Alberto Rotman
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Hoy nuevamente suenan las armas en la vieja Europa, esa Europa que todos admiramos y de la que a un alto porcentaje de argentinos nos unen raíces comunes. Esa Europa que dio un ejemplo al resto del mundo cuando, en ese mundo convulsionado, construye la Unión Europea y luego la moneda común (el euro).

Pensé que la lucha entre estos países, que con tanto odio se enfrentaron en años y siglos anteriores habían sido sepultada definitivamente. Pensé que la demencia de quienes pretenden ser dueños de la forma de pensar y actuar del ser humano, al mejor estilo de la mente enfermiza y trasnochada de Adolf Hitler, había sido aprendida y sepultada para siempre.

Recordemos que las últimas batallas abiertas que ocurrieron en Europa fueron en Berlín y Praga las que culminaron con la rendición incondicional del ejército Nazi el 9 de mayo de 1945, hace 76 años.

En todos estos años se trabajó para demostrar al mundo que ese infierno que fue la 2º guerra mundial, que dejo más 50 millones de muertos, fue aprendido a pesar de las diferencias que persistieron posteriormente como la Guerra fría, la Cortina de Hierro (con sus países satélites) y la OTAN, la caída del muro de Berlín, los Balcanes y algunos nacionalismos enfermizos, siempre primaban los acuerdos y a nadie se le ocurría que un país potencia europeo podía invadir otro país europeo para domesticarlo y convertirlo en satélite, como ocurría hace más de 80 años.

Hoy ante la invasión a Ucrania por la Rusia de Putin debo reconocer cuan equivocados estábamos. Hoy nuevamente, una mente demencial pretende retrotraer el reloj del tiempo y convertirse en el zar de una Rusia imperial que seguramente tendrá pies de barro, porque la historia no se repite y si lo hiciera, lo hace «primero como tragedia, después como farsa» (Slovoj Zizek).

El nuevo Zar de la Rusia del siglo 21 con el mismo fundamento que utilizó Hitler hace más de 80 años para quedarse, con Austria en marzo de 1938 en lo que se conoce como Anschluss (anexión), aduciendo proteger a los alemanes que ahí vivían. Un año después se quedó con los protectorados de Bohemia y Moravia, lo que hoy es la República Checa, culminando el 1 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia desencadenando la 2º guerra mundial. Todo ello con la mirada indulgente y la pasividad de los líderes occidentales

Hoy, con el mismo fundamento del Nazismo, Putin disciplinó primero a Georgia en la estratégica zona del Cáucaso, luego en 2014 anexa la península de Crimea y ahora le toca a Ucrania, todo ello con el fin de anexarlos al nuevo imperio ruso que pretende reconstruir. Si este espiral de crecimiento a través de su poderoso ejército y el respeto internacional respaldado en su arsenal nuclear no es detenido ahora por el mundo democrático, a estos países les seguirán otros y ahí si estaremos en camino de una nueva conflagración mundial con consecuencias imprevisibles.

Hoy, padecemos de personalidades capaces de liderar al mundo civilizado en este tan difícil momento, esto debe suplirse con la fuerza que representa la unificación de los que creen y defienden el sistema democrático y entiendan, que los fascistas, autócratas y dictadores que encarcelan o envenenan a quienes no piensan como ellos, no pueden tener cabida en esta sociedad globalizada del tercer milenio que debe mirar el futuro.

Es posible que el poderoso ejército de Putin aplaste a la heroica resistencia de los ucranianos, pero con el tiempo va a ocurrir lo que el periodista Thomas Friedman escribe para el The New York Times «a la larga, los lideres que intentan enterrar el futuro con el pasado nunca les va bien. A la larga su nombre será sinónimo de infamia». ¿pero y el mientras tanto?

Para finalizar aspiro que las autoridades de Nuestro País aliñen claramente a la Argentina entre los países democráticos y civilizados, condenando esta demencial invasión de Rusia a un país democrático como Ucrania, saliendo así, de esa triste ambigüedad que vergonzosamente, nos coloca al lado de los dictadores y autócratas como viene ocurriendo hasta ahora.

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