Se cumplen hoy dos siglos de la heroica muerte de Pancho Ramírez

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Especial para Paralelo 32:

Por Raúl Pedemonte (Miembro del Centro Entrerriano «Pancho Ramírez» de Rosario)

Hoy 10 de julio se cumplen  200 años de la muerte del general Francisco Ramírez en los pedregales cordobeses de Río seco, cuando en combate, encendido de coraje y bravura, regresa para rescatar a La Delfina, su compañera, que había sido capturada por el enemigo y en esa situación es abatido de un tiro a quemarropa, que impactó en su pecho.  Uno de sus soldados intentó recuperarlo cuando ya había caído en tierra, pero no alcanzó a hacerlo por la cercanía del enemigo.  El cuerpo quedó en el campo de batalla y fue decapitado. El heroico caudillo entrerriano tenía 35 años.

La Delfina, ayudada por oficiales de Ramírez logró escapar.

Francisco «Pancho» Ramírez nació el 13 de marzo de 1786 en el pueblo del Arroyo de la China, actual Concepción del Uruguay. Su niñez y juventud se desarrolló en un ambiente campero, casi agreste; aplicándose a los quehaceres propios de las faenas del campo y recibiendo una digna educación y enseñanza apropiada a la época.  Su actuación pública se inició con el pronunciamiento revolucionario de Mayo y desde entonces comenzó a tener protagonismo por su lucha y su acción en defensa de la libertad. Abrazó el ideario federalista de José Gervasio Artigas, precursor de la Liga de los Pueblos Libres y del Congreso de Oriente. Fue lugarteniente del caudillo oriental en mérito a los principios de la táctica militar, dotado de mayor capacidad y valentía. Sus «montoneras», organizadas y disciplinadas fueron formidables por su empuje y adiestramiento.

Ramírez expidió un Reglamento Constitucional para las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones, proclamando la República de Entre Ríos, una provincia federal que deseaba unirse a las demás  en una federación de iguales, y no una nación soberana.

La República fue efímera, pero la tarea que realizó en ella Francisco «Pancho» Ramírez fue intensa.  Sancionó reglamentos en lo militar, lo político, lo económico y la recaudación de impuestos, eliminando los derechos de importación. Efectuó la división del territorio en departamentos, cuyos gobernantes serían elegidos por la población de su jurisdicción. Estableció un régimen de administración de justicia,  un servicio de correo, ordenó la realización de un censo y decretó la obligatoriedad de la enseñanza primaria incluyendo la alfabetización y la aritmética.  Prohibió además la matanza de ganado cimarrón, promoviendo la cría en estancias y la agricultura. Bajo su auspicio se realizaron los primeros comicios en la región.

Federalista por convicción y principios, enfrentó al gobierno directorial, centralista y unitario de Buenos Aires.  El triunfo de Cepeda debe considerarse como el bautismo de sangre del federalismo argentino y como la primera afirmación de la mayoría popular en favor de la organización nacional, y su consecuencia, el Tratado del Pilar, la piedra fundamental de la reconstrucción argentina  bajo la forma federal de gobierno.

El Tratado del Pilar fue el primer documento de derecho público que articuló como aspiración nacional la regularidad orgánica del país en base a la expresión democrática y autónoma de los pueblos. Fue asimismo el primer documento de derecho público

El caudillo entrerriano dejó consagrado  por siempre, en la historia institucional de la República, sus principios democráticos y la fe de su credo federalista  que serían grabados luego, de manera indeleble y definitivamente  en el artículo 1º de la Constitución Nacional: «La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma Representativa Republicana Federal”.

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