Un bello y suplicante llamamiento de Antonio Tarragó Ros

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El afamado artista, el chamamecero amado en el litoral y el país, dirigió una conmovedora nota a Paralelo 32 en la que reclama la difusión de la cultura nacional. La tituló “Una vacuna para el alma”

“Se hace difícil encontrar esperanza en este tiempo de miedo, dolor y muerte.

Encerrados en la amenaza, sin abrazos, solos, somos náufragos en una isla gris, casi sin memoria.

Por la ventana en la que espiamos el mundo, que es la televisión, hay personas que nos hablan de la peste, de la curva de la pena, del número fatídico de los que no se salvan, de futuros inciertos y errores permanentes, de culpables lejanos y enemigos cercanos, de expertos y consejeros, todo en el idioma descarnado, casi cruel de la ciencia, con la que se expresan personas de rostros trágicos, de voces impostadas y desconocimiento evidente de lo que simulan saber.

Lo que hasta ayer era el mundo, hoy es un sueño.

Y tal vez será nuestra salvación soñar con aquel mundo imperfecto, a veces cruel, pero maravilloso.

Tal vez podamos acudir a la belleza, al color, a la poesía y a las melodías, a la palabra y las voces para volar sobre la pena.

Es necesario acudir al arte. A todo aquello que nadie podrá mover del rinconcito del corazón en el que vive.

Es imprescindible convocar a los artistas de todas las artes para que, por aquella ventana de las amenazas por donde espiamos lo que pasa, surja la vacuna para el alma, la que nos va a inmunizar contra la desesperanza, contra la ignorancia y el terror.

Son las mejores clases que les vamos a dictar a nuestros hijos.

Las más efectivas caricias para nuestros viejos.

La ayuda esencial que nos salvará de la distancia y la soledad.

A quienes tengan el poder para decidir, les pedimos que le den la oportunidad al arte para derrotar a la desesperación.

La difusión de la cultura nacional en canales de televisión, radios, redes sociales y medios gráficos será de gran ayuda para acompañar el desconcierto y la soledad.

Un poco de lugar para la belleza, entre tanto grito destemplado y noticias oscuras, aportará un rayito de luz para inmunizar el alma con la vacuna de la esperanza”.

Antonio Tarragó Ros

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