La vejez es un espejo en el que pocos se atreven a mirar. La cultura live fast, die young (vive rápido, muere joven) ayuda a comprender que el miedo a la vejez no es, necesariamente, el miedo a la muerte. Es otra cosa. Es el miedo a no ser tomado en cuenta, a no poder valerse por uno mismo, a ser feo.

Las arrugas no sólo preocupan a los estetas, pues asociadas peyorativamente a éstas hay cuestiones de la práctica social que molestarían a cualquiera. El viejismo es una realidad poco tratada. La juventud, en sí misma, no es una virtud. La vejez, por sí sola, no es un vicio.

“La sociedad tiene como mecanismo de defensa soslayar, discriminar y hacer a un lado aquello a lo que le teme”, dice la psicóloga Stella Cístola, que ha hecho en la ciudad de Victoria cursos de psicogeriatría. “Creo que el punto de inflexión fue la revolución industrial, donde la cuestión productivista tomó fuerza. Cuando priorizamos el tener sobre el ser, pasan estas cosas”, define.

Asimismo, la psicóloga sostiene que la ciencia se ha dedicado durante años a buscar el elixir de la juventud, pero sólo ha logrado avances estéticos a través de las cirugías. Entonces, mucha gente se dedicó a eso: a verse joven.

“El viejismo es una forma de discriminación. Es denigrar, rebajar y vapulear a un ser humano por tener determinado tránsito en la vida”, explica. Por otro lado, cuenta que en su experiencia profesional el primer miedo que aparece relacionado a la vejez es el miedo al deterioro.

“Cuando preguntás con qué asociás la vejez, lo primero que surge es el deterioro mental y el deterioro físico, que eso implica el pasar a depender de otros. Ese miedo, el de no ser autosuficiente, determina con mucha más fuerza la cuestión del viejismo”.

La reina de la TV

Llegado a este punto del diálogo, Cístola juega con un ejemplo: el de Mirtha Legrand. “Cuando ella legitimó que era una adulta mayor, empezaron a aparecer fotos de la hermana gemela, que no tenía cirugías. Yo me preguntaba cada vez que veía esas fotos si Mirtha Legrand hubiera gozado del mismo respeto de la audiencia sin las cirugías”, ejemplifica.

“Luego, me respondo a mí misma: no, Mirtha Legrand no habría sido admitida. ¿Dónde hay un viejo al frente de un programa o un ciclo que no sea de uno dedicado a la vejez? Para mostrarte a la sociedad tenés que verte joven”, reflexiona.

Pandemia y vejez

El abordaje de la pandemia por parte del gobierno evidencia una gran faltante: la parte psicológica. La psicóloga opina que el Estado se ha ocupado de la parte sanitaria, con la difusión de medidas de higiene correspondientes, y de la parte social, con el aislamiento. Pero no ha tenido en cuenta la salud mental de los habitantes.

La profesional piensa que, en líneas generales, en la cuarentena no se trató la parte emocional. “Pensaron que al adulto mayor había que encerrarlo porque es considerada persona de riesgo y punto. Se limitaron a hacer eso y listo”, señala.

 

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