Las máximas autoridades de la Iglesia en el país se hicieron eco del “dolor e indignación” de los católicos frente a las agresiones de las que fueron objeto en los últimos tiempos distintas imágenes de la Virgen María “que van desde una pretendida justificación artística hasta el ataque directo”.

Así lo expresan en un texto difundido el pasado 21 de marzo por la oficina de prensa de la Conferencia Episcopal Argentina su presidente, monseñor Oscar Ojea; los vicepresidentes primero y segundo, cardenal Mario Poli y monseñor Marcelo Colombo, y el secretario general, monseñor Carlos Malfa.

“Valoramos el derecho a la libertad de expresión, pero no podemos dejar de manifestar nuestra tristeza y firme rechazo cuando estas acciones hieren la sensibilidad religiosa. No juzgamos la expresión de una opinión, pero hacemos una constatación objetiva: se han desfigurado imágenes que para los católicos son sagradas”, afirman sin describir los hechos a los que se refieren. Es de suponer que aluden a la “Virgen abortera” -la imagen de la Virgen con el rostro a medio cubrir por un pañuelo de los que se usan para identificar la campaña por la legalización del aborto en la exposición de un espacio cultural de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, el Centro Cultural Haroldo Conti-, y distintos hechos de vandalización de estatuas de quien para los católicos es la madre del hijo de Dios en varios puntos del país.

“Detrás de la iconografía religiosa está la fe de gran parte de nuestro pueblo, que en esas imágenes encuentra un punto de contacto con lo que cree y son objeto de su devoción. Como obispos, tenemos la misión de cuidar esa fe, por lo que no podemos callar ni dejar pasar esta situación”, agregan los obispos.

Describen también cómo conciben ellos la libertad de expresión y religiosa. Dicen: “La libertad de opinión y de expresión religiosa no puede transformarse en un instrumento para la ofensa. La pacífica convivencia en la diversidad sólo es posible en el mutuo respeto”. Y llaman a orar el lunes 25 de este mes -día en el que el Iglesia celebra en todo el mundo “el anuncio del ángel a la Virgen María de que concebiría y daría a luz un niño al que llamaría Jesús-, para pedir “que aprendamos a valorar nuestras creencias más profundas y respetarnos en las diferencias, para que retomemos el camino de la convivencia tolerante y pacífica”.

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