Por Silvina Marquez (Periodista -Especial Paralelo 32).- Amor, desamor, recuerdos gratos y otros no tanto, pérdidas, nuevas vidas y otros temas no escapan a la literatura, sea ficción o realidad. En este caso, la relación padres e hijos también es un tema en los libros. Oscar Conde, poeta, ensayista y profesor en la carrera de Letras de la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE) considera que “el tema del padre es mucho menos abordado que el de la madre”.

Conde hace alusión al comienzo de Pedro Páramo, de Juan Rulfo. “Es revelador del rol del padre en la literatura y en la vida: “Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre”. El padre es, de una u otra forma, el forjador de nuestro destino. Ya por ser modelo a seguir, ya porque de él se puede aprender todo (o casi todo) lo que uno no quiere ser.”

El profesor de la UNIPE recuerda los poemarios “Mi padre” de Arturo Carrera y “El río ebrio” de Lucas Soares, en los que la figura paterna es protagonista absoluta. El Martín Fierro se devela como padre en el canto 32 de “La Vuelta”, cuando canta los consejos a sus hijos y el poema “La lluvia”, de Borges, termina con el terceto: “Patio que ya no existe. La mojada / tarde me trae la voz, la voz deseada / de mi padre que vuelve y que no ha muerto”.

A su vez, en el poema “Genética” Horacio Salas describe a un padre inaccesible, mientras que en “Mi viejo” Julián Centeya se pregunta y se responde esperanzado: “¿Qué mundo habrá encontrado en su apoliyo, / si es que hay un mundo pa los que se piantan? / Quizás el cuore suyo se hizo grillo / y su mano cordial es una planta,” relata.

Entre algunas novedades de diferentes editoriales y títulos que fueron publicados hace algunos años donde trabajan la relación padre e hijos son: “Vivir se escribe en presente” (Editorial El Ateneo) de Alejandro G. Roemmers. El personaje, Fernando acaba de recibirse de periodista y tiene que conseguir una entrevista con el millonario Ron Davies quien le pide que encuentre a su hijo, Michael, de quien está distanciado hace años.

“¿Qué pasó con mi padre?” (Ediciones B) de Victoria Branca. La hija de Fernando reconstruye a través de expedientes y encuentros, la vida de su padre un empresario que estaba casado con Martha Rodríguez McCormack. Esta mujer, a su vez, habría mantenido una relación con el almirante Massera.

Otro libro que se contextualiza en los períodos oscuros de la Argentina es “Una misma noche” (Alfaguara) de Leopoldo Brizuela donde a partir de ser testigo de un asalto, Leonardo “Leo” Bazán recuerda y no puede disociar de una experiencia similar que vivió en 1976, donde también fue testigo junto a su padre. Y “Un comunista en calzoncillos” (Alfaguara) de Claudia Piñeiro, además de ser una novela sobre la infancia; pero también el retrato de una época; una clase y un país. La protagonista es un referente apuesto, se plantea algunos interrogantes como ¿qué se puede decir? Y ¿qué se debe callar?

En otra clasificación también se encuentra “Cuadernos de crianza” (Paidós) de Mauricio Koch, que hizo de su experiencia de ser padre un blog, primero y después este libro donde cuenta sus temores, dudas y victorias cotidianas de ser padre primerizo. La pareja, las opiniones de los otros, las primeras comidas, el sueño, las rutinas de un bebé que se va transformando en una niña, son los temas que recorren estos Cuadernos de crianza.

Para que nadie se quede sin leer, en la Biblioteca Popular de Crespo se pueden encontrar entre las obras no literarias “Ser padres es cosa de hombres” de Sergio Sinay y “La nueva paternidad” de Luciano Rabasedas. Mientras que las obras literarias que hay son “Ser feliz era esto”, de Eduardo Sacheri; “El (h)ijo la libertad” de Margarita Maine; “Los ojos del perro siberiano” de Antonia Santa Ana; “Antes y después” de Rosellen Brown, “Kis veraneantes” de Emma Straub y” Querido papá” de Danielle Steel.

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