P. Enrique Caballero: Aránzazu es su nueva casa desde hace un mes

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Victoria.- La parroquia Nuestra Señora de Aránzazu cuenta, desde hace un mes con el experimentado sacerdote Enrique Caballero. Oriundo de Gualeguaychú, Caballero es reconocido por su serenidad y dicción pausada. y por su calidez al confesar.

“Conocía muy poco la ciudad. Cuando vine empecé a recorrer y conocer, me gusta mucho Victoria”, dijo. Y, agregó: “Veo que, a pesar de las limitaciones que tenemos en este tiempo, en la basílica hay bastante actividad”.

—¿Cómo ve que se vive la fe en Victoria en la actualidad?

—Este acontecimiento, que ya lleva su tiempo, al principio nos golpeó fuerte a todos. Sin embargo, también hay otro aspecto: nos hizo parar un poco. Hablando con la gente yo señalo este aspecto: el de ordenar nuestras vidas, qué considero importante y qué siento que debo hacer que sea de provecho no sólo para mí, sino también para los demás. Dentro de lo que nos resulta molesto debemos buscar eso otro que nos ayude para cuando pasen situaciones así.

En relación a la virtualidad y la utilización de estas herramientas, opinó: “No niego el valor que tienen [las nuevas tecnologías] pero también nosotros debemos aprender a utilizarlas. No debemos caer de manera tal que sigan provocando lo mismo que hoy estamos lamentando, ese estar cada uno por su lado. Tampoco debemos despreciar las tecnologías, porque, sobre todo en este tiempo, son una gran ayuda para, por ejemplo, participar de la misa, pero no es lo mismo”.

Seguidamente hizo hincapié en el espíritu entrerriano de apertura: “En Victoria veo una apertura muy linda y muy grande. He estado en Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, Paranacito y la apertura para recibir y dar lo que cada uno tiene es una característica común”.

Llegado a este punto, contó una anécdota: “La experiencia más fuerte que tuve en Paranacito fue en 2015, cuando a fin de año comenzó la creciente. Estábamos entre el agua y yo me preguntaba: «¿Qué hago acá?», pero me quedé ahí. Cuando el agua estaba bastante alta, salí a ver qué hacía la gente, y ésta seguía en su ritmo normal, nada más que lo hacían en lancha. Entonces, esas cosas que uno va asimilando ayudan a conocer los lugares y lo que uno puede dar”.

Respecto a la actualidad sanitaria, señaló: “Por encima de todo está el seguir las instrucciones de quienes saben. El asumir estas cosas a las que no estamos habituados, por supuesto que cuesta. Pero también está la posibilidad de darnos cuenta de que no vamos solos por la vida, entonces no sólo tenemos que cuidarnos sino también cuidar a los demás. Esas frases que se repiten tanto, ojalá se nos graben bien”. El sacerdote Caballero llegó a la ciudad para, a su vez, dar ese espíritu de apertura que señaló es propio de los entrerrianos. En este sentido, muchos cristianos ven en él a un gran confesor y encuentran, a través de él, la paz de Dios. Seguramente, con el correr del tiempo, toda la comunidad lo conocerá, sobre todo en una época donde muchos habitantes necesitan ese pasto espiritual del que hablaban los primeros pobladores de estas tierras.

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