Victoria (Entre Ríos).- ¿Cuál es el sentido de inaugurar una playa en horas de la mañana de un domingo, cuando el músculo duerme y la ambición descansa? Veo las imágenes recortadas en el cuadro para no mostrar un contorno sin público, para que solamente se vea a los funcionarios hablándoles a sus pares y pienso, ¿Qué sentido tiene?

Llegamos tarde, porque antes criticábamos a un intendente si para Navidad todavía no tenía armado el circo de la inauguración, con bañeros, concesiones y demás. El resultado no era genial, más bien era el esperado, se tiraba un poco de arena, se buscaba dos o tres personas que supieran del oficio de guardavidas —porque los acreditados, los que estudiaron, eran costosos— así que nos arreglábamos con gente conocida, que no fuera problemática y quisiera pasar el resto del verano con bronceador en una mano y un salvavidas en la otra.

Eso sí, subía el nivel del riacho por inundación, o porque allá arriba se les ocurría abrir las compuertas de algunas represa, y olvídate. No quedaba ni el loro ni el Pájaro Negro. Así la piloteaban también los concesionarios, declarando una temporada perdida donde no se logró hacer la inversión esperada.

Esperada o no, la inversión no llegó nunca, por lo menos lo que se prometía en los pliegos de las concesiones que se aprobaron y en algunos casos siguen vigentes. A cambio se les dejaba hacer ‘fiestas’, quizás con la falsa idea de que ese recupero iría a parar a esa inyección de dinero puesta en arena, servicios, playa, etc. etc. Lo cierto es que ya van varias fiestas exitosas de Navidad y Fin de Año y la inversión brilla, por su ausencia.

Pero no nos caigamos de la cama paraguaya tan pronto, reconozcamos que la Playa Alta es una obra que solucionó muchos inconvenientes, hecha con dinero y maquinaria propia, sí señores… pero a la gente no le gusta. ¿Y quién es esa gente? Hasta ahora la mayoría de los bañistas que, entre algo elevado, sin sombra, con pocos servicios y un ingreso complicado para los niños, elige el viejo y querido balneario. Sí, ese lleno de imponderables, con barro en los primeros metros de agua, que queda marrón de tanto revolver en el fango tibio, pero donde la familia está a centímetros del agua, posa allí su silla o manta, lleva el mate, la cerveza, el perro y ¡Good show!

El año pasado no decíamos lo mismo, incluso agradecíamos que Victoria haya hecho ese refulado que a su vez protegía la Avenida Costanera de la erosión del agua. Pero hoy a los bañistas ese argumento se le seca rápido, tienen calor y van de cabeza a las dos playas que conservan una topografía como las de hace 50 años atrás o más.

Pero no hemos llegado hasta aquí solamente para hablar de esto, tal vez aquí lo que ocurra sea más complejo, y hasta difícil de explicar, porque parecería que la sociedad pide una cosa y nuestros representantes nos otorgan otra. A priori parece la solución a nuestros problemas, pero que no es más que una cuestión transitoria, de esas que cuando baje el agua se irán por la cañería, o se perderán en el olvido.

¿Es Playa Alta una buena inversión?, ¿Valió la pena? No lo sabemos, quizás todo ese despliegue nos ayude a entender que para mejorar una ciudad turística hay que trabajar cada día, todos los días, y en todos los frentes. Elegir a los adecuados también es una oportunidad de cambio, ¿Tenemos a las personas adecuadas trabajando para cambiar Victoria y hacerla turística? ¿Podemos ser una ciudad turística algún día, o solamente nos limitaremos al verano, al carnaval y poco más?

Otras ciudades ya nos están superando en casi todos estos puntos, trabajan desde hace años por lograr convertirse en un destino turístico, y no les fue fácil, pero ya nos aventajan y lo seguirán haciendo si no damos un giro en este timón donde parece que navegamos con tanta tranquilidad que difícilmente lleguemos a transitar mar abierto.

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