En los últimos días la casa de Marisol Román en Miami, Estados Unidos, se convirtió en un set de grabación. No se lo esperaba, dice, ante el hecho de ser descubierta en la red social Instagram como la venezolana que sería becada por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) en ese país. Tiene 20 años de edad, pero, menciona que, desde muy joven decidió ser disidente de los cambios que no estaban escritos, alérgica a lo fácil, lo sencillo y lo que no quiere una disciplina. Es, sobre todo, compulsiva con los retos y reacia a aceptar un no como respuesta.

Quizás ya le era familiar. Los Román residieron hasta hace 10 años en Valencia, estado Carabobo, y eran los dueños de una empresa de automatización y Marisol siempre estuvo expuesta a las enseñanzas que se impregnaban en las paredes de aquel local. Relata que la curiosidad comenzó a temprana edad. Los libros sobre ingeniería se presentaban como una ventana a la posibilidad y ella buscaba textos en la vieja biblioteca de su casa. El interés conllevó a que en sexto grado, siendo su primer año en Estados Unidos, ya Marisol fuera estudiante de clases avanzadas en su escuela. Cuenta que en una conversación que sostuvo con su profesora de Matemática le presentó la idea de aplicar para ser aceptada en un programa especial en los que sus últimos dos años de bachillerato los terminaría en la Florida State University (FIU).

Sería la primera vez que Marisol conciliaba el éxito de un reto. La Academia para Académicos Avanzados (AAA) es un programa al que pueden optar estudiantes de las cinco escuelas públicas del condado de Miami Dade.

Los seleccionados a esta beca reciben clases de secundaria y cursos universitarios aprobados dentro de las instalaciones de la FIU. Sin embargo, para ser uno de los limitados seleccionados se debe cumplir con ciertos requisitos y notas resaltantes. Una de las especificaciones es haber aprobado la Prueba de Aptitud Académica Preliminar de Matemática, el (PSAT), por su traducción al inglés, con un puntuación más alta de 500.

Cada uno de los requisitos exigidos eran suficientes en su historial académico para optar por el programa. Y es que lo común, dice Román, es que a los estudiantes interesados en este programa les envíen un correo electrónico con una invitación a una charla de orientación al curso.

Ella se preocupó al no recibirlo. Agarró su celular y empezó a buscar el número de la encargada. La llamó, le dijo su nombre y preguntó por qué no lo había recibido. Que quería ir no solo a la orientación, sino que aspiraba ser aceptada. Quizás era la primera que recibía una llamada similar. Le dijeron la dirección y Marisol asistió a la charla junto a su padre. El discurso de iniciación todavía lo tiene memorizado en su cabeza, sabía que se había contagiado por aquella curiosidad de siempre ir más allá de lo que normalmente se ve. No se conformó y, añade, que fue su padre quien entregó sus documentos en las oficinas del programa. Ella estaba en clases y él le hizo el favor. Dentro de unas semanas se encontraría dentro de las aulas de la FIU. Aceptada con un carnet universitario, en una clase dentro de las aulas de esta casa de estudios teniendo solo 15 años de edad.

El verano en el que conocerá la sede de la NASA

A las telecomunicaciones, dice Román, las abordó con muchas dudas. Le interesan los estudios de la ingeniería eléctrica, atraída por el uso de las energías renovables, cercana a la nanotecnología y ve con cierto reojo a las relaciones públicas. Pero cuando mencionó de los sistemas de comunicación a distancia, en ese momento, era un área desconocida. Marisol cuenta que en su primer año de universidad declaró no estar decidida a qué carrera estudiar. Exploró la ingeniería y desentrañó la vena que afloraba sobre su apellido familiar. Empezó a cursar Física II. Le encantó. La decisión la llevó a desenfundar su apego por las menciones de potencia y la tecnología.

“Necesitaba ayuda con mi tesis y un amigo me recomendó que viera un profesor que me podía apoyar con algunas dudas sobre la rama de telecomunicaciones. Un día me preguntó cuántos años tenía y en ese momento tenía 19 años de edad. Se sorprendió al enterarse que me iba a graduar antes de cumplir 20. Me dijo que tenía el potencial para hacer un postgrado y me propuso trabajar en su laboratorio con la aplicación de una beca, entre ellas, estaba la de la NASA”, dijo.

Marisol aplicó para las becas de postgrado en diciembre del año pasado. Se enteró que había quedado seleccionada luego de un mensaje de su profesor el 30 de junio del 2020 por su propuesta de proyecto para tener una comunicación más efectiva entre el espacio y la Tierra. Actualmente, explica, se utilizan sistemas que usan dos bandas de frecuencias, es decir, desde las naves espaciales hasta la NASA solo se pueden comunicar o recibir información en diferentes frecuencias o tiempos. En cambio, el sistema que la venezolana buscará implementar es mejorar el sistema STAR (transmisión y recepción simultánea) para que pueda tener la capacidad de hacer las dos cosas al mismo tiempo.

“Las agencias del gobierno de Estados Unidos solamente le dan una pequeña parte del espectro de radiofrecuencia para todas sus comunicaciones. Entonces es un sistema congestionado y existe una gran posibilidad de que las señales se dañen, tengan errores y sean vulnerables a ataques. Por ello, actualmente estos sistemas tienen un aislamiento en general de hasta 80 decibeles y esto no es suficiente para las comunicaciones para la NASA y debería estar en un rango de 120 decibeles y con una banda ancha más extensa. Lo que estamos proponiendo son incluir más periodos de aislamiento con cuatro etapas, de las dos ya establecidas por la agencia especial. Esto implica que tienen que buscar una manera de hacer las antenas o los aparatos mucho más eficientes para que haya menos posibilidad de vulnerabilidad de ataques cibernéticos o interferencias”, explicó Román.

Marisol comenzó la primera etapa del proyecto la semana del 24 de septiembre. Dice que su interés estará enfocado en traducir la interferencia entre dos antenas para identificar los principales errores que ocurren en este sistema de comunicación. Luego, se evaluará cuál es la técnica y tipo de aislamiento que se aplicará para posteriormente realizar las pruebas del proyecto. Finalmente, se publicará un informe sobre los detalles del proyecto.

Ella estima que para verano del próximo año estará trabajando dentro de los laboratorios de la sede de la NASA, en Washington, para continuar con su investigación durante al menos 10 meses.

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