Maten al mensajero de la libertad

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Tigranes II El Grande fue rey de Armenia entre los años 95 y 45 antes de Cristo, período en el que se consolidó su territorio como el mayor del este romano. Cuando Lúculo y sus tropas invadieron su extenso territorio, llegó un punto en que amenazaban ya el palacio del rey. Alguien tenía que avisarle de la situación y se le presentó un emisario con la novedad. Tigranes ordenó decapitarlo tras recibir la mala noticia y no le dio crédito a la misma. Así le fue.

Hitler también insistió en negar la realidad hasta último momento y probablemente quienes sentían la obligación de decirle la verdad, temían por sus vidas.

Esta semana el dictador nicaragüense Daniel Ortega cerró 11 radioemisoras y cuatro canales de TV por cable en su país, denunció la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). La arremetida es «parte de una campaña que pretende eliminar todo vestigio de prensa independiente y representa un nuevo avance sobre la libertad de culto y de pensamiento en esa nación», sentenció la SIP.

La mayoría de las estaciones confiscadas, en el departamento de Matagalpa, pertenecen a la Iglesia Católica. Esta acción es simultánea con un clima de agresiones policiales contra templos católicos y sacerdotes.

Duele creerlo pero, se deduce de posteos y declaraciones de algunos dirigentes argentinos, que este también es el sueño supremo de unos cuantos en nuestro país, cuyo deseo se ve frustrado por ahora, y a no dudarlo, miles de militantes de uno u otro lado de la grieta verían con agrado el cierre selectivo de medios, y tal vez el de muchos púlpitos desde los cuales hay sacerdotes que no callan la verdad objetiva, gobierne quien gobierne.

El periodismo independiente irrita a todos aquellos que sienten como una contradicción a su pensamiento las investigaciones e informaciones que éste divulga. La prensa libre molesta a los que solo quieren leer y escuchar  noticias y opiniones que confirmen y les den argumentos para lo que ellos desean creer, de uno u otro lado de la grieta. Algunos preferirían degollar al mensajero que, por investigación, comprobación o conclusiones obvias, informa lo contrario. Válganos Dios, que en Argentina y Latinoamérica toda, nunca perdamos la pluralidad de los medios de comunicación, porque en ellos se afirma y confirma la democracia.

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