Si algo nos faltaba para completar el cartón lleno es la invasión de mosquitos

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Por: Don Victoriano II

Victoria.- Andaba chancleteando grillos que se escabullían por debajo de la puerta cuando escuché ese zumbido inconfundible. Debí tomar una decisión, entre agacharme a dar el golpe de gracia al zancudo o aplaudir al recién llegado. Fue ahí cuando entró en acción el gato de la casa y con experticia felina lo convenció que su suerte estaba echada.

Pero al ‘Michi’ no le importa en lo más mínimo Denguito, más bien le presta la misma atención que a cualquiera de nosotros después de su festín. Está lleno, comió su ración y de postre grillo topo, o como sea que se llame. Así que a esta batalla la pelearemos solos, con el off vencido sobre la mesita de luz y una pastilla que no acusa el menor olor.

El tema es que por el día parece que lograron la fórmula que Drácula siempre quiso; sobrevivir al sol; y andan como Pancho por su casa picando a cuanto desprevenido tiene el tupé de ponerse unos cortos para salir al patio.

Los mosquitos no conocen de fronteras ni de clase social, pican en la playa, en el centro, el barrio, el campo, van a la PYME y encuentran la zona desprotegida de ese albañil al agacharse; se suben al auto que alguien dejó para que se ventilara y acompañan a los hijos de aquel a la colonia, así los críos llegan con la roncha a flor de piel y la culpa es del desconsiderado del padre.

Entre aplauso y aplauso los pequeños voladores van cobrando fuerza y tamaño, se los puede ver planear o en vuelo rasante surcar la habitación y posarse sin el menor pudor sobre esa blanca y reluciente pared, que al momento del impacto parece cobrar vida y gritar desde las entrañas mismas del revoque: ¡Ni se te ocurra!

La mala circulación le juega una mala pasada a la tía Pancha, que siente la picazón y eso es sinónimo de haber llegado tarde, víctimas casi perfectas de estos inescrupulosos visitantes, asechan a pequeños indefensos o a los abuelos. Pero si te dormiste con una birra encima y por descuido sos el fiel ejemplo de la sábana corta —tan de moda por estos días inflacionarios— te dejan los tobillos como Maradona en Italia ’90.

La cuestión es que la alambrina mosquitero pasó a ser la vedette de la ferretería, y la gente hace cola en la calle mirando de reojo al baldío de enfrente.

Por suerte todavía no tenemos alacranes —como sí les ocurre a nuestros amigos de Crespo— pero confiamos en que a la brevedad nos visiten esas ‘viejas dientudas’ de las palometas. ‘Siempre se puede estar peor’ dijo una señora en la cola del súper y lanzó el chiste del día: ¡Deme toda la plata de gomitas de menta! Mientras mostraba un billete naranja con la imagen de un hornero.

El 2021 nos tiene así, secos en todo sentido, hasta la sangre nos saca este tiempo de pandemia, Dengue y Chucungunya. Ahora, ¿Alguien sabe qué joraca es la tal Chucungunya? Si hasta la tuve que googlear porque de una iba por la ‘i’ latina. Pero al parecer trae fiebre y dolores musculares. Así las cosas, puede pasar como COVID 19, y el julepe que te agarrás te lo regalo también.

El tema acá es don Aedes Aegypti infectado, que es como la frutillita del postre, porque uno no le puede andar preguntando, así que cuando ve un zancudo medio raro, ¡Zas! Mandale fruta porque él no te pregunta por el grupo sanguíneo antes de proceder. A cara de perro hay que estar atento al zumbido, por lo menos para saber de qué lado vienen las balas.

Las fumigaciones son tan efectivas como la dieta de mi señora, duran hasta el primer sábado y cuando menos te lo esperás, ese atardecer soñado que estás disfrutando se interrumpe con un aplauso, otro, y mierd… se viene la noche ¡literal!

Digo eso y pienso en una analogía de un enjambre de mosquitos transfromándose en una gran inyección que va por vos, sí, acá no hay antivacuna que se salve, te pica con ganas, porque esa es su naturaleza, y vos sos carne de cañón, vivís en una zona cuasi tropical y el Aedes es el rey de la fiesta.

Ha llegado la hora de irse, pronto ellos se apoderarán de la ciudad, harán sucumbir a los runners, quitarán romanticismo al beso de esos tórtolos, harán que la niña vuelque su helado intentando evitar su aguijón, darán la mejor excusa a ese amigo para asestarle una buena tunda a su compañero de partido.

Y mientras dure el aluvión, ‘Silvia’ que siempre encuentra algo de qué hablar sobre el cielo de las siete colinas, dirá que “Estos visitantes, que llegan desde el aire, tienen un mensaje para darnos”. Todo puede pasar, así estamos, entregados a la buena de Dios, que dicen es argentino y nos salvará de las 7 plagas, pero en la Roma entrerriana el Dengue tiene que hacer cola, y hasta puede perder el turno.

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