Por Liliana Inés Pereyra.- Las pandemias siempre han cambiado la historia; nos enfrentan por un lado a procesos disruptivos que significan, en el mejor de los casos, una gran disminución de nuestra omnipotencia; la caída de las expectativas y el crecimiento de la incertidumbre y el temor y por otro lado nos interpela con nuevos desafíos y aprendizajes.

Aparece en primer plano el cuidado, de nosotros y de los otros, como expresión de lo humano y el varón papá se prodiga y protege.

En esta línea, y tomando como base mi experiencia clínica, considero que las imágenes de los hombres “paternando” son muy comunes en estos momentos. Los veo más cerca de sus hijos, con un mayor seguimiento y compromiso en la crianza, aunque obviamente, no exentos de ambivalencia, porque ésta, al igual que el conflicto, atraviesa lo humano. Me refiero a situaciones reales, no ideales.

Como psicóloga me atrevo a pensar que los hombres en la actualidad confirman su ser padres más allá de un orden natural y de un orden simbólico, es decir, su paternidad comprometida no tiene que ver solamente con el cumplimiento de la “Función Paterna”, de la representación de la Ley paterna: triangular entre el hijo y la madre, sino que lo percibo facilitando el desarrollo del hijo, sosteniéndolo y amparándolo (Holding) en el camino de su integración personal y promoviendo un apego seguro.

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