El ciclo escolar 2020-2021 tendrá la modalidad de educación a distancia acompañada de libros de texto. Las lecciones serán para preescolar, primaria, secundaria, bachillerato y se transmitirán a través de seis canales de televisión tanto públicos como privados con cobertura nacional. Las clases serán para 30 millones de estudiantes de 16 grados escolares de las 8:00 de la mañana a las 7:00 de la noche.

En las regiones indígenas donde no hay acceso a la señal de televisión, se utilizará la radio con el apoyo de 36 radiodifusiones educativas y culturales de México. Se tienen contemplados 4.550 programas de televisión, además de 640 de radio en 20 lenguas indígenas, según la información oficial.

La brecha tecnológica en comunidades indígenas

En las comunidades indígenas mayas, el escepticismo es grande. Ni los alumnos ni los padres de familia confían en las clases por televisión.

Jeremías Mateo vive en Maya Balam Quintana Roo. Este pueblo está formado por campesinos guatemaltecos sobrevivientes a la guerra en su país que obtuvieron refugio en México hace 35 años.

Según Jeremías, ni siquiera la mitad de los habitantes de Maya Balam tienen televisión: “Las clases por televisión no nos sirven porque no siempre hay señal. Además, los niños no se pueden quedar solos mientras vamos a trabajar a la milpa. El gobierno quiere que tomemos el trabajo de los maestros y eso no nos corresponde y aunque queramos, no sabemos”.

“Aquí en Maya Balam hemos recibido tareas de los maestros por WhatsApp y el problema es que no todos tenemos celulares. A veces tenemos que pedirle ayuda al que sí tiene y la recarga es muy cara. Si hay que imprimir algo, pues es un dineral. Tenemos que salir del pueblo y buscar un cibercafé y las fotocopias o impresiones cuestan mucho”, subraya una joven, añadiendo que no hay maestros en el pueblo, que “todos vienen de Chetumal” (la capital del estado que queda a dos horas de distancia en coche).

Angel Sulub, del Centro Comunitario U Kúuchilk Chibalon en Carrillo Puerto, Quintana Roo, es promotor de la cultura maya y educador. Sulub es muy crítico no sólo con las clases a distancia sino con todo el sistema educativo mexicano: “En muchas comunidades ni siquiera hay electricidad ¡¿cómo quieren clases a distancia?! De hecho los planes de estudio son racistas y clasistas: no toman en cuenta las culturas de los pueblos originarios, ni sus lenguas, ni sus problemas; al contrario, se trata de estandarizar la formación, de que se pierda lo indígena e imponer valores y modos de producción que no son los nuestros”.

“El modelo de desarrollo que se nos impone, mantiene a los indígenas como mano de obra barata al tiempo que pierden su lengua, sus saberes, su cultura”, sostiene el joven activista.

En Quintana Roo, en el Caribe mexicano, a simple vista resalta el enorme contraste entre el lujo de los polos turísticos como Puerto Aventuras, donde los ricos llegan en sus propios yates, y la pobreza del personal indígena que viaja dos o tres horas como sardinas para limpiar baños en los hotelazos norteamericanos o europeos.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más de 16 millones de hogares no tienen conexión a internet. Es claro que la brecha digital corresponde al nivel de ingresos y de la población.

Covid, desempleo y más pobreza

Las medidas de sana distancia para evitar más contagio por Covid obligaron a las autoridades sanitarias a cerrar todos los centros turísticos. En el caso particular de la Rivera Maya (que vive del turismo), los empleados de hoteles, restaurantes, etc., perdieron su trabajo y tuvieron que regresar a sus pueblos.

Sin ingreso fijo ni propinas, su vida se pauperizó aún más.

Mayelín Ortiza, Supervisora de Educación Escolar en Playa del Carmen, Quintana Roo, narra a RFI cómo este paradisiaco lugar se volvió zona de desastre: “Las personas empezaron a caer muertas en la calle por Covid. No se sabía qué era. Las autoridades callaron para no asustar a los turistas, pero llegó el momento en que hubo que detener todas las actividades. Los turistas se fueron, lo que trajo desempleo y una mayor pobreza en las zonas marginales de Playa del Carmen. Las clases por televisión son todo un reto para maestros, papás y sobre todo para los alumnos. Hay familias que tuvieron que vender el teléfono celular, la computadora y la televisión pues se quedaron sin trabajo y sin ingresos. Era eso o el hambre”, cuenta.

Una empleada de un modesto restaurante que no quiere revelar su nombre, afirma que las “clases por televisión le pueden funcionar a la gente rica de las ciudades, a nosotros no. En mi región, sólo se puede captar la señal de la televisión de paga. ¿Sabe Usted el dineral que cuesta al mes? ¿Y quién se va a quedar con los niños chiquitos? Todo el mundo tiene que ir a ganarse la vida lejos de los pueblos. No hay dinero que alcance, para las fotocopias, para las recargas del celular. Y los de la televisión de paga, no bajaron sus tarifas, las subieron”.

“¿Sabe Usted cuántos millones le van a pagar a las televisoras privadas? ¿Sabe cuántos hospitales o escuelas se pueden construir con ese dinero?”, reclama un campesino indignado.

Israel García Acatitla es un albañil del Estado de México que observa el desolador panorama y comenta: “Si antes ir a la escuela era bien difícil, imagínese ahora la deserción escolar. Ahora que aumentó el desempleo y la crisis, muchos niños se irán a trabajar con sus papás, muchos ya no regresarán a la escuela. El internet no es gratis y cada recarga para celular es muy costosa”.

Vida Saludable

Por iniciativa del presidente Andrés Manuel López Obrador hay una nueva materia, “Vida Saludable”, donde se les enseñará a los alumnos la importancia de la nutrición sana, el ejercicio, la limpieza del entorno y la higiene personal para fortalecer el sistema inmunológico de la población. Sin embargo, sobre plantas de tratamiento de aguas negras, redes de agua potable y alcantarillado no ha habido ningún anuncio.

Muchos esperan que este esfuerzo por llevar las clases a todos los hogares sirva para crear una red de telecomunicaciones que abarque todo el territorio nacional. Se calcula que, de los 126 millones de mexicanos, 16 millones no tienen acceso a internet (según el INEGI).

En México hay 51.387 escuelas públicas. Los 40 millones de alumnos y maestros siguen aún en confinamiento.

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