“Los padres de los chicos son ciento por ciento los responsables”

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Victoria.- Cada fin de semana resurge un problema jamás solucionado en la ciudad; las motos. Mejor dicho, algunos conductores de motos que corren picadas por la ciudad, tienen los caños de escape alterados y producen gran ruido, o van realizando acrobacias y peligrosas maniobras (encima sin casco). Por supuesto que esto no se trata de una cuestión de libertades individuales, porque las temerarias acciones descritas configuran un peligro para terceros o un gasto evitable para la salud pública.

“Se trata de un grupo de no más de 10 chicos que agarran las calles como diversión. Ya tenemos el circuito perfectamente marcado: qué es lo que hacen, por dónde van… Hay una o dos motos que tienen el caño de escape libre (reformado)”, dijo a Paralelo 32 el jefe departamental de policía, Omar Regondi.

En relación a los operativos y el proceder de los policías para evitar este tipo de situaciones, dijo: “A veces, se prima evitar un mal mayor. No los vamos a andar corriendo, porque pueden chocar contra un vehículo o contra un transeúnte. Los padres de los chicos son ciento por ciento los responsables, porque saben que salen con esos pedazos de motos de sus casas, sin casco, sin carnet, sin seguro, pero después cuando pasan los accidentes todos piden cadena de oración y se lamentan”.

Educación vial

Más allá del control del Estado, todo apunta a que esta situación tiene que ver con el compromiso ciudadano de respetar las normas de tránsito ya conocidas. Desde 2013, desde el Área de Educación Vial de la municipalidad cuyas referentes son María Inés Dionisio y Giuliana Albornoz Aguiar, se realizan charlas de concientización vial en diferentes escuelas de la ciudad. De esta manera, se brindan a los alumnos herramientas sobre señales de tránsito, seguridad vial para peatones y conductores, uso del cinturón de seguridad, uso del casco y el comportamiento que deben tener los niños dentro de un vehículo.

“La imprudencia es notable, y el exceso de confianza lleva a que la gente no mida el grado de riesgo que hay cuando se conduce. Un gran ejemplo de esto fue el domingo pasado, cuando estuvo cortado el puente. Me tocó estar ahí y era increíble cómo se pasaban por el cantero de la rotonda donde tenemos el letrero de Victoria. Los conductores no medían las consecuencias, llevaban los chicos en el volante… Eso pudo haber terminado en un caos”, contó Albornoz Aguiar.

“También es notable, los fines de semana, que muchos accidentes son producto del exceso de alcohol. La velocidad, el exceso de alcohol y la imprudencia son generales en jóvenes y adultos”, señaló.

“Yo hago test de alcoholemia. Me encuentro con chicos que han tomado alcohol y conducen, y lo reconocen abiertamente. En esos casos yo les pregunto: «¿Sabés lo que te puede pasar?», y ellos responden que sí, pero que igual tomaron porque se querían divertir. Lamentablemente no está la conducta de establecer un conductor designado a la hora de salir y decir: «Bueno, vamos a divertirnos, pero vamos a volver a casa todos»”.

“En los controles se evita generar un daño mayor, es así. Es una situación difícil y queremos abordarla desde la raíz, que es la educación. Lamentablemente a las personas le cuesta mucho aplicar lo aprendido”, sostuvo. Si bien la imprudencia al volante viene desde hace mucho tiempo en Victoria, quizá ahora, con las mayores libertades de circulación, el tema ha reflotado. En definitiva, se trata de una cuestión que requiere educación, control y compromiso de todos, seguramente por eso su resolución no ha sido sencilla.

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