** ¿Qué sería de nosotros sin Google?, se oyó decir por ahí. La respuesta es simple para miles de millones de humanos que aún no lo tienen y otros que se criaron sin Google y sobrevivieron a ese intento, pero esta clase de preguntas invitan a preguntarnos qué cosas son realmente imprescindibles, o peor y más enigmático: ¿existe algo imprescindible?

Cada ser humano fija sus propias prioridades, por eso habrá siempre quienes se pregunten qué seríamos sin electricidad y otros qué seríamos sin cerveza.

** Digo, por tirar una: ¿Qué sería el homo sapiens si careciese de un nombre? Quizás no sería nada. Un ser sin identidad. Un vagabundo errante en la vida. Si hasta los árboles tienen nombres propios. Caminaríamos como zombis en la tristeza de nunca escuchar a un semejante que nos llame por nuestro nombre. Cuando los nombres de pila no existían, la gente se identificaba así:

** — ¿De quién me estás hablando?

_¡Del ladrón de gallinas!

Ahí ya quedó identificado para siempre el tipo. Pongámosle que este corto diálogo se dio hace mil años entre los teutones (hoy alemanes) y al sujeto le quedó ese mote, que a la larga sería su apellido. Pasan los siglos y el tipo migra por el mundo llamándose Hünderdieb. ¡Un apellidazo!, entre nosotros suena a nobleza, pero en los países de habla alemana significará siempre ‘ladrón de gallinas’.

¡Viva la suma cultural!                 

** De los apodos, estigmas, virtudes, oficios, posición social, región geográfica, topografía (Montagna, Del Valle), surgieron los apellidos. La migración los camufló. Bajó del barco en Buenos Aires el tano Buoncompagno (buen compañero) y consiguió trabajo en una fábrica junto a sus compatriotas Pulgoso y Ubriacone (borrachín), con el francés Forguerón (herrero), el polaco Stolarz (carpintero), el croata Lopov (ladrón) el ruso Misnik (carnicero), el alemán Holzmann (el tipo era de madera), y todos allí desconfían del alemán Wollbein (pata de lana).

** El apellido Flores del mundo hispano, es Flawers en el sajón y Blumen en el germano. En nuestra América inexplorada, los quechuas llamaban a sus hijas: Sabiduría (Amaru); los guaraníes Flor (Anahí); los mapuches Cascadas de alegría (Ayelén), Regalo (Eluney). A sus niños: Ave de la fortuna (Atawalpa), Tigre (Nahuel)…

** Los españoles que inmigraron a América latina en los dos últimos siglos, siguieron revelando los oficios o rasgos físicos de sus antepasados más remotos. Apellidos como Cabezón, Delgado, Hermoso, quedaron de fácil interpretación. Granjero tuvo granja, Sastre una sastrería, Zapatero una zapatería, Barbero una barbería… Y basta de asociaciones fáciles… a esto llegamos por preguntarnos ¿qué seríamos sin?

Sigamos imaginando                  

** ¿Qué seríamos sin?… amigos, tecnología, electricidad, música, plásticos (¡ahá! ¿qué seríamos sin los mal reputados plásticos?), sin emociones, sin maestros, arte, imaginación, amor, ciencia, sin Messi, sin la Luna. ¡Upa! ¿Qué pasaría si la Luna no existiera? Algunos pensarán que las noches serían más oscuras pero eso no nos cambiaría mucho la vida; que habría menos poesía, es cierto, pero no nos cambia mucho. Nos hubiéramos perdido aquella emocionante noche de 1969 cuando Neil Armstrong pisó el claro polvo lunar. Sin embargo, si hoy nos quitaran la luna desaparecería la vida en la Tierra así como la conocemos. Y si la Luna nunca hubiera existido, la vida habría aparecido cientos de millones de años más tarde. Lo dice el científico Pablo Santos Sanz.

** Es difícil ponerlo en términos sencillos como nos gusta hacerlo en esta columna. Pero juguemos a eso en pocas líneas: Si desapareciera la Luna, el agua de los océanos y mares se estancaría, aumentando su nivel en las costas y el agua se redistribuiría hacia los polos. El clima cambiaría drásticamente.

El sapo que tanto la amó            

** Nuestro planeta rota sobre sí mismo, avanza en su órbita, está inclinado 23 grados respecto del plano de su órbita, y su eje no está quieto. Pensemos en un trompo (peonza). Cuando gira a velocidad se mantiene en su eje pero cuando pierde fuerza el eje hace un movimiento circular. En otras palabras, el trompo se bambolea.

** “La Luna, con su fuerza gravitacional, mantiene estable ese movimiento. Si desapareciera de golpe –dice el científico– el eje de rotación terrestre perdería su estabilidad, lo que conllevaría una alternación de las estaciones. Serían habituales veranos con temperaturas de más de 100 grados, e inviernos a 80 bajo cero, con las adaptaciones que ello implicaría para la vida animal y vegetal”.

** Además, sin la Luna, no tendríamos el poema de García Lorca: “En el aire conmovido / mueve la luna sus brazos / y enseña, lúbrica y pura, / sus senos de duro estaño”; y Jorge Chagra y Nicolás Toledo no habrían compuesto la bella zamba del Sapo Cancionero en su “locura de adorar la luna, que es locura eterna de todo poeta”, enseñándonos cómo se puede encontrar la belleza hasta en la apariencia menos agraciada.

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