Luis Jacobi

Han pasado cuatro meses desde que publicamos un comentario en las páginas de Paralelo 32, bajo el título “Cuidarse de la gripe y las tarjetas de crédito”, y la situación ha llegado a una gravedad que aflige a cientos de miles de usuarios del país que, forzados por el atraso salarial y la inercia que traían con el uso de tarjetas de crédito para todo, cayeron en la ciénaga del “pague el mínimo”.

Dijimos en esa oportunidad que “pagar cada mes solo el mínimo puede llevar a una situación de endeudamiento creciente. Algo así como una bola de nieve”. El interés sobre saldos había aumentado de 110% a 130%. Poco después algunos bancos elevaron al 25% el monto mínimo a ser cancelado, poniendo a los practicantes del ‘revolving’ (giratorio) –que es como se llama en la jerga a pagar el mínimo– en situación de desfinanciamiento familiar.

Los bancos comprendieron que el ‘revolving’ o “revolear para adelante”, le costaba al usuario de la tarjeta un 160% anual que lo llevaría probablemente a la situación de incobrable, por lo que algunos dispusieron a incrementar el recupero del capital prestado para bajar los riesgos.

Desde entonces siguió trepando la cantidad de usuarios que no logra completar el mínimo y el banco cancela su tarjeta. Defenderse pagando mínimos ya no es una buena estrategia como lo fue en tiempos de intereses bajos. Recurrir a esta modalidad tiene consecuencias muy costosas, no solo por las tasas de interés que se aplican por los saldos adeudados sino también porque se les reduce el límite disponible. Muchos no tienen otra opción, pero a la luz de la realidad es como cavar un pozo buscando la salida en el fondo.

“Pagar el mínimo de la tarjeta es como pedirle al banco un préstamo sin garantía”, señala el analista Nicolás Litvinoff. “Las tasas pueden más que duplicar el costo de la mercadería o del servicio adquirido”, advierte.

Es que el monto que se deja pendiente para el otro mes queda sujeto a cargos de diversa índole, de tipo administrativos, seguros, intereses y comisiones, entre otros.

Los resúmenes de algunas emisoras líderes especifican que el pago mínimo está compuesto por:

– 100% de los intereses, cargos y comisiones del período.

– 4% de los saldos adeudados de períodos anteriores.

– 4% de las compras en 1 pago y en hasta 3 cuotas.

– 10% de la cuota vencida de compras entre 4 y 12 meses.

– 50% de la (cuota vencida) de las compras en 13 o más meses.

– 100% de adelantos de efectivo.

– 100% de todo saldo que exceda el límite de financiación asignado.

– 100% del pago mínimo anterior impago.

El dato es de iProfesional y nos permite ver que cuando se paga el mínimo de una tarjeta, el banco se asegura de cobrar la totalidad de los intereses devengados hasta la fecha, más cargos y comisiones, mientras que el capital adeudado se amortiza muy poco. Solo exigen un 4% de los saldos anteriores y entre 4 y 50% de la cuota nueva que vence en ese mes. El resto del capital sigue quieto y sumando intereses que pueden llegar al 13% mensual, más cargos, comisiones, punitorios, impuesto de sellos y el siempre presente IVA (21%), que generalmente tenemos olvidado pero también de esta forma incrementa sus recaudaciones el Estado.

Todo esto configura una peligrosa trampa para el usuario común de los plásticos, que por lo general no comprende las complejidades financieras creadas por los que nunca pierden pero además nunca se conforman con los superávits alcanzados.

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