Victoria.- El reglamento de elección de la Representante Departamental del Carnaval contiene modificaciones respecto de ediciones anteriores. Por ejemplo, el primero que salta a la vista es que ya no se denomina “reina” a la ganadora del concurso. Sin embargo, en el mismo reglamento se utiliza el término “reina” para referirse a la representante: “En el caso de sucederse 3 (tres) negativas de representación por parte de la «reina» electa, la Municipalidad de Victoria podrá (…)”, reza un punto referente a los requisitos que deberá cumplir la representante del carnaval y las finalistas.

Con lo anterior queda bastante clara la complejidad que determina el uso de las palabras, pues éstas no pueden modificarse simplemente por decreto. El mismo reglamento que cambia la denominación de la ganadora por uno nuevo, utiliza el término modificado (o sea, reina) para referirse a ésta.

Más allá del nombre que se le dé, hay otra cuestión que lleva, cuanto menos, a preguntarse sobre qué aspectos de las candidatas juzgará el jurado de este concurso. Los certámenes de belleza hoy están siendo discutidos más que nunca y, muchas de las participantes, para presentarse frente al público, deben cubrirse con máscaras llenas de eufemismos.

En este caso, en el reglamento se especifica que se evaluará: a. responsabilidad: asistencia, puntualidad y predisposición en los compromisos; b. esencia – Identidad; c. empatía; d. simpatía; e. espíritu carnavalesco y desenvoltura; f. conocimiento sobre Victoria y el carnaval.

Vamos por parte; la puntualidad y asistencia es algo sencillo de evaluar, esto no requiere desarrollo porque se trata de algo evidente; los conocimientos deseados sobre Victoria y el carnaval también se pueden examinar de manera fácil y no significa mayor problema; si bien es cierto que, en cuanto a la evaluación del espíritu carnavalesco, la desenvoltura y la simpatía entran en juego cuestiones más subjetivas, más o menos se puede saber qué apreciará el jurado en estas categorías. También es cierto que no es tarea fácil evaluar la empatía de alguien, pero hay indicios que se pueden tomar a través de la conversación y de conocer las acciones de las postulantes. El problema, sin embargo, se da en el punto ‘b’.

Esencia, identidad. La palabra esencia viene del latín essentia. A su vez, essentia deriva del verbo latino esse, que significa ser. Entonces, la esencia de alguien es lo que constituye su naturaleza, su ser. Identidad, que viene de ídem (lo mismo), es la relación que, en este caso, alguien mantiene consigo mismo.

En pocas palabras, el jurado ya no evaluará las medidas corporales de las participantes y si éstas se ajustan o no a la idea de belleza generalizada que hay, sino que tendrá la tarea de juzgar lo que constituye la naturaleza de las participantes como personas y la relación que éstas mantienen consigo mismas.  Ahora, para no cosificar, no se juzga el cuerpo o un rostro bonito. En cambio, se evalúa la esencia e identidad de las participantes. Si Heidegger estuviese vivo, quizá la municipalidad de Victoria lo llamaría para conformar el jurado del carnaval.

Además del absurdo, también es cuestionable que con estos criterios de evaluación se logre cuidar la salud mental de las participantes. ¿No es ultrajante perder porque tu esencia e identidad no son suficientes? Es decir, es algo que no tiene que ver con una parte de vos (tu cuerpo), sino con todo tu ser. Si antes el daño era psicológico, ahora la herida es ontológica.

El cambio no se dará por reglamento

En definitiva, la crítica señalada aquí no es hacia un cambio de forma, sino ante la apariencia de un supuesto cambio. Estamos acostumbrados a escuchar eufemismos hasta en el nombre de los impuestos. Nos habituamos a pensar que, al modificar un fonema, la realidad también cambiará. Pero la verdad es que para que haya un cambio hacia un lugar más sano, más humanista, se requiere compromiso. Compromiso individual y colectivo. Acciones que vayan más allá de esta publicación, un comentario o un reglamento. Se requiere que se vea a la sociedad como una comunidad, donde los individuos no tienen precio, sino valor. Se requiere desear ir hacia el camino justo. De lo contrario, simplemente se está jugando con las palabras.


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