Prevén que el río Paraná alcance alturas negativas en toda la provincia

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El río Paraná se mantiene estable en diferentes puertos de la provincia de Entre Ríos pero lejos de sus niveles normales y muy por debajo de la marca de aguas bajas, y se espera que continúe descendiendo en los próximos meses hasta tener alturas negativas (debajo del nivel del mar) en todas las ciudades, se informó hoy.

El Instituto Nacional del Agua (INA) apuntó que prevalece una «tendencia descendente» que «continuará predominando en los próximos tres meses» al menos, y pidió «especialmente» mantener «la captación de agua fluvial para consumo urbano».

Asimismo, espera que siga bajando sus niveles manteniéndose con alturas negativas en las ciudades de Diamante, La Paz, Victoria y Paraná al menos hasta octubre.

Altura del río

En Paraná, el río bajó dos centímetros a -32, y continúa lejos de su nivel de aguas bajas (2,30 metros) y de su altura promedio en julio (3,10 metros).

Según los pronósticos del INA, las aguas continuarán descendiendo y alcanzará los -55 centímetros a fines de agosto.

En Diamante, la altura bajó al negativo y llegó a -4 centímetros, muy lejos de los 2,40 metros del límite de aguas bajas y 3,70 metros menos que el promedio para este mes.

En ese sentido, el INA espera que el río llegue a un promedio de -0,61 metros de altura en septiembre y de -0,69 metros en octubre.

En La Paz, el río Paraná se mantiene con 21 centímetros, muy por debajo de los 3,20 metros de límite de aguas bajas y de los 3,69 que la Prefectura Naval Argentina (PNA) registró como promedio entre 1996 y 2020.

Allí, el INA espera que la altura continúe «con oscilaciones» pero «en gradual descenso» disminuyendo hasta los -8 centímetros a fines de agosto, pero que podría llegar a los -40 centímetros.

En tanto, en Victoria también está estacionado en 1,07 metros, lejos de los 2,60 metros de aguas bajas y 2,61 metros menor al promedio de agosto, por lo que el INA prevé un promedio de -4 centímetros en septiembre y de -28 en octubre.

Problemas

El INA espera impactos en «las tomas de agua para consumo urbano, para refrigeración de centrales de generación eléctrica y de procesos industriales» y problemas en «la navegación fluvial, fauna íctica, estabilidad de márgenes» y una «exposición a incendios en márgenes e islas».

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