En ciencia, es tan importante el desarrollo de nuevas herramientas como los propios descubrimientos; ya que, sin ellas, no podrían llevarse a cabo. Por eso, no es extraño que en ciertas ocasiones se den sucesos como el que acaba de publicarse en un estudio de la revista Current Biology. En él, un equipo de científicos de la Universidad de Vanderbilt analiza cómo procesa nuestro cerebro la unión de las imágenes captadas por cada uno de nuestros ojos. Es un gran hallazgo, sin duda. Pero lo más curioso es que contradice las conclusiones de otro grupo de investigadores que en 1981 ganó el premio Nobel de Medicina por sus hallazgos.

Ojo vago, ojo dominante

En 1981, los científicos David Hubel y Torsten Wiesel ganaron el Premio Nobel de Medicina o Fisiología, por sus descubrimientos sobre el procesamiento de la información en el sistema visual. El galardón, compartido con el también neurocientífico Roger Sperry, fue el resultado de los estudios que llevaron a cabo en los años 50 y 60. Durante este tiempo, registraron la actividad individual de las neuronas de los cerebros de los gatos, con el fin de identificar patrones específicos. Paralelamente, desarrollaron también un microelectrodo que, implantado en el ojo de los felinos, permitía averiguar cómo puede el cerebro desarrollar imágenes complejas a partir de un estímulo visual simple.

Así, comprobaron que algunas neuronas respondían solo a la información procedente de un ojo. Además, las neuronas que respondían a un ojo en concreto se agrupaban en columnas, ubicadas en la corteza visual. Por otro lado, identificaron etapas críticas en el desarrollo cerebral, durante las cuales la privación de un ojo cambiaba la dominancia de estas columnas, reforzándose el que todavía se encontraba libre. Fue así como surgió la idea de poner parches en el ojo de los niños pequeños para fomentar la visión de lo que se conoce comúnmente como un ojo vago. A día de hoy, esta condición, llamada ambliopía, sigue tratándose mediante la privación visual de un ojo durante la infancia.

Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de Vanderbilt ha ido aún más allá, gracias al uso de tecnologías que no estaban a disposición de Hubel y Wiesel en su época. Concretamente, utilizaron cámaras de seguimiento ocular computarizadas y electrodos mucho más sofisticados, para estudiar la actividad individual de las neuronas. De este modo, comprobaron que la información procedente de los dos ojos se fusiona al llegar al neocórtex y no después, como plantearon los ganadores del Nobel. En definitiva, de las seis capas por las que fluye la información, se creía que esta convergencia se daba en las superiores, mientras que ellos han demostrado que en realidad se hace aproximadamente a la mitad.

Este hallazgo aporta información muy útil para el desarrollo de métodos de tratamiento de la ambliopía, más allá del parche. Ahora bien, ¿significa todo esto que Hubel y Wiesel no merecían el Nobel? Es aquí donde entra en juego el tema del desarrollo de nuevas tecnologías. Con las herramientas de las que disponían, sus hallazgos fueron verdaderamente revolucionarios y dignos de ser premiados. Afortunadamente, la ciencia evoluciona, pero cada paso es importante para llegar al siguiente. Al fin y al cabo, muchísimos niños han solucionado sus problemas oculares gracias a ellos.

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