Se profundiza el cierre de tambos y la concentración en pocas manos

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Por Fabián Miró (EL Día de Gualeguaychú).- En agosto, dos tambos de la cuenca Lechera de Aldea San Antonio rematarán sus planteles de vacas lecheras. El tambo de Oscar Sturtz la totalidad de su rodeo; mientras que el de Héctor Huck pondrá, en un primer paso, a la venta todas las vacas en producción.

El tambo es una de las actividades más duras en el campo. No tiene un solo día de descanso. Se trabaja todo el año sin importar los avatares del clima. Es más se convive con el mismo, ya que se trata de una producción a cielo abierto, aunque algunos, los que pueden y apostaron fuerte, se decidieron por trabajar por el sistema de confinamiento y semi confinamiento, como la familia Brunz.

No es el caso de Sturtsz (63 años) y Huck (70), propietarios de los establecimientos “El San Antonio” y “El Renegado” que a lo largo de 40 años han trabajado y trabajan por el sistema tradicional en tambos que cuentan con seis bajadas para ordeñar dos veces al día.

Visitamos ambos establecimientos. En el primero aguardamos que Sturtz regresara de uno de los lotes de su establecimiento de 75, todas destinadas a la lechería, hectáreas. Lo hizo con un ternero en la caja de su camioneta. “La idea es terminar todas las tareas que un tambo demanda a la tardecita, antes de que caiga el sol”.

En los últimos años cerraron más de 12 tambos en diferentes escalas

Cada ordeñe le demanda unas tres horas en el tambo de seis bajadas. “No es solo el ordeñe, hay que atender la “ternereada”, limpiar las máquinas, lavar las instalaciones, una rutina que en cada ordeñe hay que cumplir”.

Dijo que el “promedio diario es de 23 litros con la totalidad de las vacas en campo propio. Tenemos ejemplares que están pastoreando en la avena y en una pradera vieja”.

En cuanto a tecnología señaló que empezó con la “inseminación artificial en el 2004 y desde entonces todo lo que nacido ha sido de esta manera, con el repaso de un toro (Brangus) de color. He tratado -destaca- de mejorar en todos los detalles”.

Mencionó que “entre sequía, falta de precios”, y algunas cosas más precipitaron la decisión de “liquidar todo”. En cuanto su futuro adelantó que “seguramente pondré en marcha un galpón de pollos que tengo en el establecimiento”.

«El campo es mi lugar en el mundo»

Héctor Huck vive a unos cientos de metros de “El San Antonio”. Su establecimiento (20 hectáreas) es su lugar en el mundo. “Mi vida está en el campo rodeado por la naturaleza y mis animales”.

Dijo que “a las 20 propias tengo que sumarle unas 40 más alquiladas para el tambo que trabajo con mi hijo, pero al muchacho no le gusta demasiado la actividad, yo tengo mi carrera cumplida, razón por la cual saco primero a la venta las vacas en producción y luego el resto del rodeo, en el caso de vaquillas que luego de que sean madres saldrán a la venta”.

Remarcó que trabaja con un sistema pastoril y “no hubo forma de hacer rendir más, promedio de 20 litros, a las vacas en la seca que nos pegó muy fuerte”.

Dijo que la “idea es seguir un poco más y luego dedicarnos al ganado de carne”.

Mauro Ronconi, consignatario de Urdinarrain, comentó que en los últimos años, desde el 2008, se han “rematado entre 10 y 12 tambos en las instalaciones “San José” y en los mismos campos, como en el caso de “El Solitario” de la familia Tomassi, sobre la ruta 20, a seis kilómetros de Gualeguaychú”. Tiempo atrás también cerró sus puertas el tambo de Ronconi y tantos otros de pequeña y mediana escala en distintos puntos del departamento y en diferentes regiones de la provincia. Según datos confiables, algunos productores estarían vendiendo leche a vecinos para seguir manteniendo sus establecimientos. Leche fluida a un costo significativamente menor que en góndola.

Por su parte, Mariela Gallinger, presidenta de la filial Crespo de Federación Agraria sostuvo que el “gobierno tiene que bajar la carga tributaria al productor, a la usina láctea y a los comercios para que de esa manera el precio de la leche llegue a un precio razonable al consumidor, a la vez de que el productor cobre más de los 28 pesos que está recibiendo en promedio. No puede ser que el tambero perciba ese valor y que la leche se venda entre 120 y 140 pesos el litro y más. Algo está mal en la cadena, siendo la carga impositiva una de las causales para que los eslabones se resientan y el precio sea injusto para todos”. La dirigente advirtió que “si esto no se revierte vamos a tener más tamberos fundidos y en el peor de los casos, gente que salga del sistema y se dedique a otra cosa cuando la actividad arraiga a la gente en el campo”.

Sostuvo que un “tambero podría vender a boca de Tambo su producción a quien quiera comprarla, dado que cuenta con todas las habilitaciones para hacerlo, aunque, destaca, el Código Alimentario hoy por hoy no lo estaría permitiendo. Esta- señala- es una traba que atenta contra todos. Si se cambiara, parte de lo que produce podría venderse a un precio de entre 35 y 40 pesos en el mismo tambo, especialmente en los de menor escala, como los que tenemos en buena parte de la provincia y que hoy subsisten como pueden. Los que tienen otra producción, sacan plata de la misma para ponerla en el tambo, pero todo tiene un límite y la cuerda se ha tensado demasiado. Hace poco, en Costa Grande, cerraron dos tambos familiares. No podemos seguir esperando que sigan los cierres de explotaciones que llevan años en el rubro. Hay que encontrar alternativas como las de comercializar en los mismos tambos un alimento que es vital en la mesa de los argentinos”.

Confinamiento

Sergio Enrique Brunz y su familia, esposa e hijos, trabajan un tambo en el que apostaron al sistema de confinamiento que les está dando sus frutos con un “promedio diario de 30 litros en dos ordeñes”.

Dijo que “las vacas en producción, las lecheras están, desde hace un par de meses, en confinamiento, sistema que nos está arrojando buenos resultados en un rodeo de 150 animales. Tratamos de repartir los ordeñes. A las seis de la mañana y a las 17.00 respectivamente”.

Mencionó que el “emprendimiento es netamente familiar en donde trabajamos, codo a codo, mi esposa (María Dolores) y mis cuatro hijos (Agustín, Facundo, Mariano, y Francisco), con una cultura de trabajo muy fuerte, poniéndole todas las ganas. Mis chicos siempre colaboraron en las distintas tareas que demanda un tambo, máxime con el sistema de confinamiento”.

Dijo que el galpón, donde comen las vacas, está “terminado en un 90%, solo restan algunas terminaciones que esperamos concluir este año”.

Detalló que “trabaja con doce bajadas y un promedio de 30 litros con una dieta bastante bien formulada para las vacas en producción”. Acotó que cuenta con la ayuda de un “nutricionista que nos da una mano”. Trabajan con una “mezcla de tres clases de silo distintos. Pradera, maíz y picado de soja, expeller y alguna urea protegida”. Señaló que dedica “120 hectáreas para el tambo. En esa superficie hacemos pasturas, recría en un establecimiento en donde inseminamos, 21 años con el sistema, se cría los terneros, macho y hembra, destacando que, posteriormente, al macho se lo lleva a un lote aparte, se hace una recría y se los termina a corral hasta los 380 kilos”.

Dijo que el “holando macho, a diferencia de tiempo atrás, deja un buen número”. Señaló que el costo del grano “está bastante caro, particularmente el maíz”.

Pérdida de competitividad

En la lechería nacional es evidente cuando se la compara con el resto de los principales países productores y exportadores del mundo. Los 30 centavos de dólar oficial del mes de mayo están por debajo de lo que percibe un productor de otras lecherías relevantes del planeta. Solo los productores de Bielorrusia cobran menos que los argentinos.

Conocidos los datos oficiales de la Dirección Nacional de Lechería para el mes de mayo, caben algunas conclusiones que se desprenden del precio de la leche al productor argentino y su consecuente impacto en el delicado equilibrio entre costos y rentabilidad que reporta el tambo promedio.

Según el Tablero de Comando Sectorial de junio publicado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación, el precio de referencia pagado al productor fue de 29,77 pesos por litro producido en el mes de mayo.

Este número se desprende del promedio informado por el Sistema Integrado de Gestión de la Lechería Argentina (Siglea) que releva información de 358 empresas lácteas que realizan 8.071 liquidaciones mensuales a los productores.

Este valor, que se traduce en 30 centavos de dólar (oficial BCRA), significa un aumento mensual para la materia prima del 5,7% respecto al mes de abril y un 63,2% interanual (contra mayo de 2020).

Anteúltimos en la tabla

El dato saliente es que pese al aumento de precios del último año percibido por el sector primario, la Argentina continúa rezagada en el contexto mundial de países productores, ocupando en un ranking de ocho, el séptimo puesto. Cabe destacar que de las principales regiones y naciones productoras del mundo, solo los productores de Bielorrusia cobran menos que los argentinos.

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