Crespo.- El locutor y comunicador social Santiago Rinaldi tiene una larga trayectoria de más de cuarenta años en los medios radiales y televisivos en nuestra región. Con su programa “Caminata Sabatina” recorre la provincia y otras latitudes del país desde 1981, difundiendo las actividades de personas e instituciones, constituyendo un programa clásico que entró en la historia de los medios provinciales.

–  Su primera radio fue LT14 en 1976. ¿Qué hizo?

—  Hice turnos de locutor comercial, cubriendo las vacaciones de los locutores profesionales. En ese verano de 1976 me inicié trabajando intensamente porque había que cubrir hasta dos turnos diarios, que sumaban 12 horas. La mayor parte de la publicidad era leída, grabaciones muy pocas; la música se presentaba tema por tema, con autor e intérprete. No le correspondía leer boletines porque eso era tarea del locutor redactor de boletines informativos. Eso siempre fue dividido, aún hoy en esa radio sigue siendo así y en la mayoría de las radios AM están separados locutores comerciales de locutores de informativo.

–  Previamente hacía presentaciones en escenarios.

—  En 1973 me inicié haciendo presentaciones en el baile del Club Villa Dora al norte de Santa Fe, llegando a Guadalupe. Animaba ese baile que es muy particular. Durante muchos años hicieron la publicidad en Canal 13 y se caracterizó por el slogan “Madres gratis”, porque durante mucho tiempo las chicas iban acompañadas por sus mamás. Tenía un segmento de música lenta, otro de música movida y tango, porque el tango era una exigencia del sindicato de músicos de Santa Fe.

En la música

–  ¿Ya venía ‘pintando’ como locutor o se metió porque en algún lugar había que trabajar?

—  Me metí de corajudo. Más que nada era una aventura, una travesura de baile de domingo y estar en un lugar donde te exponés y las chicas te miran más. Toda la vida me pregunté de dónde venían mis ganas de hacer locución. De lo que recuerdo, en los actos de la escuela, o cuando había clases de lectura y te hacían pasar al frente a leer. A mí me gustaba eso. Después, como desde muy chico estuve en la música, cuando incursioné en la música folklórica en escenarios, teníamos un grupo que se llamaba “Los Sin Nombre”, con el que fuimos a participar al Pre Cosquín. Yo era el que hablaba entre tema y tema; interpretaba guitarra y canto. Estudié música doce años, me recibí de profesor de guitarra por teoría y solfeo. Di conciertos también, fue una etapa muy linda. La abandoné porque me vine a vivir a Paraná y me metí en la locución y en la radio, en la comunicación con todo. Lo que hice en esa experiencia artística era la otra forma de comunicación, con el canto, en especial con el folklore.

–  No le conocíamos esa faceta de músico.

—  (sonríe) No, porque yo con la guitarra… en un asado, después de un par de vasos de vino, muy de vez en cuando. Tuve la ilusión durante mucho tiempo de volver a tocar como lo hacía en mis conciertos, pero ya no.

–  ¿Hizo conciertos?

—  De música clásica. Llegué a tocar, inclusive, con la Sinfónica de Santa Fe. Éramos un grupo de cuatro o cinco guitarras. Lo último fue un recital que dimos en el Centenario de la ciudad de Deán Funes en Córdoba. En una parte lo acompañamos a Orlando Veracruz, que estaba en sus comienzos artísticos, en 1975. En la academia hice conciertos en grupo en el Teatro Municipal de Santa Fe. Éramos diez o doce intérpretes. Hacía música clásica y algo de folklore argentino, obviamente instrumental.

–  ¿En un primer momento, su idea estaba por el lado de la música?

—  Aprendí a escribir música en un pentagrama antes de aprender a escribir letras y números. En el inicio de ese año escolar, en 1962, me introducen en una academia de guitarra. Tengo aun los primeros cuadernos apentagramados con los primeros garabatos de las claves de sol y de fa, de los silencios. A mediados de año empecé a escribir.

Trabajar en radio

–  ¿Cómo logró ingresar a la locución en radio? ¿Mandaba una grabación, había un contacto influyente?

—  En mi caso no hubo contacto. Era más seria la cosa, eran más serias las selecciones, la honestidad para determinar quién iba y quién no. Si bien, llegué con alguna recomendación o ingresé por alguna puerta que me posibilitó entregar la grabación y mis antecedentes. Los antecedentes eran el ciclo secundario completo, que no tuviera ninguna cuestión policial, que en esa época era importante. Después, la voz y la dicción. Lo que medían al comienzo era locución leída, sea relato, noticia, texto publicitario.

–  ¿Qué era trabajar en radio?

—  Trabajar en radio nos creaba y nos imponía una conciencia muy rigurosa. No tenía nada que ver con lo que vino después, que era la limitación de expresión por censura. No. Las pautas culturales de la sociedad era exigentes para con la terminología a emplear, la seriedad de la continuidad. Que ocurriera un bache era algo grave que había que saltar y cubrirlo como fuese. Hoy pasa cualquier cosa en una transmisión radial y a nadie se le mueve un pelo.

–  Había que darle continuidad a la transmisión.

—  Continuidad de contenidos y no cualquiera opinaba. Dentro de las especialidades estaban los opinadores, los improvisadores, el locutor que tenía que leer y nada más. Así se dividía el trabajo. Insisto, no tenía nada que ver con una cuestión política que ocurrió después. Sino que era la pauta cultural de la sociedad y del manejo de los medios. Me tocó trabajar en medios privados y era exactamente igual.

–  Parece que las radios AM siguen cuidando el lenguaje, pero muchas FM parecen no respetar las exigencias. Es una cloaca en algunos casos.

—  Es parte del deterioro social, la pérdida de valores que inexorablemente continúa en la sociedad y no hay nada ni nadie que lo pueda detener. Lamentablemente. Creo que es parte del descontrol y la situación anárquica del sistema de radiodifusión del país. Pero, no existe control profesional para el funcionamiento. No se confunda con el control de la libertad de expresión. Con el tiempo, se encausó, más o menos, y quedó librado a la seriedad, o no, de cada radiodifusor cómo llevar adelante ese medio. Entonces, surge el vocabulario, la falta de ética y de una pauta de respeto por el oyente, de la bajeza del nivel cultural y de expresión.

–  La radio va quedando relegada a un segmento etario o se sigue renovando.

—  Para mí se sigue renovando. Pero las nuevas generaciones se inclinan más por lo musical. Creo que con el buen contenido, que es el qué decís y el cómo lo decís aplicándote a la vida de hoy, hay audiencia en las nuevas generaciones, en aquellos que buscan informarse, actualizarse y saber qué pasa en su sociedad.

–  La radio sobrevivió a la televisión.

—  Exacto. Y va a sobrevivir a las redes sociales.

Los referentes

–  Muchos presentadores de música a menudo opinan o editorializan sobre temas que no forman parte de su programa; sobre política por ejemplo.

—  Yo digo siempre que los comunicadores, locutores, periodistas y productores de contenidos, somos emergentes de una sociedad. Uno que ya tiene algunos años y pertenece a un par de generaciones atrás, que tuvo la oportunidad de formarse como ciudadano común y corriente dentro de los cánones del respeto y la decencia, al momento de llegar a actuar frente a un micrófono, aquellos principios, que están marcados en la forma de ser, se expresan. Y los jóvenes que, lamentablemente, ya nacieron en una sociedad con pérdida de valores, tienen naturalizada esa forma de ser y de expresarse. Así llegan al micrófono o al escenario.

–  Me parece que el que tiene aspiraciones de llegar más lejos tiene un referente y sigue su huella.

—  Exactamente. Mis referentes son Cacho Fontana, Antonio Carrizo, Héctor Larrea. Ninguno de los medios de Buenos Aires ya es lo que era en esa época (años sesenta y setenta, N. de R.). Todo cambió, pero también está el principio fundamental de cualquier ser humano para cualquier actividad, que es la propia dignidad. Cómo esforzarse, preocuparse y dedicarse a tratar de superarse. Y en esto, por más aplausos o renombre que tengas, no alcanza para cruzarse de brazos y decir ‘ya llegué’. Mentira. Hasta el último día que estás haciendo locución tenés que preocuparte por ser bueno, no por ser el mejor.

Radio Colonia y Canal 9

–  ¿Cómo llegó a Radio Colonia?

—  Ya no era de los uruguayos. Era de los hermanos Kaminsky, dueños de Microfon Argentina y de Estudio Orión, el mayor estudio de grabación que había en ese momento. Ahí grababan todos. Los Hermanos Cuestas, que eran figuras estelares en Buenos Aires y en el país y en países vecinos. Eran los nenes mimados de Julio Maharbiz, de Kaminsky y de Microfon Argentina. Les propusieron hacer un programa folklórico que se llamó “Viajando con los Hermanos Cuestas”. Les otorgaron el espacio de lunes a lunes de 2 a 4 de la mañana en Radio Colonia. En esa época tuve el privilegio de andar mucho con ellos por distintos lugares del país, presentándolos.

Ese año, 1985, fue la histórica presentación de las Bodas de Plata de Cosquín. Hizo por primera vez la televisación ATC, la Televisión Pública. La comisión de Cosquín permite por primera vez que un locutor no cordobés haga la presentación. Era yo que presentaba en horario central a Los Hermanos Cuestas como parte del espectáculo. Tuvo una trascendencia descomunal eso y en agosto de ese año comenzamos con Radio Colonia. Viajábamos todos los domingos a Buenos Aires, el lunes todo el día se grababa en el Estudio Orión. Rubén y Néstor Cuestas llamaban a sus conocidos para grabar, Ramona Galarza, los Tucu Tucu, quien se te ocurra. Grabábamos las entrevista y todo lo que era palabra. Un operador quedaba armando el programa, las latas cruzaban el Río de la Plata a Colonia, y desde allá emitían al aire. Eso duró un año. Lo hice por experiencia y por aceptar la invitación de Néstor y Rubén. Nunca me imaginé, y creo que tampoco ellos se imaginaron, la trascendencia que tuvo el programa. Porque de 2 a 4 de la mañana, con cartas o llamados telefónicos de cualquier parte del país, de Uruguay, de Paraguay. Fue una experiencia extraordinaria. Y gracias a eso estuve en la grabación del último disco de Los Iracundos originales. Tengo una charla grabada con ellos.

–  También fue fundador de Canal 9 TVER.

—  En 1985, durante el primer gobierno de Sergio Montiel, Manuel Arrías, director de Prensa, y Reynaldo Adrián Puig, deciden poner un canal de televisión. Estaba la serie de antenas repetidoras de Canal 7. Utilizando eso con enlaces de microondas, se podía cubrir gran parte de la provincia. En el cuarto piso de la Caja de Jubilaciones se instaló Canal 9 con un trabajo artesanal enorme de técnicos para la iluminación y la escenografía. Yo fui convocado porque había sido locutor estable de Canal 13 de Santa Fe durante 3 años. Hasta el año anterior me había desempeñado en el noticiero como locutor de INTA, encargado de la difusión de INTA Entre Ríos e INTA Rafaela. Entonces, Manuel me convoca y fui el primer locutor que apareció en el primer día de transmisión, con imagen y voz. Me acompañó Inés Ghiggi. Por un tiempo quedé como conductor y presentador del noticiero.

Caminata sabatina

–  Desde 1981 hace Caminata Sabatina, el mascarón de proa de toda su carrera. ¿Cómo surgió?

—  Surgió por un productor publicitario rosarino, Ferdinando Santini, radicado temporariamente en Paraná. Un hombre muy emprendedor. Quería poner un programa comercial y se eligió el sábado por la mañana, con temas variados para darle mucho énfasis al centro comercial de Paraná. Se puso un móvil, lo que era una osadía. Ahí sí entraba mucho la cuestión de la censura durante la dictadura. El móvil se instaló en calle San Martín, que no era peatonal todavía. Arrancamos entrevistando a la gente. El primer tema que tocamos fueron los molinetes de los colectivos. Se ponía una ficha que se pagaba y daba vuelta para permitir el acceso. Fue el 6 de junio de 1981. El programa tuvo mucha promoción desde antes de salir al aire. Como idea creativa de este rosarino, en el prensa… ‘cómo le va señor, cómo le va señora, no me pise los canteros’. Se popularizó mucho el ‘no me pise los canteros’. ‘Vaya por la plaza, vamos a ir por acá, por allá con la caminata sabatina’. Era una cosa bastante loca y osada para la época. Pegó mucho en la gente. Había un equipo de gente conocida y con predicamento en la radio: Beatriz Morgan, como locutora en estudios, Rubén Sarmiento, Sebastián Britos…, después vino como corresponsalía Segui Carlos Hugo Monzón (corresponsal de Paralelo 32, ya fallecido, N. de R.). Después la radio, como siempre pasa, dejó el proyecto y lo desactivó. Ahí pido yo ser el productor y encargarme del programa. A partir de allí, paso a ser el titular de Caminata Sabatina. Desde 1989 decido salir a transmitir desde exteriores.

–  El lugar más lejano desde el que transmitió con Caminata…

—  Ushuaia, donde hicimos tres transmisiones. También, llegamos a San Lorenzo do Sul en Brasil, hace diez años, a un festival muy grande. En Río Grande do Sul. Después fuimos a la ciudad donde nació Xuxa, Santa Rosa, que es la capital de la soja, donde la soja tiene un museo y monumento. Fuimos a Ayutí, en Paraguay.

–  ¿Vivió algunas vicisitudes transmitiendo desde exteriores?

—  Me pasó en la zona de Crucecitas, donde tuvimos que ir a una casa que nos aseguraban que había una señal. Yo estaba subido arriba de la mesada con el teléfono suspendido arriba, porque ahí estaba la señal. Después conseguimos otro teléfono y lo pusimos en una mesa en la galería de la Escuela El Chimborazo. Arriba del portatermo logramos ubicar el celular con señal y de ahí no se movió más. Venía el entrevistado y había que inclinarse sobre la mesa cerca del micrófono del celular para hablar, porque no había que moverlo. Fue en 2011. En otra ocasión, transmitiendo desde Boca del Tigre, Eduardo Solanas se subió al molino de agua de la escuela, la rueda del molino giraba loca, sin traba. Llevaba un postecito de ñandubay, de alambrado, se lo tiró a las aspas, las trabó y quedó inmovilizado el molino. Pudimos amarrar una antena direccionada a Paraná para hacer enlace con VHF con la radio y hacer el programa.

–  Ocupó la mañana de LT14 durante mucho tiempo.

—  Sí, con el programa “Nuestra Vida”. Antonio Carrizo nos grabó la presentación. En marzo se cumplen 16 años que sigo en LT39 de Victoria, de 7 a 9. A las 7 y 5 de la mañana sale la voz de Carrizo: ‘Nuestra vida, con Santiago Miguel Rinaldi’.

Quien es

El locutor nacional Santiago Miguel Rinaldi (Paraná, 1955) ha desarrollado su carrera en numerosos medios de comunicación locales y regionales. En enero de 1976 inició su actividad profesional en LT 14 Radio General Urquiza de Paraná. Siguió con diferentes programas en LT39 Radio Victoria, LT38 de Gualeguay, LT 15 Concordia, Radio Nacional Santa Fe, LT10 UNL y Radio Colonia, de la República Oriental del Uruguay. Fue locutor estable de LT 9 Radio Brigadier López, Canal 13 de Santa Fe y de Canal 9 TVER de Paraná (hoy Canal 9 Litoral).

Desde 1973 trabaja como animador de espectáculos en festivales y eventos. De sus programas de radio y televisión, se destaca “Caminata Sabatina”, que comenzó en 1981 y se difunde desde diferentes lugares, difundiendo y promoviendo a personas, instituciones y comunidades.

En noviembre pasado recibió en el Senado de la Nación la Mención de Honor “Senador Domingo Faustino Sarmiento”, en reconocimiento a su trayectoria.

Está casado con Patricia Ridolfi y tiene tres hijos (Santiago Sebastián y María de la Paz conectados con la actividad paterna, y Patricio, odontólogo), cuatro nietos y un quinto en camino.

La evolución de los medios

–  ¿Qué ha visto en los medios desde que comenzó en 1976?

—  He visto de todo en tantos años. Uno es testigo y protagonista de todos los cambios. La mayoría de los cambios han sido muy favorables. La integración de la gente a ser protagonista en los medios. En mis comienzos el público no estaba allí, era temeroso, respetuoso. La sociedad, en mis inicios en la Comunicación, era excesivamente respetuosa en todo y con todos. No era habitual que en los programas hubiera tanta participación y protagonismo como ahora del habitante común de cualquier parte. Con la llegada de la democracia, se produjo un aumento de medios de comunicación como radios FM y canales de cable; y culturalmente se fue soltando más la sociedad. La poca participación de antes era por pautas culturales de la sociedad. En lo tecnológico también. Rememorar lo que era hacer televisión hace 35, 30 o 20 años atrás, cuando no estaba la imagen digitalizada y había que editar en cinta, en videocasete VHS, ni hablar de VTR que se podía grabar sólo en Canal 13 de Santa Fe.

Me acuerdo de 1978 cuando llegó la primera videocasetera que vos filmabas, rebobinabas y veías lo que habías filmado, parecía increíble. Porque hasta ese momento estaba el celuloide, que tenías que filmar, ir a un estudio donde revelaban ese rollo y de acuerdo al tema o a la urgencia, el material filmado se pasaba ese día o quedaba para revelar y pasar en el noticiero del día siguiente. Hoy son extraordinarias las redes sociales que, hasta compiten con los medios de comunicación. Pero no van a lograr ser lo que son los medios de comunicación.

 

–  ¿Por qué?

—  Porque está en las manos de todos, y allí viene la parte negativa de este avance. Cualquiera opina pero, mal que le guste a muchos, no cualquiera tiene el conocimiento acabado para hacer una opinión, y encima, como se estila hoy, lamentablemente, una opinión de valor y juzgamiento de las personas o de la actividad de las instituciones. No cualquiera puede opinar y no tiene nada que ver con cercenar la posibilidad de esa multiplicidad de canales de expresión que, afortunadamente, tiene la sociedad. Y después vuelvo a lo que va cayendo y se va deteriorando, los actuantes en el medio, profesionales y gente en general. La falta de vocabulario. Nuestro idioma es uno de los más vocablos tienen en el mundo, y cada vez limitamos más la cantidad de términos que utilizamos. Hay 500 palabras para adjetivar y la gente común ni sabe que hay mil más.

–  500 palabras en el lenguaje culto. El vulgar, menos de 200.

—  Exactamente. No quise ser tan duro, pero la realidad es así. El nivel cultural de todos, en el que no tienen nada que ver la política y los gobernantes. Tienen que ver primero los padres; qué inculcan a sus hijos cuando están en la primera edad escolar; qué controlan cuando están en la segunda etapa de formación. Después es responsabilidad de cada uno no leer, no aprender, ser burro, lisa y llanamente. Después está la forma en que nos educamos. Soy hijo y nieto de inmigrantes italianos, gringos duros para todo. Para los conceptos de vida, para los principios, hasta en contra de preceptos que la sociedad iba cambiando y modernizándose.

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