómo es Andorra?

— Cuando uno habla con los andorranos, te dicen que Andorra creció en base a la ilegalidad del tabaco; también por los ‘sherpas’,  exiliados españoles que cruzaban la frontera en la Guerra Civil Española (1936-1939). Algunos pasaban, a otros los mataban de camino y les robaban. Dicen que en las montañas de Andorra ‘hay mucha sangre’. Además, el país está manejado por cinco familias que controlan la economía. El sueldo básico ronda los 1.150 euros. No alcanza para vivir bien, porque si se tiene que alquilar un piso, se gasta 400 o 500 euros. Muchos, entre ellos yo, alquilamos un piso más grande entre varios. Hoy, en mi piso somos tres y un temporero. El alquiler vale 975 euros que dividimos entre todos. La vivienda es un gran problema. En Andorra la probabilidad de conseguir trabajo es alta, pero la probabilidad de conseguir alquiler es baja.

– ¿Se paga derecho de piso como extranjero?

— Yo no lo sentí, me adapté muy rápido a esa vida. Se abusaron un poco porque no me hacían los papeles en mi primer empleo. Nos trataban bien, pero daban largas para el permiso. Pero es un caso muy puntual, me encontré con amigos que no tuvieron esos problemas en otros lugares.

– ¿Cómo está el tema ambiental?

— No se puede hacer cualquier cosa. Son territorios protegidos. Si vas a cazar, debe ser en la época que corresponde y con permiso. En pesca, hay muchos lugares donde no se puede pescar. Y donde se puede, es con devolución o pagás la pieza. Pero es muy cara cada pieza. En ese sentido tratan de cuidar mucho el ambiente.

Seguridad y argentinidad

Cedermaz subrayó que la sociedad andorrana es muy segura. “Si uno perdió algo, lo va a encontrar. A mí me gusta la fotografía. Yo iba a Paraná con la cámara agarrada firmemente, porque en cualquier momento alguien me la podía manotear. En Andorra esa sensación no la tengo. Puedo caminar tranquilo con mi cámara o mi teléfono”. Pero hay ciertos factores culturales negativos que se llevan con el inmigrante. “No me gusta contarlo, pero entre latinoamericanos se roban las cosas, por ejemplo, una campera que desaparece en una fiesta. No está bueno pero pasa”, agregó.

–  ¿Cómo ven en Andorra a los argentinos?

— Tienen una imagen regular. Porque al argentino le gusta la fiesta y el asado. Generalmente, en temporero argentino va a las pistas de esquíes a trabajar y a veces no se portan bien. Hacen muchas fiestas, la gente se queja. Pero así es con todos los latinoamericanos porque nos gusta mucho la ‘pachanga’. Y no hay tantas fiestas, entonces, las hacemos en la casa. Y a veces te olvidás que hay gente.

–  Y no es una sociedad acostumbrada a eso.

— No. Hay dos discotecas latinas y cada vez que abren se llena de colombianos, venezolanos, argentinos, y te das cuenta quiénes son los que salen a bailar.

Quién es

Ulises Cedermaz tiene 31 años, es soltero. Sus padres son José Oscar Cedermaz y Ester del Carmen Segovia. Tiene dos hermanos, María Belén y José Carlos. Durante varios años estuvo en Crespo con un emprendimiento gastronómico, ‘Buenísima – Productos congelados’.

Permanecerá hasta el 22 de noviembre y luego se vuelve a Andorra con su actual pareja, una joven de Crespo con quien se va a casar allá.

Por qué emigrar

– ¿Por qué se fue?

— En Crespo tenía mi fábrica de pastas, ‘Buenísima – Productos Congelados’. Fueron siete años trabajando, no me iba mal, pero era una de aumentos constantes, estrés constante, trabajaba muchas horas. En lo personal estaba buscando un cambio. Una amiga se fue a Francia y por lo que me contaba, empecé a buscar otros países también.

– La inflación es todo un problema. Supongo que en Andorra hay ‘inflación cero’.

— Hay muy poquito. Desde que llegué la barra de pan sigue valiendo un euro. Aumentaron un poco las cosas, pero no demasiado.

– ¿Qué debería cambiar en Argentina para que vuelva al país?

— Que mejore la situación económica y política, la seguridad… debería haber un cambio notable. Ahora, al volver, estoy viendo a Crespo un poco ‘parado’. Obviamente, pasó la pandemia. Pero desde que me fui, veo a la ciudad como ‘muy tranquila’ y un poco ‘gastada’.

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