Molina Campos, el pintor de los gauchos

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Por Raúl Pedemonte.- El 21 de agosto se cumplen 130 años del nacimiento de Florencio Molina Campos, el polifacético y carismático artista que dedicó sus dibujos, caricaturas y pinturas  a exaltar las tradiciones y costumbres de la tierra y sus paisanos.

 «Yo le diría a los escritores, a los músicos, a los pintores: vayan a la pampa, a los montes, a las sierras y recojan nuestro inmenso caudal  disperso, que aún está a tiempo para salvar el folklore nativo. ¡Triste será que las futuras generaciones nos pidan cuenta! ¡Triste será que no podamos decirles qué fue del gaucho, y qué hemos hecho para mantener la tradición nacional!»

 Molina Campos nació en Buenos Aires y desde niño pasaba sus vacaciones en estancias de la familia en General Madariaga y Chajarí, Entre Ríos, donde comienza a realizar sus primeros dibujos que fueron tramando los lazos con su vida en El campo.

Fue en 1926, trabajando en la Sociedad Rural, cuando inaugura su primera muestra: «Motivos gauchescos (caricaturas)»,  en el marco de la Exposición Nacional de Ganadería.

Cuatro años más tarde, la Firma Argentina de Alpargatas, contrató al dibujante para pintar 12 obras, una para cada mes del año 1931, su primera presencia en un almanaque que continuó hasta 1936 con contratos anuales. Luego retomó el hábito entre 1940 y 1945.

Cerca de 18 millones de láminas, con sus obras, le dieron una difusión única. Los almanaques se verían en las estaciones de trenes, almacenes de ramos generales, pulperías, etcétera. ¿Quién no recuerda aquellos almanaques con las imágenes de esos gauchos de bigotes machazos, narices coloradas, rastras vistosas, caballos enjaezados, cabezones, flacos, con ojos saltones, grandes pezuñas y costillas marcadas?

 El artista recorrió innumerables pueblos y lugares del interior para contactarse con los paisanos, sus formas de vida y sus costumbres, Pernoctaba en los ranchos, participaba de fiestas, bailes, casamientos, domas y visitaba escuelas de campo que le refrescaban los recuerdos y eran modelo para sus obras.  Asimismo los afiches difundían una prenda de vestir usada por las distintas clases sociales, no sólo por el gaucho.

La popularidad de Florencio lo llevó a tentar suerte  en otras latitudes, especialmente en Estados Unidos, donde de la mano de Walt Disney  difundió las costumbres nuestras a través de dibujos animados (El gaucho volador; Goofy se hace gaucho; El gaucho reidor y Los tres amigos). La obra de Molina Campos refleja su aguda capacidad de observación que retroactiva las posiciones con un humor casi inocente y con algo de melancolía. Una memoria cuasi fotográfica y un amor profundo por nuestras tradiciones, y que nos dice: «Yo he querido y me he propuesto  como una expresión de fe religiosa, que el espíritu heroico y nobilísimo de nuestros gauchos de antaño no desaparezca, arrollado por el embate materialista; que no se borre jamás la fuente inspiradora de nuestra nacionalidad y humildemente, a la zaga de Martín Fierro, de Santos Vega y del Fausto argentino , los cantos máximos del alma gaucha, voy manteniendo vivo el fuego de ese culto… El gaucho se va, lo ha desalojado el modernismo y vive ya solo en la leyenda. Pero yo confío en que, al darle forma gráfica, se adentre de nuevo en nuestra vida de hoy y de siempre, como lo estuvo en nuestro glorioso pasado». (Extracto de Molina Campos. Alma de gaucho).

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