Un frigorífico no habilitado e inexistente para la administración municipal

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Crespo.- Un reciente episodio originado en una denuncia por la detección de sangre en el arroyo Espinillo, en el que intervino el Juzgado Federal de Paraná, terminó en una sanción para un transporte que prestaba un servicio tercerizado para el frigorífico de aves Optimo. Esta industria faenadora de pollos, según fuentes seguras, fue vendida por la firma Sagemüller a su similar Soychú, de Gualeguay, pero desde julio o agosto cuando se produjo la transacción, el antiguo propietario se dio de baja pero nadie apareció para reinscribir su actividad en la Municipalidad local, hallándose en situación de clandestinidad, sin habilitación y sin tributar.

Más recientemente la firma envió una nota al Concejo Deliberante de la ciudad solicitando autorización para volcar residuos industriales (cáscara de huevo en este caso) en el vertedero municipal, y se le respondió que no se puede autorizar nada a una firma inexistente para los organismos municipales, indicándoles que deben realizar ese primer trámite básico y fundamental.

Paralelo 32 publicó el cambio de titularidad el 27 de agosto, fecha en que nadie aún se había presentado en la Municipalidad para solicitar la habilitación. En consecuencia, personal municipal inició una actuación de oficio, presentándose en el lugar para constatar quiénes estaban produciendo en una planta que había sido dada de baja, y allí fueron atendidos por empleados de la misma labrando un acta. Lo único que pudimos confirmar en la Municipalidad es que hasta este viernes Soychú no estaba inscripto y en consecuencia no habilitado, y sin embargo faena en niveles record, al límite de su capacidad instalada, lo cual tampoco le está permitido porque probablemente excede la capacidad del caño que transporta los efluentes. Esto desborda la capacidad de volcado que le autorizó la gestión del intendente Brambilla, provocando que constantemente se desborde una de las cámaras volcando agua servida al túnel de calle Rivadavia, lo que genera olores nauseabundos a lo largo de muchas cuadras y durante todas las horas de los días.

El establecimiento faenador tiene una larga historia desde que la centenaria firma se concursó en 2001, cerrándolo. En esa condición permaneció durante años, hasta que el gobierno de J. C. Brambilla lo autorizó “para procesar y enfriar pescado”, pero no fue otra cosa que una estrategia para iniciar el camino para retomar la faena de pollos, algo que nunca debió suceder en ese enclave en el centro de la ciudad. El presidente de la firma, Franz Sagemüller, siempre se negó a trasladar fuera de la ciudad sus industrias más contaminantes, y en el caso del frigorífico podría decirse que es peligroso para la población. De hecho, en dos oportunidades se registraron pérdidas de amoníaco que alarmaron a la vecindad.

Cuando ocurrió el incendio con destrucción casi total del frigorífico Soychú, en Gualeguay, Optimo estaba nuevamente en serias dificultades financieras, por lo que acordó con Soychú un fasón hasta finalmente venderle sus granjas, frigorífico y fábrica de alimentos balanceados. El negocio exceptuó valiosos inmuebles en pleno centro de la ciudad, adquiridos por un inversor inmobiliario con oficinas dentro de la misma manzana en el corazón comercial de Crespo.

Esta semana, dos camiones atmosféricos de una empresa local, que le presta a Soychú/Optimo el servicio de transportar los efluentes con sangrado y volcarlos en el vertedero que descarga en las lagunas para efluentes industriales, fueron sorprendidos por los inspectores de la Secretaría de Ambiente de la provincia volcando líquido sanguíneo en cauce mismo del arroyo. Se les solicitó la inmediata suspensión del proceso de descarga y el cese preventivo de actividades, labrándoseles el acta correspondiente. Hasta ese día, el rumor ciudadano atribuía erróneamente la sangre que contaminó el arroyo Espinillo, a un frigorífico que funciona en el parque industrial y ha hecho todas las inversiones necesarias para cumplir con las normas ambientales, cuyos propietarios son locales y respetan a la sociedad crespense.

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