San Martin y la cultura

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Por Raúl Pedemonte.- A propósito del bicentenario de la Independencia de Perú por el general José de San Martín, que se celebró el 28 de julio pasado, y en la fecha de una nueva recordación de su fallecimiento, cabe destacar que a pocos días de asumir el cargo de Protector del Perú, el Libertador dictó el​ Estatuto para el mejor régimen  de los Departamentos Libres, Carta constitucional que tenía carácter provisorio hasta que se convocara un Congreso que estableciese la Constitución permanente, hecho que ocurriría un año después. 

Una parte muy considerable del Estatuto estaba abocada al desarrollo cultural y educativo del pueblo peruano, a la vez que disponía que todos los que nacieran en esclavitud a partir de la Independencia serán libres y gozarán de todos los derechos de los ciudadanos. Se establece la libertad de imprenta: «todo individuo puede publicar libremente sus pensamientos sobre cualquier materia, sin estar sujeto a ninguna previa censura, aprobación o revisión. Se prohíbe la extracción de piedras minerales, obras antiguas de alfarería, tejidos y materiales arqueológicos de lasa Huacas”, y ordena preservarlas.

Fueron varios los decretos del Superior Gobierno Protectoral Delegado del Perú que confirman la personalidad de San Martín desde el punto de vista intelectual, quien sostenía que «sin educación no hay sociedad. Otros decretos para el establecimiento de escuelas gratuitas de primeras letras en los conventos religiosos; la creación de una escuela normal de maestros, la reforma de los métodos de enseñanza primaria y los estudios previos para la creación de una a escuela normal de niñas y de enseñanza mutua. Fundó la Biblioteca Nacional de Lima, donde merece destacarse la importancia de la donación de unos 800 volúmenes de su colección que abarcaban libros militares, libros de historia, cartas náuticas, enciclopedias, libros de derecho, de matemàticas, de bellas artes, de literatura, oficios prácticos, de geografía y de viajes, entre muchos otros. 

Pocas funciones pueden haber sido tan dignas de consideración como lo fue la del acto de inauguración de la Biblioteca Nacional de Lima, donde San Martín habló así: “Señores: La Biblioteca  es destinada a la ilustración universal, más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia. Los cuerpos literarios deben fomentar aquélla, concurriendo sus individuos a la lectura de los libros, para estimular a lo general del pueblo a gustar las delicias del estudio. Yo espero que así sucederá, y que este establecimiento, fruto de los desvelos del gobierno, será frecuentado por los amantes de las letras y de su patria”.

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