Nogoyá.- El viernes partió a la eternidad Aníbal Camilo Affranchino, quien fue más conocido por su oficio de “Gomero Express”, una creación suya que cubrió una necesidad en su pueblo.  Su muerte conmovió a la ciudad y deja un manto de impotencia, ya que su deceso se produce luego de 35 días de agonía tras haberse accidentado en su moto cuando colisionó con un perro que se encontraba suelto en calle Sixto Oris.

Los perros callejeros, o que tienen dueños pero deambulan por las calles, representan un riesgo para ciclistas y motociclistas. El infortunio le tocó a Affranchino en la noche del 07 de noviembre cuando conducía su moto por calle Sixto Oriz entre Mihura y Concordia. Allí, cayó sobre el asfalto tras impactar contra un can de gran tamaño.

Affranchino sufrió traumatismo de cráneo con pérdida de conocimiento, siendo derivado hacia el Hospital San Martin de la ciudad de Paraná donde permaneció internado, luchando por su vida día tras día y falleciendo ayer viernes.

Su partida ha causado honda congoja entre sus familiares, amigos, conocidos, allegados y clientes. ¿Quién alguna vez no debió pedirle socorro a través de su ingeniosa modalidad de servicio? ¿Se pudo evitar su muerte? ¿Hasta cuando se permitirá que los perros que deambulan en las calles sean un inconveniente para el tránsito? ¿Cuándo los responsables asumirán la totalidad de sus responsabilidades?

Creó un servicio indispensable

Supo instalar una marca con su ingeniosa salida laboral. Un paseo en moto frustrado por una pinchadura, lo llevó a acondicionar su medio de transporte con una caja de herramientas, inflador y parches, para dar auxilio a los motociclistas de Nogoyá que sufrieran un pinchazo.

El origen de este oficio, más allá del rebusque económico, se produjo cuando Aníbal salió a pasear en moto junto a su hermano down y pincharon una rueda en el paseo los puentes, muy lejos de su casa, contó su hija en redes sociales.

Luego del pinchazo, Affranchino se comunicó con remiserías para que pudieran buscar a su hermano y evitarle una larga caminata, pero los remiseros se negaron a llevar al joven con síndrome de down por temor a “que se descompensara” (¿?).

La indiferencia y discriminación del momento generó la reacción de Aníbal. Su celular además se quedó sin batería, así que no tuvo más remedio que caminar aproximadamente 5 kilómetros con la moto de tiro y su hermano encima de ella.

Molesto por la situación, al llegar a casa entre rezongos se preguntó a si mismo: ¿Cómo puede ser que no haya alguien que te auxilie cuando pinchas la moto? ¡Mañana me hago gomero!

El anuncio generó risas en su familia, creyendo que la frase era solamente producto de una rabieta, pero no fue así. Equipó su moto para dar auxilio, hizo grabar la publicidad con un locutor y los resultados fueron prácticamente inmediatos.

“El primer día tuvo una sola moto, pero él no desistió y al día siguiente tuvo tres y después ¡no paraban de llamarlo!”, contó su hija sobre el origen de la novedosa modalidad comercial.

El “Gomero Express” ahora permanecerá en el recuerdo de una comunidad que observa resignada como las problemáticas urbanas se vuelven una costumbre y nos brindan como única salida aprender a convivir con ellas.

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