Victoria.- Una de las pocas cuevas milenarias que atesoraba el Cerro de La Matanza se está derrumbando. Las paredes laterales han cedido a la erosión del terreno arcilloso y esos fósiles del período Mioceno (de 8 a 10 millones de años, aproximadamente) se encuentran esparcidos por todo el terreno que da al poniente. Cientos de conchillas de las más variadas formas afloran en el relieve de la piedra que a pesar de su dureza ya no soportará mucho tiempo más esa abertura al pasado.

El brillo de la piedra al contacto con los rayos solares demuestra toda la belleza oculta a los ojos de tantos victorienses que quizás todavía no conozcan ese rastro de depósitos calcáreos de origen marino, de los que tantas veces nos habló el profesor Oscar Lami. El sostenía que nuestras costas habían tenido un fluido contacto con el mar, e incluso reforzaba sus argumentos con datos y huesos de ballenas encontrados y exhibidos en el Museo Anadón, todavía hoy en día.

La cueva en cuestión, que pudo formarse también por la explotación de la piedra caliza, está emplazada en una de las caras del Cerro, donde Victoria tiene uno de las mejores vistas del atardecer, centro emblemático de nuestros pueblos originarios y último bastión de la resistencia ante el avance del nuevo mundo.

También está a metros del circuito que se construyó para autos y motos, si bien hoy la vegetación autóctona no la muestra en todo su esplendor, llegó a permitir el ingreso de varias personas de estatura normal, dado que se extendía varios metros en ancho y alto.

Paralelo 32 estuvo en este lugar y comprobó que la parte superior presenta una rajadura en toda su extensión, de más de veinte centímetros y que divide la cubierta en dos. Además, las abatidas paredes muestran que ha estado en constante movimiento.

Grandes piedras se aprecian en el interior y a simple vista se puede deducir que eran de la misma cubierta, con mucho cuidado nos acercamos para tomar algunas fotos y comprobar la erosión.

Aquí la mano del hombre no tuvo que ver en su deterioro, o sí, no lo podemos afirmar ni negar, sí notamos que tanto en este caso como ocurrió recientemente con el Puente de Antón, en el otro lado de la ciudad (El Quinto Cuartel), no se tomaron los recaudos para preservarlo, y allí sí la mano o la imprudencia de nosotros hizo en pocas semanas lo que el paso de décadas y el agua no pudieron.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here