(Por Hugo Schira).- Las estadísticas de la Cámara Argentina del Libro indican que la categoría “astrología, esoterismo y autoayuda” representa alrededor del 3% del total de libros editados en Argentina, en los últimos cinco años. Y la Encuesta Nacional de Consumos Culturales del Sistema de Información Cultural de Argentina, de 2013, refleja que el 23% de los lectores consumen ese tipo de textos.

La incertidumbre y la sensación de fragilidad que generan los cambios en la sociedad contemporánea, están entre los principales factores del creciente interés por esos textos, según Vanina Papalini, investigadora del Centro de Investigaciones sobre Sociedad y Cultura (Conicet – Universidad Nacional de Córdoba).

Una clave importante para entender el fenómeno que se expande desde la década de 1980, la observa en los cambios vividos, desde la “retracción del Estado, en cuanto a la protección que ofrece, a esa inseguridad existencial que empieza a aparecer con las nuevas formas de contratación laboral”.

Se leen libros de autoayuda para ‘curar’ la incertidumbre. “En América Latina, esto tiene como telón de fondo la crisis, que es un estado permanente. Entonces, más demandado y en un contexto de mayor fragilidad, el sujeto la pasa peor. Tiene muchas más chances de sufrir. Y es ahí donde el libro se vuelve una herramienta para ayudar a resolver, o una muleta para andar un poco mejor, pero no necesariamente alcanza”, reseña Papalini.

Los libros de autoayuda fomentan la individualidad y ofrecen recetas o un conjunto de pasos repetibles y generalizables para alcanzar una solución a los problemas personales. La investigadora considera los libros de autoayuda como una “biblioterapia”, una terapia que utiliza a los libros como herramienta fundamental en el tratamiento de las dolencias y como guía para la vida.

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