Según el último reporte Digital 19, el tiempo promedio que un usuario está conectado a redes sociales (en un día) es de 2 horas 16 minutos. Frente a estas cifras no es difícil identificar que el tiempo de exposición a las pantallas tiene importantes consecuencias.

Estamos ante otra cara del mismo fenómeno: la desinformación en tiempos de pandemia. “Se puede recurrir a la analogía del contagio: una vez que el virus del SARS-Cov-2 entra en el cuerpo se esparce por todos lados y se sitúa particularmente en los pulmones. El sistema inmunológico es el que se encarga de aliviar o complicar las cosas una vez que ha sido infectado el individuo. Del mismo modo, una vez que el virus digital (la infoxicación) entra en la mente, se esparce por todas las neuronas, altera al individuo, su comportamiento y psique, corresponde a la razón y al juicio crítico entonces, realizar el papel de sistema inmunológico frente a esta infección.” sostiene Abel Santos, Client Strategy en Extendo, empresa que diseña, produce y entrega soluciones Data Driven Marketing.

En tiempos actuales esto cobra especial importancia, un ejemplo de la diferencia entre el efecto del COVID-19 y la pandemia del SARS en 2002 es su efecto en las emociones colectivas. Los registros del antecesor estuvieron ahí para su consulta: el porcentaje de letalidad, contagio, brotes, etc. La gran diferencia es que nadie los recuerda porque no existían o no había tanto acceso a los servicios de mensajería instantánea, celulares con una cámara decente, ni redes sociales por medio de los cuales compartir los datos de manera inmediata y a todo el mundo.

La infoxicación es un término que tiene más de 20 años conceptualizado por Alfons Cornella, quién en 1996 lo define como una saturación y sobreexposición a la información. “Entonces estábamos limitados a lo que mostraban en las noticias, a lo que un determinado número de personas decidían compartir, pero no por ello menos contaminados y entonces… llegó la coalición de Internet agravando esta condición. Ejércitos de buscadores y sitios bombardeando sin piedad de datos. Referencias y noticias de todas partes, poco a poco fueron ganando terreno y familiaridad, esperando pacientemente que llegaran las redes sociales a dar el tiro de gracia publicando las opiniones de cualquier persona como verdad irrefutable” señala Abel Santos.

A diferencia de hace 20 años, ahora tan solo en un click tenemos una cantidad de datos casi infinitos, pero aquí es cuando se pone interesante. Reuters Institute, explica en su informe acerca de la infodemia durante la pandemia, que el 59% de la información falsa es “reconfigurada”; esto significa que contiene datos verdaderos pero se modifica agregando contenido engañoso o derivado de un contexto falso. También expone que el 38% de este contenido es “fabricado”, en otras palabras, inventado y el porcentaje restante obedece a sátiras, parodias y memes.

Para avanzar a una cura, primero se debe identificar los síntomas. “Si te sientes abrumado por la información que recibes diariamente, te paralizas en algún momento de tu día o simplemente no sabes qué hacer con los datos que te han llegado, estás contagiado y el primer paso es reconocerlo. Se recomienda también ordenar la información y agruparla por categorías y listas, así será más fácil de consultarla. Puedes crear estas listas en Twitter o utilizar lectores de redes sociales como Feedly.” explica el Client Strategy de Extendo.

Se recomienda también modificar los hábitos: no consumir información todo el tiempo y asigna un tiempo máximo de consumo de información, de lo contrario, estarías perdiendo tu recurso más importante que es el tiempo. “También destacamos la importancia de buscar información de calidad: No es lo mismo el vlogero geek emprendedor, amante de la innovación, iluminado por Google, que el periodista que lleva 25 años de trayectoria. Cada medio, persona y fuente de información tiene sus propios intereses. Cuestiona cada uno y decide. Internet, las redes sociales y la conectividad seguirán creciendo, innovando y sorprendiéndonos cada día más y en consecuencia, la información crecerá exponencialmente. El punto medular es ponerle freno, pero no a los datos, sino a la exposición y la cantidad de tiempo que pasamos frente a la laptop.” señala Abel Santos.

Debemos desarrollar el juicio crítico y discernimiento para no enfermar. Utilizar los límites y la capacidad de organización como vacuna y en especial asumir nuestra propia responsabilidad al consumir información, pero también al momento de compartirla.

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