Victoria.- A comienzo de semana pasada, rápidamente, la municipalidad de Victoria adhirió al decreto 641/2020 del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) en el que, entre otras cosas, en el artículo nueve se prohíben “los eventos sociales o familiares en espacios cerrados y en los domicilios de las personas, en todos los casos y cualquiera sea el número de concurrentes, salvo el grupo conviviente”. El decreto entero puede leerse en boletinoficial.gob.ar.

Ahora bien, cabe preguntarse cómo se aplicará el artículo mencionado en la ciudad. Desde luego que el decreto de Nación no contempla las particularidades locales, y es por eso que el municipio debe atender a estas cuestiones.

El dinamismo de los datos y el desarrollo de la pandemia hace que casi toda opinión quede vieja. También es verdad que nadie tiene certezas en este contexto y, básicamente, se ve qué hacer sobre la marcha.

Al cierre de edición no se contabilizan (según fuentes oficiales) casos positivos del virus SARS-CoV-2 en la ciudad. Además, Victoria es considerada, por ahora, una ciudad sin circulación del virus.

De todo lo anterior se sigue que sería cuanto menos dudoso centrarse en la prohibición de los eventos familiares. Es decir, para que haya un caso positivo en la ciudad debe venir de afuera, por lo que resultaría más sensato enfocarse en reforzar los controles en los ingresos.

Cabe aclarar que en estas líneas no se pretende decir que la municipalidad se está centrando en los eventos familiares. No obstante, buscamos señalar que el debate local (hasta el momento, siempre hay que especificar esto) hoy debería pasar por cómo realizamos controles correctos en los ingresos a Victoria. En realidad, el punto está donde prácticamente siempre estuvo.

¿Podemos visitar a la familia?

Entonces, surge la pregunta: ¿Puedo visitar a mi familia? Si vamos a lo escrito, no se podría. Pero (siempre hay un pero) el control de la aplicación de este decreto al cual la municipalidad adhirió va a ser -en palabras del jefe departamental de policía, Omar Regondi- “con criterio”.

Regondi se explayó sobre esto. A los efectos de simplificar la explicación, ejemplificó: “Si en una casa hay cuatro o cinco personas reunidas comiendo un asado se va a aplicar el criterio de que mientras no estén haciendo disturbios (por ejemplo, con música fuerte) se va a permitir”.

Sin embargo, agregó: “Pero si son diez personas o quince, entonces se va a labrar un acta. Ya tenemos un modelo que nos enviaron. El acta, con fotografías y videos, sería elevada a la justicia federal, quien sería la encargada de aplicar la multa correspondiente para el dueño de casa o lugar donde se estuviera desarrollando la actividad”.

En definitiva, el “criterio” al que hace referencia Regondi es necesario. De lo contrario se caería en el absurdo, en la contradicción, en lo somero. No resistiría ningún análisis que la gente pueda ir a un bar, pero no visitar a la abuela.

Mientras tanto, en términos de libertad individual vamos para atrás, como los cangrejos. La llamada “cuarentena” ya perdió toda fuerza etimológica y avanzamos hacia una fórmula insostenible desde lo económico donde reina la incertidumbre. El sector privado (el único generador de riqueza y el que sostiene al Estado) no puede seguir anquilosado. Tampoco se puede continuar sin una visión integral de la salud. Dicho de otra forma, no se puede ignorar la salud mental de la población.

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