(Por Ulises Oyarzún).- En Chile, se lleva más de 30 años estructurando la sociedad de tal manera, que el ejercicio democrático, a través de la expresión del voto, es lo mínimo que hay.

Para finales de los 80, ese voto fue decisivo en el fin del gobierno militar. Pero pasados los años, esa mínima expresión democrática no fue suficiente. Porque los gobiernos de turno, junto a la clase política, decidía el destino del país, en reuniones a puertas cerradas.

Al pasar los años, supimos el escándalo de un ejercicio que había colonizado todos los colores políticos. Financiamientos de parte de la empresa privada a campañas políticas de diferentes bancadas, que luego resultaría en la devuelta de favores, a la hora de aprobar los proyectos de ley.

Yo estudié casi un año en una carrera de psicopedagogía en Playa Ancha. Solo fue un año, y no creerá, pero luego de más de 10 años después, aún tenía que pagar. Hay compañeros que estudiaron la carrera y terminan con una deuda parecida a la compra de una casa. Es insoportable todo lo que vive el chileno común.

El sobre endeudamiento, un sistema de salud hecho para los que tienen. Y aun los que tienen, frente a una enfermedad catastrófica, quedan sin nada.

Tener cáncer en Chile, es cruzar “un Mar Rojo”. Una tarea titánica que revienta el bolsillo del que sea. Por eso quienes tienen cáncer, o deben vender una casa, financiar el tratamiento con ayudas solidarias que nunca alcanzan, o esperar resignado el destino faltan sin el tratamiento como es debido.

Mis padres se atienden en el servicio público y me cuentan, que si tienes alguna enfermedad crónica, donde el padecimiento se hace severo; aun así, para que te den una interconsulta y veas cara a cara a un especialista, puede pasar entre 3 a 9 meses. Sobre todo para personas de la tercera edad, que en vista de no estar insertos en el mundo laboral, ni tienen capacidad de consumo, quedan fuera del sistema.

Y esos ancianos, reciben una jubilación de 300 dólares aproximado (las más benevolentes) que se va en medicamentos. Los últimos días son muy duros para un anciano en nuestro país.

La educación es un negocio. La salud también. El sistema previsional es un gran negocio.

Las fuerzas armadas tienen un sistema de previsión y salud completamente diferente al pueblo. ¿Sabía usted amigo extranjero?

Un jubilado de las fuerzas armadas o de la policía, con 20 años de servicio puede optar a una jubilación de piso, de unos 600 mil pesos hacia arriba (mil dólares). Mientras que un profesor, con 40 años de servicio, recibe algo no mayor a los 220 mil pesos (300 dólares).

El chileno sufre el abuso del sector público y privado. Y se cansó. El voto, ya no es suficiente.

Porque llegamos a la conclusión que la mayoría ha gobernado para favorecer a una minoría. La misma de siempre. Y todas las decisiones, son “aspirinas” que se resuelven a puertas cerradas. Se han repartido el país entre unos pocos. Y el sentimiento de indefensión del chileno es insoportable.

Por eso la gente de mi país ha salido a las calles. Porque necesitan que la manera en que se ha construido el país hasta ahora, ¡no siga más!

Se escuchan voces de un pacto social, de una nueva constitución, de una baja en los sueldos de los honorables, de un cambio radical al tema de las pensiones. Lo que sea, pero ya nadie quiere seguir igual.

El chileno se ha sentido abusado y ultrajado por años, y eso de que somos un ejemplo de economía a nivel latinoamericano. Es cierto, pero esas cifras de enriquecimiento no se reflejan en una vida de calidad para el ciudadano promedio. Lejos de eso.

Y no hablo de que en mi país hay grandes Cordones de “pobreza extrema”, quizás no, pero sí hay desigualdad extrema. La clase media vive ahogada en deudas. Está 3 a 4 veces endeudada por sobre el promedio de su salario.

Somos una bomba de tiempo.

En ese escenario, las enfermedades mentales y sus trastornos, están golpeando a mucha población desesperada. La depresión azota mi país, a mis jóvenes, en cuyo rango etario suben las tazas de suicidio de manera alarmante.

Y esa bruma que hace insoportable respirar, ha cansado al pueblo.

Ha habido actos de violencia, sí. Pero es tanta la desesperación de muchos, que como dicen por ahí “Una acción anormal en una situación anormal, es prácticamente normal”.

Nadie aprueba los saqueos, ni la violencia. Pero tampoco se aprueba, que se usen esas escenas en los miedos, como lo único importante o lo único que se debe resistir en estas manifestaciones. Eso ha sido una estrategia de varios medios de comunicación para desviar el problema de fondo.

Chile, hasta hoy, es un país hermoso, aprovechado por unas pocas familias que viven su sueño de realización y prosperidad, a costa de un gran número de familias, que son la alfombra humana, que trabaja para cumplir los sueños de esa minoría.

Queremos un Chile para todos. De eso se trata esta lucha.

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