Crespo– La licencia anual de la jefa del Registro Civil, abogada Leticia Zapata, puso en evidencia la pérdida de jerarquía a la que desde hace algunos años es sometida la oficina en nuestra ciudad por parte de la Dirección del Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas. Hasta la jubilación de quien ejerciera esa función con anterioridad, la oficina contaba con un jefe y un subjefe y dos empleados, una de ellas la actual jefa, y había un personal contratado.

La subjefatura suplía los momentos de ausencia por enfermedad o licencia anual de la persona a cargo del funcionamiento de la repartición, y su firma era tan válida como la del jefe. Por estos días en que la profesional goza de su licencia anual, hubo trámites subrogados a Seguí, como el caso de la celebración de matrimonios, inscripción de nacimientos, por citar algunos ejemplos, generando contratiempos innecesarios si se hubieran tomado las medidas adecuadas desde la Dirección del Registro Civil, que debió nombrar a un subjefe al momento de la jubilación de quien desempeñaba ese rol.

En ese mismo tiempo se jubiló otra empleada y actualmente la oficina funciona con un solo personal del Estado, quien cumple la máxima responsabilidad. Otro personal llegó adscripto desde otra oficina provincial. Y otras dos personas que desempeñan funciones en la dependencia lo estarían haciendo como monotributistas, con un contrato de obra que, según señalan los entendidos, es el más bajo del Estado provincial. No obstante, todo pareciera transcurrir normal en estas dependencias del Centro Cívico, pero la realidad es otra cuando se puede acceder a un círculo más íntimo donde a veces se descubre la precariedad laboral que caracteriza al organismo público y que entendemos responde a un modelo que empezó a implementarse casi al mismo tiempo en que se puso en marcha la digitalización de algunos trámites y aparecieron los primeros contratos.

¿No merece Crespo, que la oficina funcione acorde a la dinámica de la ciudad? No hablamos de calidad en la atención sino de la devolución de su merecida jerarquía, de contar con un subjefe y poder brindar los servicios de urgencia como defunciones o inscripción de nacimientos en situación de riesgo que requieren de un trámite inmediato, sin necesidad de ser atendidos por una oficina subrogada. Peor aún, que los casamientos, con turnos previamente acordados, obliguen a los contrayentes a viajar a otra ciudad.

La oficina de Crespo tiene menos personal que en los años 70, donde funcionaba con cuatro cargos nombrados por el Estado provincial y la ciudad tenía 7.615 habitantes. A lo largo de cinco décadas no se agregó personal a la oficina que tiene un importante movimiento diario, peor aún, no se nombraron reemplazantes donde quedaron puestos vacantes por jubilación (el subjefe y otro personal), y se avanzó en la precarización de la situación laboral. Sí hay que reconocer el equipamiento tecnológico con el que fue dotada para trámites digitales.

En la actualidad, con una proyección de 22.146 habitantes al año 2018 (NdelaR: Anuario Estadístico Municipal), hay un solo personal propio de la oficina que es empleado del Estado, y como ya señalamos en otro párrafo, un empleado adscripto del que no hay certeza que deba volver a la oficina de origen si es requerido y dos contratados. Esto sucede en una provincia donde la incorporación de personal al presupuesto provincial siempre ha sido proporcionalmente superior al crecimiento de la población.

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