Por Noah Smith (Bloomberg).- La idea de que la automatización aumentará el desempleo o reducirá los salarios —en otras palabras, que los robots tomarán los trabajos de las personas—, se ha convertido casi en un artículo de fe para muchos estadounidenses.

Todos pueden señalar instancias en que la automatización ha reducido la demanda de ciertos trabajadores. A medida que la llamada tecnología de inteligencia artificial mejora rápidamente, existe una preocupación generalizada de que muchos humanos simplemente quedarán obsoletos. Los medios de noticias están llenos de pronósticos que llaman la atención sobre el porcentaje de empleos que serán remplazados.

Pero esas estimaciones son poco más que conjeturas. La verdad es que nadie sabe cuántos empleos serán remplazados por la automatización, o cómo la automatización afectará los salarios y la desigualdad. Existe la posibilidad de que la IA, en lugar de remplazar a los trabajadores, en su mayoría solo les permita hacer su trabajo más fácilmente.

E incluso cuando se eliminen algunos empleos, aparecerán otros nuevos, posiblemente con salarios más altos. Esto puede implicar transiciones dolorosas y estresantes para las personas que tienen que cambiar de trabajo, pero no representa un apocalipsis robótico; de hecho, sería exactamente lo que sucedió en la Revolución Industrial.

Hasta ahora, las tendencias generales no parecen mostrar una invasión de los robots. Las tasas de empleo en la edad laboral son saludables, rondando el 80%.

Entretanto, los salarios ahora están aumentando más rápidamente en el extremo inferior de la distribución del ingreso —no es el tipo de patrón que uno esperaría ver en un mundo donde los trabajadores poco calificados compiten con los robots.

Algunos economistas han realizado estudios que pretenden mostrar un impacto negativo de la automatización. Por ejemplo, un artículo del 2017 de Daron Acemoglu y Pascual Restrepo afirmó que las regiones con más robots perdieron más empleos entre 1990 y 2007.

Y un estudio de Osea Giuntella y Tianyi Wang reveló que en China ocurría algo similar. Pero parece que estas tendencias no se evidencian a nivel nacional: los países que usan más robots industriales, como Corea del Sur, Alemania y Japón, tienen tasas de desempleo tan bajas como las de EE.UU. o incluso más bajas.

Por su parte, Lawrence Mishel y Josh Bivens del Instituto de Política Económica concluyeron que cuando se amplía la definición de “robots” para incluir la inversión en tecnología de la información en general, desaparece el resultado que hallaron Acemoglu y Restrepo.

Pero a pesar de la falta de evidencia de una toma de control robótica en el presente, la gente todavía está preocupada por el futuro. Infortunadamente, es muy difícil extrapolar las tendencias actuales, especialmente porque la tecnología cambia de manera muy impredecible. Para superar esta incertidumbre, los economistas han comenzado a recurrir a las teorías matemáticas.

Uno de estos esfuerzos se puede encontrar en un artículo de los economistas Francesco Caselli y Alan Manning. Su modelo matemático es bastante flexible: permite muchos tipos de trabajadores y muchos bienes de consumo y de capital diferentes.

Descubrieron que si el precio de los bienes de inversión cae en relación con los bienes de consumo —algo que parece estar sucediendo en la vida real—, los salarios medios aumentarán a medida que la tecnología mejora. Este resultado es poderoso porque es contradictorio: una caída en el precio de los bienes de inversión suena a robots baratos.

Pero esta es precisamente la condición bajo la cual Caselli y Manning descubrieron que los salarios aumentan. La clave del resultado, por supuesto, es que en este modelo los robots ayudan a los seres humanos a producir de manera más eficiente, al igual que las líneas de ensamblaje automatizadas hicieron que los obreros fabriles fueran más productivos en la era de la revolución industrial.

Pero esta conclusión viene de la mano con varias advertencias. El resultado de Caselli y Manning solo se mantiene en pie si la economía tiene una competencia perfecta y ningún poder de monopolio, una suposición que parece cada vez más obsoleta en un mundo de creciente concentración industrial. Además, su resultado para los salarios promedio no dice mucho sobre el destino de los trabajadores en la parte inferior de la distribución.

También asumen que hay un nivel general de tecnología. Pero ¿y si hay múltiples tipos? En una publicación de blog en 2017, el economista Paul Krugman creó un modelo muy simple en el que hay dos formas de producir cosas: una que usa más mano de obra humana y otra que usa más máquinas. Si esta última se vuelve más eficiente —en otras palabras, si los robots mejoran—, puede desviar a los humanos hacia el sector que requiere mucha mano de obra y simultáneamente reducir sus salarios.

En una serie de cuatro artículos de 2017 a 2019, Acemoglu y Restrepo muestran que el efecto de la automatización en los puestos de trabajo depende de qué tipo de tecnologías se crean. Demuestran que es posible crear modelos matemáticos en los que la automatización complementa el trabajo humano, permitiendo a las personas hacer su trabajo de manera más eficiente. Pero también generaron modelos en los que los robots debilitan los salarios y, en algunas condiciones, hacen que el trabajo humano quede obsoleto.

En otras palabras, la teoría económica puede dilucidar un poco las relaciones entre tecnología, empleos y salarios, pero no puede dar ninguna respuesta definitiva. Hay demasiadas incógnitas. Lo único que podemos hacer los humanos es esperar y ver cómo la tecnología afecta los mercados laborales del futuro y ajustar nuestras políticas en consecuencia.

Si robots y humanos trabajan juntos en armonía, tanto mejor. Y si los robots comienzan a desplazar a mucha gente, se necesitarán esquemas como el ingreso básico. Si los robots resultan ser lo suficientemente versátiles como para remplazar todo lo que hacen los humanos, seguramente habrá suficiente riqueza para todos.

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