Uccelli compara el servicio de transporte de pasajero con las canchas de padel: furor y decadencia

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En este año de pandemia, la situación del transporte automotor de pasajeros ha sido particularmente difícil, con servicios cortados y disminuidos por la emergencia sanitaria que impuso la pandemia de covid-19. El empresario Daniel Uccelli, socio gerente de Empresa El Indio SRL, de Diamante, describió a Paralelo 32 las vicisitudes del sector, que depende tanto de los servicios regulares urbanos e interurbanos como de las contrataciones para viajes de turismo, que también están desarticulados en la actual situación nacional e internacional.

Restricciones

Uccelli es vicepresidente de Cámara Empresaria de Transporte Turístico y Oferta Libre Sección Litoral (CETTOL), entidad que integra la Mesa Empresaria Turismo de Entre Ríos. La entidad mantuvo el jueves pasado una reunión con el ministro de Producción, turismo y Desarrollo Económico, Juan José Bahillo, para solicitarle aminorar las restricciones horarias dispuestas a nivel nacional en el territorio provincial y coordinar la aplicación de las medidas junto a los municipios de manera conjunta y coordinada. La respuesta a este petitorio quedó supeditada a las medidas que a nivel provincial se deben establecer dentro de los márgenes que dejan las nuevas prohibiciones que esta semana se conocieron desde Nación.

– ¿Cómo pudieron sobrellevar la situación general hasta acá?

— Fue una cosa inédita, muy difícil, un camino arduo. Lo resumo como que hemos estado administrando la pobreza, porque en realidad hemos tenido recursos cero por prácticamente un año, hemos generado pasivos muy importantes, hemos podido acceder a asistencia crediticia algunas empresas, no todas. En el caso de los ATP (Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción, establecido por la Nación para apoyar empresas durante la pandemia, N. de R.), no todas las empresas los recibieron. La mayoría de las empresas de la provincia, reciben una compensación económica al pasaje, mal llamada subsidio, que es una compensación tarifaria para que al pasajero no se le cobre el costo real del pasaje. Por esa circunstancia, los ATP no existieron para las empresas provinciales. Todo eso ha complicado mucho y hemos tratado de sobrellevar la crisis con el aporte que siguió haciendo el Estado provincial y el Estado nacional. Si bien por el hecho del avance inflacionario, va quedando desactualizado, nosotros somos conscientes de que, sobre todo la provincia, ha hecho un esfuerzo de tratar de acompañar con eso. No obstante, siempre faltó algo. Y ese algo fue compensado con la gran predisposición de la mayoría de los empleados de las empresas que accedieron a entrar en un convenio preventivo de crisis con la Resolución 332 que hace una quita de salarios. Es algo para destacar, porque si bien no se cumplieron actividades, no es fácil y más en estos momentos, ver resignada una parte del salario.

– ¿La quita se sigue realizando?

— Solo en el caso de las personas que no están trabajando. Porque todas las empresas quedaron sobredimensionadas con el tiempo que estuvieron paradas, porque el Estado nos prohibió circular. La gente que debía viajar lo hizo en forma alternativa y se arregló como pudo. Eso también cambió la óptica del transporte. Hoy en día, el transporte de pasajeros, haciendo una analogía, es prácticamente como una cancha de padel o un locutorio, que fueron furor en una época y después decayeron. La normalidad no sé cuándo vendrá, pero va a demorar mucho en que el servicio público de transporte de pasajeros, si no es apoyado por el Estado, vuelva a tener la importancia y la necesidad que tuvo.

Cuesta abajo

– ¿Cree que a la salida de esta situación muchas empresas van a desaparecer?

— El transporte público viene en un cuesta abajo desde antes de esta crisis. No quiero dejar de mencionar una gran asimetría en cuanto a los recursos que se asignan entre las empresas del Área Metropolitana Buenos Aires y el resto del país. Si bien, el combustible, el sueldo, la unidad rodante y el neumático cuestan lo mismo; a las empresas del AMBA se las subsidia muchísimo más. Eso determina que también estén en crisis los sistemas urbanos. En Paraná tuvimos una huelga de 60 días o más con el servicio paralizado. No es porque el empresario o el empleado lo hagan para perjudicar a la población; es porque la ecuación económica no cierra.

– ¿Hay novedades en el caso de topes de personas que viajan?

— No tenemos más precisiones sobre el DNU que se firmó ayer (la entrevista se realizó el jueves 8 de abril, N. de R.). Por el momento, en Entre Ríos tenemos una ocupación máxima de interurbanos del 80%. En corredores o en horarios muy puntuales se llega. La mayoría de los servicios no llega por todo lo expuesto anteriormente. Por ese lado no creo que haya problemas en cuanto a la capacidad de los micros.

– ¿Qué frecuencias se están prestando actualmente?

— Aproximadamente, entre un 40% y un 50% de los servicios que se prestaban hasta marzo de 2020.

– ¿Y la cantidad de pasajeros?

— Menos del 50% de lo que se transportaba.

Deudas y diálogo

– ¿Qué nivel de endeudamiento tienen las empresas ahora?

— Varía para cada empresa. Pero al tener facturación cero, no recaudar nada, y tener subsidios, las empresas los repartieron pagando sueldos. Todo lo que es créditos por compra de vehículos, patentes e impuestos, se dejaron de pagar porque no se pudo. Ahí hay otra cosa paradójica: por un decreto del Estado se nos prohibió trabajar, no soy quien para discutirlo.

– ¿Se están reuniendo los empresarios del transporte para hacer propuestas al Estado para minimizar el golpe que produce la actual situación?

— Los empresarios y el Estado tenemos un contacto permanente; las puertas abiertas las tenemos, el diálogo está. Entendemos que la situación es difícil, no somos el único sector que está complicado. Permanentemente nos estamos reuniendo y estamos tratando de buscar y gestionar.

– ¿Cómo se está portando la Provincia?

— El diálogo es correcto, los funcionarios entienden la situación, pero pasa que a veces ‘la cobija es corta’, nos tapa la cabeza y nos destapa los pies. No vemos una no atención por parte de la Provincia. Siempre uno quiere que sea mejor la ayuda, pero tampoco podemos decir que no se está trabajando en conjunto.

Servicios turísticos

– ¿Qué pasa con el turismo?

— Recién ahora, en marzo de este año, habíamos arrancado a hacer viajes. La mayoría es turismo contratado con agencias de turismo. Se hicieron un par de viajes, había uno contratado para este sábado pero ya no se va a hacer, y se vuelve a paralizar todo. El turismo quizás sea la actividad más perjudicada, la que más sufre todo esto, tanto el transporte como la agencia de viajes, la hotelería y la gastronomía. Lamentablemente es el gran perdedor de todo esto.

– ¿Cuánto le representa en tiempos normales de ingreso la actividad turística?

— No todas las empresas hacen turismo con su actividad, pero en nuestro caso particular, tenemos un 50% en turismo y la otra parte, ingresos por el servicio de línea regular.

Regionalización de impuestos y convenios laborales

– ¿Qué medidas específicas están pidiendo desde el sector?

— Una cosa fundamental es que el Estado nacional entienda que los gastos son todos iguales para prestar el mismo servicio, y por eso debemos tener los mismos recursos. Es uno de los grandes problemas que tiene nuestro país. Estimo que debería haber una regionalización de impuestos y convenios laborales. No es lo mismo, la actividad desarrollada en Ciudad Autónoma de Buenos Aires que en Diamante, Crespo, Victoria y la zona. No es lo mismo un restaurante en Crespo, Nogoyá o Diamante, que en Puerto Madero. Pero tributariamente y laboralmente se paga lo mismo. Todas esas cosas dan la sensación que quien trabaja en este país es castigado. Por dar trabajo somos los grandes perdedores.

– ¿Cuántos empleados tiene El Indio?

— En total somos alrededor de 30 personas. No se despidió a nadie, hasta el momento estamos los mismos, con gran esfuerzo nuestro y de nuestros empleados también.

– ¿Qué líneas atienden?

— Las líneas regulares son Diamante – Paraná; Diamante – Hasenkamp, que pasa por Crespo; Diamante – Victoria y Diamante – Ramírez. En períodos normales son aproximadamente 30 servicios diarios en total. Ahora, estamos haciendo, según el día, cuatro, cinco o seis servicios. Se trata de cubrir lo que se puede, pero la ecuación económica no da.

– La caída de servicios regulares también afecta a la clientela habitual.

— Por supuesto, los horarios estaban siempre tratando de servir a la gente. Entonces, hoy la persona que quiere viajar a algún lado, después no tiene cómo volver. O tiene que esperar mucho. Somos conscientes de eso, pero no hay forma de poder cumplir porque es tan alto el costo en combustibles que algunos servicios se realizan sólo para recaudar el costo del combustible.

El sistema de la desesperanza

“La situación no es de esperanza, es más de desesperanza. Sobre todo, porque estoy convencido de que la gente que nos gobierna, en general, sin hablar de partidos políticos, muchas veces desconoce el trabajo diario de cualquier tipo de empresa y actividad. Así sea un kiosco o un supermercado. Lo resumo así: los que pueden cambiar este sistema que nos asfixia a la mayoría, viven del sistema. Y viven bien del sistema; el sistema les sirve. Todo el resto, que somos nosotros, los que trabajamos y aportamos al sistema, vivimos para el sistema. Entonces, es muy difícil que cambien algo los que lo pueden cambiar, si a ellos les sirve. Creo que, en la medida que no haya una concertación de todas las fuerzas políticas que marquen un rumbo hacia dónde queremos ir, que actualicen convenios laborales, que apoyen a las pymes, que no castiguen al que da trabajo, que no tomen como enemigos a distintos sectores, ya sea el campo…  No tiene que haber ese enfrentamiento. Tenemos que marcar un rumbo, un norte, y todos marchar para el mismo lugar con diferencias, con diferentes posturas, con ideologías distintas, pero con un rumbo. Si esto no sucede, de lo único que puedo hablar es de desesperanza, de un futuro muy negro”. (Uccelli)

La cancha de padel

– En la normalidad anterior, el transporte era apoyado por el Estado con compensación tarifaria. En la situación actual, hay gran endeudamiento. ¿La pérdida de una parte de la demanda, le hace temer que el servicio se transforme en ‘una cancha de padel’ (que fueron populares y hoy están cerradas)?

— En lo personal creo que todo va a depender de si el Estado promueve el transporte público o no. Porque de un tiempo a esta parte es como que ‘el covid sólo viajó en el transporte público’. Eso hizo que se paralizara. Si no hay una política de volver a promover el servicio público, con una tarifa que pueda pagar el trabajador. Porque si vamos al costo real, no hay margen para aumentar tarifas. Si no hay apoyo del propio Estado, va a ser muy difícil. Va a ser un retroceso que va a tardar mucho tiempo en volver a la normalidad. También hay que tener en cuenta que esta pandemia trajo el home office, el trabajo en la casa. Acarreó mucha desocupación, también. Eso hace que no sea tan necesario el transporte.

– ¿Qué se debería cobrar si no hubiera compensaciones tarifarias?

— Como mínimo, un ciento por ciento debería aumentar la tarifa.

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