Por Ulises Oyarzún.- Y en este nuevo viaje. No te deseo que seas “Feliz”, porque a eso que le llamamos felicidad es tan subjetivo, y además casi todo lo que te hace feliz termina en una tienda, “teniendo” algo y no “estando” “siendo” “tocando” o “amando”.

No te deseo más compañía innecesaria. Sino, que aprendas a estar solo(a), que aprendas a conocerte, que dejes de vivir haciendo pensar a los demás que tú “yo” social es lo que eres, cuando eso es una capa más de “cebolla” dentro de otras muchas que esconden lo que realmente eres cuando nadie te ve.

Deseo que aprendas a decir no, a esos años resignado a una relación que ya no da más y te destruye por dentro. A un trabajo que ya no soportas, a una demanda de vida que es insostenible, a aparentar una imagen económica que sabes no tienes y te está ahogando en deudas.

Deseo que te rodees de gente que te levante, gente que no perpetúe tu debilidad emocional con más abrazos de franela, sino amigos que puedan con cariño ayudarte a endurecer ese cuero frágil.

Amigos que te digan lo que realmente necesitas escuchar para tomar mejores decisiones.
Busca esos amigos, que te ayuden a mirar la vida ya no tanto como una víctima sino como un protagonista de tu propia historia.

Deseo que dejes en paz las cosas que ya no puedes cambiar. Los imposibles debes dejarlos donde están. Vivir martirizándote por situaciones, relaciones y experiencias que están fuera de tu alcance es gastar fuerzas en nada.

Deseo que tengas más “baños de humildad”, que la vida te ponga en su lugar. Que aprendas, por lo menos desde las lágrimas lo que nunca quisiste aprender desde los consejos. Pero que aprendas de una vez para seguir avanzando.

Que no le pongas tantos adjetivos al milagro de la vida que te rodea.

Que tengas el precioso tiempo que te resta, aceptando que no te la puedes solo(a), que la vida se trata de cooperación más que de competencia.

Deseo este nuevo año, que cuando te visite el dolor, no escapes, no culpes a nadie, no evadas, no niegues. Y ahí, encuentres consuelo en aquel que sabe de Cruces y Clavos.
Y que aprendas en ese momento, la verdad más profunda que el universo esconde.
No hay puntos finales, solo transiciones, aún la muerte, junto al Carpintero, es solo el fin de un capítulo, pero no de ese libro que recién comienza.

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