** Siendo gurises creíamos que era la lengua lo que nos daba la facultad de hablar. Ella era la voz. Los chismes y calumnias se atribuían a las lenguas viperinas; ¡cuide su lengua! se le decía a quien se excedía en sus agresiones verbales; el chismoso/a era ‘lengualarga’, y nuestras madres llegaron a lavarnos la lengua con jabón para que no olvidáramos que “eso no se dice”, porque ella, la lengua, y no otra cosa, era la responsable de las buenas y malas palabras.

** Al crecer un poco más conocimos la existencia de las cuerdas vocales y supimos que se complementan con la lengua para vocalizar, hasta que nos enseñaron que el aire de los pulmones es esencial en el mecanismo del habla.

Pasado un tiempo más se nos enseñó, o aprendimos por las nuestras, que todo eso servía de poco sin el cerebro con todas sus funciones en plenitud. Pero la comprensión plena llegó cuando entendimos que todo esto debía funcionar coordinada y armónicamente, porque una de estas facultades sin las restantes no es suficiente para comunicarnos en sociedad.

** No sirve tan solo tener lengua, ni se bastan solas las cuerdas vocales, tampoco los pulmones accionando como un fuelle de acordeón. Todo esto depende del cerebro y el cerebro sin esto puede pensar pero no expresarlo en sonidos, como cantar, silbar, hablar.

** Nos estamos convirtiendo en un pueblo de “haters” (odiadores) donde no importa ganar sino que el otro pierda. Se necesita para eso un enemigo, que para unos es el capital, para otros el trabajo, el Estado, la banca, la producción, las políticas sociales… Quizás alguna vez algún teórico influyente se ponga a razonar como un otorrinolaringólogo, pensando en el conjunto y en cómo hacerlo funcionar coordinadamente, complementándose todos con la mejor armonía posible, porque cada uno en su función se necesitan y complementan.

Las teorías del enemigo a vencer o aniquilar nos han traído a donde estamos. Ya deberíamos probar con otra cosa que no sea el odio.

En el fondo somos Maradona   

** Aunque los argentinos no queramos asumirlo, tenemos el maradonismo incorporado. Sólo nos apartan las cuestiones de forma pero las de fondo nos acercan más de lo que creemos, aunque nos duela admitirlo.

Diego Maradona (no Laureano, lamentablemente) es solo el emergente más notorio de nuestra sociedad. Muchos son críticos de Maradona, otros lo aman, casi todos nos parecemos a él, a su vocación por generar antinomias de todo tipo. Por eso, a pesar de sus formas a veces despreciables, que va de la ternura al odio y la agresión sin estaciones intermedias, representa un patrón cultural en el que nos ubicamos, en un extremo o el otro.

** ¿O no recordamos con emoción y sonreímos con picardía al evocar aquel golazo con “la mano de Dios”. Sin embargo fue un fraude. Maradona encarna el metro patrón del triunfador a cualquier precio en el inconsciente colectivo argentino. No lo estamos culpando de nuestros males sino diciendo que él solo es uno de nosotros que alcanzó gran fama y notoriedad. Y nosotros somos políticos, jueces, empresarios, periodistas, o uniformados que se corrompen en la búsqueda de riqueza rápida.

En busca de los 11                       

** Ya lo dijo graciosamente Don Quijote, “cada uno es como Dios le hizo y aún peor muchas veces”, y hay que respetar eso. Pero si analizamos el curioso concepto de familia que El Diez enseña a sus adoradores, nos parecerá que tiene millones de imitadores; padres abandónicos, quizás con hijos de tres parejas o de relaciones furtivas, o madres con hijos de distintos padres que no se hacen cargo. No estamos juzgando sino haciendo lectura de una realidad que se puede comprobar estadísticamente.

** Claro que Diego no se anda con chiquitas y siempre será un modelo u antimodelo exagerado. Ya le va faltando menos para armar un equipo propio. La idea no es original, lo twitteó su hija Giannina cuando el famoso papá venía sumando 8 hijos reconocidos. Después se sabría de un cuarto vástago reclamante en La Habana, el número 9, y esta semana el chico de La Plata que se sumaría con el número perfecto: el 10. Si se trata de completar un equipo no tendrá mayores problemas, incluso se cree que nuevas revelaciones podrían alcanzarle para el banco de suplentes. Es cuestión de tiempo.

¿Quién le pone el cascabel?                 

** Así como va el plan del ex astro del fútbol, que parece haber enviado a su abogado a censar su descendencia, podría caberles un reproche a las Abuelas de Plaza de Mayo porque Diego está recuperando más hijos que ellas nietos en los últimos tiempos.

Es que Diego pensó que podría mejorar la raza humana sembrando sus genes, e incluso darle chances a la selección cubana de participar en futuros mundiales de fútbol para humillar al resto del mundo en los despreciables estadios capitalistas.

** Disfruta su impunidad y esa es otra característica argentina. Diego es quien es y sabe que ningún colectivo anti machismo se atrevería a hacerle reproches por practicar al extremo lo que ellas pretenden combatir. No lo hicieron siquiera cuando el hombre estaba en actitud de negar a sus vástagos, o no recibirlos para el abrazo y la foto.

** Al hijo que tuvo con Sinagra y hoy lleva su nombre y apellido, lo supo llamar “el hijo que nunca tuve. Aún así, mientras desde un costosísimo Porsche 911 GT2 RS deje asomar su brazo socialista con el Che Guevara tatuado a centímetros de su costosísimo Rolex, seguirá siendo intocable cuando ya estén disueltas en el tiempo sus proezas en los campos de juego.

La proctocracia                 

** Por cómo está el mundo, tal vez la decisión de denominarnos sapiens fue un poco precipitada. Parecemos simios a la caza de la presa mayor y en la pelea por apropiarnos de algún territorio. Y nuestro país es un pañuelito de ese mundo. Aquí no parece abundar la inteligencia y la ambición nos devora. Hacer un recorrido por los medios informativos es impresionante. Así como vamos, este año no se podrá celebrar el 28 de diciembre porque todos los inocentes estarán presos.

** Frente a las próximas elecciones no se ve una leal competencia por mejorar la oferta electoral con propuestas sino una feroz lucha de guerrillas, donde cada uno quiere abrir el placard del otro para mostrar que guarda un muerto. El que está próximo a las rejas bombardea al juez para voltearlo, el que está detrás de ellas hace su juego perverso, entre los todavía libres se libra una competencia de justificación para demostrar que el otro es igual o peor de corrupto. Y uno les perdona siempre de nuevo, quizás porque son como los mosquitos, joden pero llevan nuestra sangre.

** Que vengan a gobernar los otorrinolaringólogos, estamos hartos de los proctólogos que nos gobiernan desde hace tres décadas.

** Y líbranos del mal, porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, y nuestra es la voluntad de soñar con reinos propios de poder y riqueza mal habida.

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