Victoria.- En Victoria cada escuela tiene su propia realidad. Las cuestiones edilicias, la falta de acceso a Internet, las problemáticas que atraviesan los alumnos y los profesores, es decir, la comunidad educativa, no pueden conocerse detrás de un escritorio. La pandemia, entre otras cosas, develó la crisis de las escuelas y, a quienes agregan, de todo el sistema educativo.

la Escuela Secundaria de Adultos N°3 Osvaldo Rey (antes conocida como BAPA) ahora tiene muchos adolescentes, es decir que su realidad ha cambiado en el último tiempo. Sobre la actualidad de la institución, la rectora Liliana Jaime habló con Paralelo 32.

“Hace aproximadamente cuatro años, se dispuso desde Departamental que teníamos que aceptar menores. A partir de ahí fue cambiando la realidad de la institución. En nuestra institución la carrera es de tres años y se dispuso que si un menor ingresaba debía hacerlo a primer año. Si bien tenemos adultos, notamos que empezó a venir menos gente grande”, contó la rectora.

Respecto de la pandemia dijo: “Hay muchas cosas que tuvimos que aprender sobre la marcha como para poder darles lo mejor a los alumnos. Nuestra realidad es que muchos son padres de chicos que también están en la escolaridad y en las casas había un celular para todos, entonces se dificultaba mucho más todavía”.

“La realidad indica que las escuelas no estaban preparadas para dar clases con los protocolos exigidos. Luego, poco a poco, algunas se fueron adaptando. Nosotros fuimos sorteando estas dificultades, pero también vimos, cuando volvimos a la presencialidad, que habían abandonado muchos chicos. Tuvimos una matrícula inicial de más de 300 alumnos y actualmente no sé si pasamos los 200. Muchos chicos han dejado”, señaló.

Desde luego que la escuela, en general, es mucho más que un lugar donde se brinda información. Entender a las instituciones educativas como sólo esto es propio de una visión adocenada. En este sentido, la motivación es un combustible importante para continuar con los estudios. En la virtualidad, el vínculo pedagógico entró en crisis (acaso se evidenció más la ya existente) y muchos alumnos abandonaron.

No todo es culpa de la pandemia

“Nosotros, que estamos en pleno centro, no tenemos Internet en la escuela. Planteamos varias veces esta cuestión. Al chico vos no lo podés obligar para que use sus datos para trabajar en el aula, se lo podés sugerir, pero no está obligado a usar sus datos. La institución no le ofrece Internet. Tenemos una materia que se llama TIC [Tecnología de la Información y la Comunicación] e imaginate que si no tenés Internet es difícil desarrollarla. Hay noches que no podemos hacer ciertas cosas porque no tenemos Internet para eso”, comentó.

Sumado a lo anterior, enfatizó: “También peleamos por un edificio mejor. Las autoridades determinaron que vuelvan todos los alumnos, pero ellos están sentados detrás de un escritorio y no conocen, ni siquiera, cómo está dispuesta la escuela. No saben si el mobiliario alcanza para los alumnos. En una época servía porque no estábamos pasando lo de ahora, entonces, si estaban todos amontonados no importaba, pero en este momento ese mobiliario es poco si queremos meter a todos los chicos. El otro día, un pediatra dijo que la culpa de que los chicos se contagien es de los docentes que les dejan bajar el barbijo. Pero son criaturas, son chicos, es obvio que en algún momento se lo van a bajar. ¿Pero quién dijo que volvieran todos los chicos? ¿Por qué no dan al docente y a las instituciones las herramientas que necesitan para recibir a esos chicos? ¿Ahora, porque los chicos empezaron a contagiarse se dieron cuenta? ¿Qué les pasa?”.

Por último, concluyó: “Nuestros dirigentes tienen poco sentido común. No conocen las realidades. Cuando salgan a caminar las escuelas y conozcan cómo se da clases, en qué condiciones, qué tipo de chicos van, cuando conozcan todo eso, entonces van a poder sentarse y diagramar qué hacer, pero mientras tanto no conocen ni saben nada, y así es como estamos”.

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